VOTAR EN DEFENSA PROPIA

De la misma forma que en elecciones anteriores no fue “el campo” el que definió el respaldo al oficialismo, tampoco ahora fue el determinante de la buena perfomance de la oposición, que posibilitó una segunda vuelta para fines de noviembre.
Es lógico. Se estima que, tras la desaparición de varios miles en la última década, quedan poco más de 200.000 productores agropecuarios en todo el país, y aún considerando el conjunto de la familia, se estaría hablando de un millón o poco más de personas lo que, como número, no puede ser concluyente para nada en una elección nacional.
Sin embargo, es innegable, que “el interior” está económicamente parado desde hace meses, y que la decadencia se acentuó en los últimos 2-3 años, y en eso si tiene mucho que ver el campo, ya que la actividad económica en casi todas las localidades está relacionada directa, e indirectamente con la producción agropecuaria.
Ese fue el verdadero “peso” del campo a la hora de votar, efecto que se diluía cuando, “viento de cola” mediante, todavía había resto para gastar, los errores no se notaban, y el “relato” podía ocultar una realidad que hoy atropella a varias provincias que se vienen empobreciendo –como el conjunto del país-, desde hace casi un quinquenio, aunque en el caso del “campo” el lapso de deterioro es mayor aún.
Pero finalmente llegaron las elecciones y, en general, la sociedad respiró con alivio, abrumada como estaba por la campaña proselitista. El recreo, sin embargo, duró poco y ahora se deberán enfrentar 3 semanas más de campaña, probablemente más intensas todavía que las pasadas, hasta el balotaje que definirá quien va a ser el próximo presidente, y a partir de allí se podrá prever, aunque sea parcialmente, que tipo de políticas se van a imponer.
Para el campo, esto es clave, ya que se llevaban varias campañas de pérdidas económicas, y en este ciclo, meses de inmovilidad, todo supeditado a la política.
Pero resulta que la naturaleza no para, y este año de elecciones, y la falta de definiciones previas por parte de los candidatos, más allá de algunas generalidades, ya determinó que se perdiera la chance de tener una buena cosecha fina (de trigo, cebada, etc.), y también de los granos gruesos de 1º, como el maíz. Sin embargo, aún quedaría alguna chance para las siembras de 2º, siempre y cuando, las definiciones sean rápidas y acordes con las necesidades de la producción, algo que hasta ahora brilla por su ausencia.
Pero, no solo “el campo pierde”, también el país en su conjunto que tendrá mucho menos para exportar el año próximo e, incluso, la nueva Administración que deberá enfrentar la falta de reservas, la caída brutal de la balanza comercial, y una cantidad de deudas e “hipotecas”, que llevará años compensar.
En general, el campo siempre fue el sector que aportó en los momentos más difíciles. A mediados del ´89 adelantó divisas por exportaciones; en 2002, además de eso, se hicieron fondos de ayuda para los sectores más vulnerables, y hasta hubo aportes “extra” por casi U$S 1.000, vía retenciones que serían “transitorias”, mientras subsistiera la crisis económica, pero que no solo no desaparecieron, sino que crecieron en estos 13 (trece) años, hasta niveles de U$S 8-9.000 millones anuales, que otros sectores no aportan.
Tampoco hace falta recordar lo que significó en estos años “la mesa de los argentinos”, y sobre quienes estuvo apoyada…
Sin embargo, el agotamiento llegó. El sector ahora no tiene liquidez y en muchos casos, está endeudado, no solo los productores, sino también el resto de la cadena de proveedores y servicios. Es difícil pensar en más aportes del campo que soporta una presión impositiva extraordinaria y una caída de la rentabilidad que hacen inviables hasta los rubros más tradicionales. Más vale, esta vez, el agro va a necesitar ayuda para seguir.
Y, si bien es cierto que ahora, ni bien se aclare un poco el panorama saldrán exportaciones atrasadas y, también, algún carry over que estaba stockeado a la espera de mejores condiciones comerciales, la verdadera puesta en marcha de la economía se va a producir recién cuando se adopten las correcciones estructurales largamente demoradas, imprescindibles para todos los sectores productivos, no solo para el agro.
Sin embargo, el resultado de esta primera vuelta electoral dejó en claro un clamor del interior del país, que ya no soporta el parate económico impuesto por la inactividad agropecuaria. Y esa será una de las primeras presiones que recibirá la próxima Administración, sea cual fuere su color político, ya que los mandatarios provinciales buscarán descomprimir rápidamente la presión social en sus respectivas provincias, y esto está íntimamente ligado a los resultados del campo y sus empresas derivadas.
Desde los frigoríficos, hasta las usinas; desde los molinos a las semilleras; desde la cadena de la vid a la fruticultura, desde las estaciones de servicio, a los transportistas; desde los proveedores de insumos hasta los de servicios, la vida de casi todos los pueblos se apaga cuando el campo no funciona, y eso es lo que viene ocurriendo (y que justifica buena parte de los resultados del domingo, cuando muchos votaron “en defensa propia”), y que tendrán que tratar de evitar las autoridades que asuman el próximo 10 de diciembre, más allá de que el “agro” en si mismo, aporte muy pocos votos…

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