LAS NUEVAS PYMES

Estamos acorralados en un profundo dilema: si se frena el crecimiento se corre el riesgo de un desastre económico y social, y si se lo impulsa persistentemente se pone en riesgo el ecosistema del cual depende nuestra supervivencia.
Durante miles de años se supo que en un mundo finito no se puede crecer en forma infinita. Sin embargo esta verdad no parecía peligrosa; la población crecía, el consumo crecía, el uso indiscriminado de los recursos naturales no era preocupante, la contaminación no existía en la agenda de nadie y el crecimiento era bienvenido porque producía progresos en el bienestar y en la prolongación de la vida.
Al ser los recursos finitos el crecimiento permanente no es viable y esto obliga a definir como se utiliza el crecimiento posible compatible con la supervivencia hay que seleccionar en que se quiere crecer, para qué y para quién, cómo y dónde, obliga a definir cómo se hace una distribución equitativa del ingreso a favor de los más necesitados sin esperar que esto suceda por el solo efecto del mercado y cómo preservamos los recursos y evitamos contaminar el planeta.
Ante esta situación, la actividad productiva se organiza en dos formas diferentes: alrededor del mercado y alrededor de las necesidades básicas de la población que no son cubiertas por el mercado. En el primer caso se debe salir del uso de recursos naturales primarios y utilizar conocimientos para incorporar valor agregado acercando la producción al consumo y en el segundo caso se debe poner toda la capacidad para cubrir este vacío falto de ética y justicia.
Las empresas no podrán ser como fueron -deberán cambiar- y entre ellas las PYMES también deben cambiar, se trata del desafío para que éstas sean protagonistas activas de la transformación y que contribuyan a construir un país mejor, más equitativo y sustentable.
El cambio redefine la esencia de las PYMES y ya no son ubicables como un sector corporativo más que presiona y solicita medidas para obtener más beneficios de acuerdo con sus intereses.
Las PYMES que propiciamos e impulsamos deberán cambiar su lógica tradicional y fijarán como objetivo principal dar satisfacción a las necesidades de la comunidad, colectiva o individual, y obtendrán sus ganancias como la necesidad de subsistencia y reproducción.
Las PYMES deberán romper las rigideces de la producción por la producción misma. Bregamos por transformar su función creadora en motor de una evolución social que asegure la libertad del hombre no solo en normas constitucionales o jurídicas sino en el logro de una vida plena.
Las PYMES deben seguir la necesidad y no el mero hecho de generar productos que resultan con frecuencia ser falsos satisfactores de la población o por lo menos de una buena parte de ella. Deben pensar en lo humano. De eso se trata. Pensar medios productivos humanizados y una economía humanizada.
El desafío de las PYMES consiste en adaptarse al desafío de necesidades de la sociedad actual y ser capaces de dar respuesta al creciente desempleo, a la pobreza y a la concentración de la riqueza.
El Estado, para el éxito de un proyecto nacional que genere justicia social, independencia económica y soberanía política necesita PYMES aliadas que actúen con solidaridad, que protagonicen el desarrollo local, que atiendan las necesidades de todos, que creen PYMES sociales, y acerquen la producción al consumo, e integren las cadenas de valor.
Sin duda, en la transición el Estado debe jugar un rol fundamental: impulsar, apoyar, defender y propiciar la consolidación de las nuevas PYMES que tienen el rol del crecimiento y fortalecimiento del poder y la concentración económica.
Deberán proyectar sus saberes con solidaridad tecnológica a distintos sectores que no han desarrollado estas capacidades y contribuir así activamente a resolver las necesidades de la sociedad y del conjunto de las poblaciones que habitan en barrios, pueblos y comunidades.
En las nuevas PYMES no se debe considerar a los trabajadores un recurso como el capital o la maquinaria, sino que juntos a los empresarios contribuirán a una vida mejor del conjunto PYME participando tanto en la atención de la producción y los servicios como en el desarrollo de la vida personal y del desarrollo local. Cuestionamos el mito del modelo tradicional que hablan de los “fines de la empresa”; la empresa no tiene fines, son las personas que la integran quienes los tienen.
