LA LLEGADA ES SÓLO EL COMIENZO

La democracia que se inventó en Grecia tuvo el propósito fundamental de permitir la vida en libertad por oposición a vivir bajo una dictadura. En su forma moderna es un sistema político formal donde se puede vivir en libertad porque el poder está dividido y porque existen los mecanismos de control para evitar excesos. También es una sistema donde debe imperar la ley. Aunque la democracia es una constante duda que las tiranías no tienen.
El acto electoral es sólo el principio para legitimar a quienes van a dirigir los intereses de todos y que impidan que los de unos pocos o los de las mayorías prevalezcan por encima de los de cada uno de los que integran una sociedad. Esta legitimidad de origen es imprescindible para habilitar a quienes van a administrar las contradicciones que tensan la convivencia y para mediar según las reglas entre las distintas tendencias que conducen a la discordia.
Hemos pasado recién la primera etapa de este acto y el resultado sorprendió a ganadores y a perdedores. A elegidos y a electores. No se trata en este momento de confrontar posturas irresponsablemente exitistas o irremediablemente pesimistas. Sí, se trata ahora de afrontar una actitud cauta y de no bajar los brazos.
Los integrantes del gobierno están atemorizados. Lo que se juega es su futuro en libertad, como consecuencia de la ceguera de la ley o la posibilidad de que en algún momento jueces y fiscales apunten su mirada para denunciar y juzgar los flagrantes atropellos que habilitó el “vamos por todo”. La falsa dicotomía entre público y privado enmascaró una guerra contra el patrimonio moral de la ciudadanía, mientras se vaciaban arcas públicas en beneficio de arcas privadas. El torreón donde se enarbolaba la bandera de “lo nacional” para defendernos del ataque extranjerizante, sólo ocultaba los túneles por donde se escapaban las cuantiosas ganancias de coimas, sobre precios en obra pública y beneficios de negocios ilegales.
Sólo estamos a mitad de camino. El acto electoral no ha sido totalmente consumado. Su miedo puede producir desastres y la disgregación de la tenue luz que algunos estamos esperanzados en vislumbrar y que todos tenemos obligación de resguardar. La pregunta de la convocatoria final a las urnas es si se quiere seguir viviendo en democracia y si sabemos qué es lo que esto significa.
Si consideramos que la democracia es riesgo, tenemos que saber que no sólo basta la legitimidad de origen sino después, durante el ejercicio de los mandatos, tiene que construirse la legitimidad de ejercicio. De otra manera la democracia estará incompleta. El camino que sigue no será fácil y al concluir el acto electoral sólo se habrá llegado al principio de una ruta minada por una cultura en descomposición y a la que hay que ayudar a reconstruir con valores y reglas que se cumplan y que llenen la democracia de contenido.
La tarea es de todos ya que sería muy perjudicial ampararnos en el pensamiento mágico que ante el primer problema, sólo conoce la demanda, sin esfuerzo ni sacrificio personal.
Es una tarea de respeto a un orden jerárquico ganado por mérito. Es tarea de los intelectuales, de los que enseñan y de los que van a aprender, de jefes y de subordinados: preservar un clima de libertad para empezar a ejercitar una conducta de no agresión.
Con-texto colabora a continuación con la publicación de artículos que fueron escritos inmediatamente antes de las elecciones y de otros escritos después.
Parece importante leer el análisis de ambos momentos, de distintas visiones y llegar a esta segunda etapa que sólo conduce al comienzo, con una mirada crítica que ayude a continuar un camino fuera de todo relato. Un camino duro de realidad

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