Pero para que esto sea efectivo y la sociedad cuente con esta contribución activa y protagónica -además de ser tradicionalmente las mayores generadores de empleo- es imprescindible el acuerdo con el Estado ya que la articulación y cooperación entre ambos podrá cubrir debilidades propias de las PYMES y del Estado. Y esto es necesario, conveniente y lógico porque todo este potencial contribuye a afianzar las necesidades reales del Estado democrático que necesita empresas nacionales que apoyen a las producciones y servicios sociales de un proyecto nacional y así asegurar la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.
Las empresas buscan maximizar sus ganancias y las mismas pasan a ser el objetivo principal de la actividad, muchas de las empresas que más ganan se agrandan, absorben a las chicas y en muchos casos se concentran pasando a ser fijadoras de precios y la ganancia tiene el destino particular de sus deseos. Esta situación característica de las grandes empresas también se extiende a numerosas empresas medianas y pequeñas donde la ganancia tiene prioridad respecto de las necesidades sociales. Por eso no todas las PYMES son lo mismo.
Muchas necesidades de la población no son negocios tentadores y en consecuencia no se produce lo que hace falta o tienen precios que las hacen inaccesibles para muchos necesitados.
Deseo invitar a mis amigos PYMES a romper la rigidez de la concepción de la producción por la producción misma. Brego por transformar esa función creadora en motor de una evolución social que asegure la libertad del hombre no sólo en normas constitucionales o jurídicas sino en el logro de una vida plena.
Invito -por sobre las diferencias ideológicas- a la participación a este sector productivo que ha sido capaz de formar y dirigir empresas dedicadas a la producción de bienes y servicios con elevado nivel técnico, para que vuelque su ímpetu creador en la tarea de vencer la pobreza y marginalidad, para que la globalización sirva a todos.
Tengo esta convicción: Si los empresarios y ejecutivos de empresas miramos hoy sin distracción a nuestro alrededor, seguramente estaremos de acuerdo en que algo nos está saliendo mal. La situación económica-social dista mucho de aquella con la que soñábamos en otra época. Y esto lo pienso tanto desde el rol de empresario como de ciudadano responsable. Hoy el mundo no es lo que en el pasado imaginábamos que iba a ser, ni el que deseáramos para nuestros hijos y nietos.
Vivimos en un sistema que permite con indiferencia que muchísimos chicos mueran por falta de la atención adecuada y muchísima gente vive menos años por la misma razón. Estamos inmersos en una realidad aterradora de la que dan cuenta estadísticas cada día más alarmantes; datos que reproducen a escala planetaria el fracaso de los ideales civilizatorios de la Modernidad. Tengo la impresión de que hemos estado demasiado tiempo negando este largo proceso de destrucción, sin asumir la conciencia de la gravedad de los hechos y, por lo tanto, sin capacidad de cambiarlos.
Frente a esta crisis, se comienza a vislumbrar el ingreso a una etapa de transición de la sociedad hacia un nuevo paradigma, esto es, hacia otro conjunto de creencias, otro modelo de pensamiento. Para su construcción hay instituciones llamadas a cumplir un rol protagónico: el empresariado, el sector político y la actividad educativa. El papel que ellas cumplan definirá el futuro de la humanidad por mucho tiempo.
¿Podemos admitir que la exclusión vaya aquedar cristalizada para siempre? ¿Se puede aceptar el desempleo permanente y crónico como el actual? ¿o es posible considerar un “nuevo contrato social” que instale el derecho a ganarse la vida con el trabajo propio como un derecho fundamental que haga posible la convivencia y la cohesión social?
Tengo el convencimiento de que la mayoría de los empresarios no elige en forma premeditada su participación en un sistema económico y social que exhibe un sentido contrario a la ética. Estoy seguro de que la mayoría no realiza en forma intencional actividades cuyo resultado sean la marginación de vastos sectores sociales, contaminación del medio ambiente, destrucción de los recursos naturales, aumento de la brecha entre ricos y pobres o la muerte por desnutrición de millones de niños en el mundo.
Aunque no siempre los vientos nos favorezcan, aunque atravesemos momentos duros y crisis de diversa envergadura, no hay duda de que los empresarios constituimos el sector social que más poder ha acumulado. Y no sólo en lo económico sino también bajo la forma de influencias respecto a otras áreas, como la social, cultural y política.
Esto que afirmo lo digo como empresario, como ciudadano, como profesional, como funcionario, como alguien que se formó para intentar mejorar la parte del mundo en que le tocó vivir, al igual que muchos de mis colegas. Creo que no sólo tenemos, sino que podemos hacer mucho más frente a esta realidad agobiante de pobreza, desempleo, marginación, violencia y contaminación ambiental.
Hacernos cargo del poder que tienen las empresas y del modo en que lo ejercen es el punto de partida de una reflexión profunda sobre el tema. Sólo así se podrá entender que la dimensión económica y la dimensión social constituyen dos vertientes indisolubles de cualquier organización empresaria, más allá de su tamaño y envergadura y de los dispositivos tecnológicos que ponga en juego.
La Modernidad ha planteado un contrato social que ha convertido a los hombres de negocios en un sector con capacidad de decidir y de influir reglas de juego específicas, tanto en las empresas como desde el Estado.
A partir de nuestra identidad como emprendedores – lo que implica habilidades y actitudes particulares – nos enfrentamos al desafío de ver si somos capaces de dar respuesta al creciente desempleo, a la pobreza, a la concentración de la riqueza.
Nuestra obligación moral es “responder con habilidad” (de ahí lo de responsabilidad) apuntando a lo social, sin exclusiones ni marginaciones, y sobre la base de criterios de universalidad.
El objetivo de esta presentación consiste en estimular el debate sobre cuál debe ser el comportamiento empresario y en particular el de las PYMES frente a la crisis actual; cuáles deben ser las acciones constructivas de las PYMES para la transición hacia un sistema sustentable político, económico, ambiental. Pero también un desafío para pensar cómo se construye la fuerza capaz de difundir este nuevo rol responsable e impulsar el cambio para lograrlo.
Mi experiencia con las PYMES
En 1973 siendo asesor del Ministro José Gelbard en el Gobierno del general Juan Domingo Perón, elaboré la ley de creación de COPYME (Corporación para las Pequeñas Y Medianas Empresas) primer organismo nacional de apoyo a las PYMES con presupuesto establecido en la propia ley con un porcentaje de los créditos bancarios. Me tocó en esa ocasión presidir el organismo y ponerlo en marcha. Así lo hicimos, y quienes formábamos parte del sector estábamos ilusionados y esperanzados, las PYMES eran un motor marchando y las instituciones públicas -articulando sus acciones- apuntalaban a la consolidación democrática política y económica (ley de protección industrial de las importaciones, promoción de exportaciones, compras del Estado, Cooperativas PYMES abastecidas en iguales condiciones por empresas públicas).
¡La participación del asalariado en el producto llegó a casi el 50%! Tiempo después llegó el primer decreto de José Alfredo Martínez de Hoz en el gobierno de facto y como era lógico este decreto disolvió la COPYME y anuló el sistema de financiamiento al INTI logrado en la misma gestión.
¡Buena demostración de que estábamos en muy buen camino!
Desde entonces se luchó por crear organismos de apoyo, finalmente fue creada la Subsecretaría PYME.
Los reclamos del sector siguen siendo los mismos de hace 40 años y las respuestas dispersas e inalcanzables hicieron que las PYMES no encontraran condiciones favorables para jugar un rol ligado al desarrollo más equitativo de la sociedad.
Llevamos 40 años reclamando las mismas cosas y las respuestas jamás fueron realistas y profundas. Si hoy esta situación sigue siendo similar en todo a la anterior. ¿No es hora de cambiar la mirada? Tanto los reclamos y pedidos de las PYMES, como la concepción de que ellas son fundamentales para el progreso y consolidación democrática del país son muy válidas para mí y para muchos argentinos, pero no lo son para el conjunto de la sociedad y no hay grandes diferencias respecto a cuando sectores de medianas PYMES, de grandes industrias o del agro reclaman y piden. También lo hacen mostrando lo positivo que ello es para el país. Más aún, no cabe duda que la demanda de los trabajadores, docentes, funcionarios públicos son igualmente justas.
Hace mucho que medito que todos los empresarios -incluyendo las PYMES- no pensamos de la misma forma, ni actuamos con los mismos valores y que es tiempo de cambios, es necesario el cambio.
Es hora de cambios. Si vivimos la transición entre una época que termina y una nueva era que intente superar la crisis muchas cosas deben cambiar. Las empresas no podrán ser como fueron y las PYMES tampoco. Se trata de ponernos a la vanguardia de la transformación y desarrollar PYMES que contribuyan a construir un mundo mejor.
Las PYMES solas no podremos lograr condiciones de equidad en nuestra puja con la concentración económica existente, sin embargo, así como en 1973 se pensó en la COPYME hoy creo que sólo lograremos igualdad y oportunidades en una alianza estratégica con el Estado.
Y esto es posible porque somos el sector productivo más confiable, para un gobierno democrático, con raíces más profundas en lo local. Sin embargo los sucesivos gobiernos democráticos de nuestro país y de toda América Latina no nos reconocieron como aliados necesarios (y menos imprescindibles) para tener éxito en el cumplimiento de sus proyectos de equidad y justicia social (¡que no lograron!). ¿Cómo lograr el cambio? Actuando por un camino innovador que redefina la esencia de las PYMES y las ubique no como otro sector corporativo que presiona y pide medidas para obtener más beneficios y que al obtenerlos los disponen en función a sus intereses.
¡Estamos reconociendo que hasta ahora no se demuestra que “todas las PYMES” cuidan y defienden el empleo, cuidan y defienden la salud, la educación y capacitación de sus trabajadores, en la misma forma en que cuidan y defienden sus posibilidades de crecer y ganar más!. Lo hacemos en forma puntual y esporádica, y a partir de este reconocimiento proponemos una nueva forma de compromiso y planteamos el acuerdo con el Estado para el cumplimiento de esta propuesta.
Buscamos superar la contradicción que encierra nuestro sistema en el que se debe ganar, ganar cada día más, invertir y expandirse ganarle, a la competencia y acumular. ¿Qué pasa con los otros, las PYMES perdedoras y todos aquellos emprendedores, microempresas, PYMES que no lo logran ganarle al otro? ¿que pasa con ellos y sus trabajadores, que hay de los que no tienen empresas?…
Estamos dispuestos a la “convivencia de dos lógicas productivas”: Una actual, ya conocida, la de competencia del mercado capitalista; la otra una “nueva/vieja” lógica basada en la cooperación complementación y la revalorización del tejido social productivo local. Pensando que puede existir un ámbito competitivo tradicional con sus correspondientes regulaciones y otro, el de las “MIPYMES” de y para la gente en el que nuevas regulaciones propongan otro horizonte de desarrollo.
¿De qué horizonte estamos hablando?
Sencillamente un campo de acción para la realización de actividades organizacionales en torno a modelos productivos tecnológicos capaces de centrarse en brindar buenos y adecuados productos- servicios sin necesidad de pensar exclusivamente en crecer, expandirse o acumular, sino realizar también reinversión para las personas que la integran, su entorno local y de proveedores y clientes.
Por ello pensamos en lo productivo humanamente sustentable para pensar en la calidad de vida de todas las personas que componen las PYMES. Pensamos que la PYME es el barrio, el pueblo, el municipio, la Argentina misma, desde cada provincia, municipio y barrio…
Como proyecto pensamos en procesos y creatividad. Coincidimos en que la “industria debe seguir a la necesidad” y no en el mero hecho de generar productos que resulten ser falsos satisfactores de la población o de una buena parte de ella.
Queremos día a día a centrarnos en lo humano. De eso se trata. Imaginar y considerar medios productivos humanizados y una economía humanizada. Este proceso requerirá aprender sobre nuevas formas organizativas que nos permitan generar aquellos servicios y productos satisfactores que mejoren en lo posible la vida en forma sana y plena.
Muchas alternativas pueden ser planteadas.
Preferimos que sean planteadas por ustedes, PYMES interesados en sentir este placer de compartir con nosotros esta nueva construcción.
Revalorizar las PYMES, pensando juntos estas posibilidades, es dar otro sentido y otro futuro al quehacer productivo de todos los que participan en un mundo cambiante caracterizado por asimetrías estructurales por todos conocidas.
¿Cómo podemos contribuir nosotros, las PYMES, con el país?
Con solidaridad tecnológica
Nuestra experiencia tradicional como PYMES consiste en la construcción de alternativas de producción y de servicios y hemos aprendido a organizar y gestionar nuestras empresas. Por lo tanto podemos proyectar nuestros saberes a distintos sectores que no hayan desarrollado estas capacidades y contribuir activamente a resolver las necesidades de nuestra sociedad, del conjunto de las poblaciones que habitan barrios, pueblos y comunidades.
Con desarrollo local
Por nuestra cercanía e identificación con el entorno local las PYMES tenemos conocimiento y capacidad para visualizar y cooperar para llevar adelante los proyectos de mejoramiento de la calidad de vida, impulsando el desarrollo económico y social local, proyectos de capacitación, de fortalecimiento de la educación y los conocimientos, de la salud, del bienestar, de la creación y sustento del trabajo.
Existe una dimensión local en las comunidades, en los barrios, donde es posible el acercamiento para la cooperación entre PYMES y de las PYMES con los organismos públicos y sociales.
Estas iniciativas ya las observamos aisladamente en forma puntual y esporádica en algunas PYMES. Queremos transformar estos esfuerzos solitarios para que se conviertan en políticas públicas permanentes en la que el Estado facilite la participación del potencial PYME para contribuir al desarrollo del tejido democrático y la instalación de la actividad económica al servicio de la población.
Cubriendo necesidades insatisfechas
Existen necesidades de la población que no son satisfechas por el mercado porque no son negocio, hay necesidades de servicios que no están establecidas en el mercado y por ende no tienen precio o el mismo es muy bajo no hay ni oferta ni demanda. Por ejemplo cada vez es mayor la necesidad de mejorar el abastecimiento de alimentos de calidad y económicos, vivienda, agua, servicios, atención en la educación para la salud, atención a las necesidades de las personas con discapacidad y de la tercera edad. Hay en los sectores más excluidos (millones de personas) necesidades que al empresario que se basa fundamentalmente en el lucro no le interesan como negocio.
Para dar respuesta a esas necesidades las PYMES tradicionales podemos contribuir cooperando, impulsando y apoyando la creación de miles de PYMES, quizá por emprendedores tradicionales o nuevas PYMES orientadas a dar solución con márgenes quizá modestos pero suficientes para la conservación y permanencia de las nuevas empresa.
Apoyando a las PYMES sociales
Frente a las dificultades de mantener o conseguir un empleo, se plantea la necesidad de ganarse la vida a vastos sectores marginados.
Hablamos de personas con discapacidades, chicos de la calle, jubilados; con recursos escasos todos ellos, pueden formar PYMES que proponemos llamar sociales y que darían sustento y cubrirían en forma más económica y eficiente las necesidades de estos sectores que las políticas sociales vigentes, generadoras de dependencia y discriminación.
Nosotros, las PYMES tradicionales, estamos dispuestos y con capacidades para colaborar con nuestra experiencia y apoyo a nuevos pares.
Esto somos las PYMES, no queremos considerar a los trabajadores como un recurso, como el capital o la maquinaria. Pretendemos juntos contribuir a una vida mejor participando todos en la atención de la producción y los servicios tanto como en el desarrollo de la vida personal y del desarrollo local.
Cuestionamos el mito del modelo tradicional que hablan de los “fines de la empresa”, la empresa no tiene fines, somos las personas que la integramos quienes los tenemos.
Para que las cuatro actividades señaladas sean efectivas y la sociedad cuente con esta contribución activa y protagónica -además de la tradicional como generadores de empleo- es imprescindible el acuerdo con el Estado, la articulación y cooperación entre ambos para cubrir debilidades propias de las PYMES y necesidades del Estado.
Esto beneficiará a todos. A las PYMES y al Estado democrático.

Instituto Nacional de Tecnología Industria

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