PERÓN, BRADEN Y EL LIBRO AZUL

Introducción

El objetivo de este trabajo es echar luz sobre uno de los períodos más singulares que vivió nuestro país: en momentos en que se definió la suerte de la Segunda Guerra Mundial y se dieron las bases de la Guerra Fría nació en la Argentina el Movimiento Nacional Justicialista, liderado por el entonces coronel Juan Domingo Perón.

Esa época está marcada por el agravamiento del conflicto que enfrentó a la República Argentina con los Estados Unidos. Dicho enfrentamiento tuvo su origen en la falta de sintonía que se puede predicar de las relaciones entre ambas naciones casi desde el comienzo mismo de su existencia. Uno de los momentos más álgidos de dichas relaciones puede ubicarse a fines del siglo XIX, cuando se gestó la Unión Panamericana y Roque Sáenz Peña y Manuel Quintana boicotearon la reunión en la ciudad de Washington. Otro momento en que las diferencias se profundizaron fue la negociación de la paz en la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay en la década del 30.

Este trabajo se concentra en el agudo enfrentamiento entre el embajador norteamericano Spruille Braden y Juan Perón y se circunscribe a unos pocos años de la década del cuarenta; un período muy corto, pero no menos decisivo, de nuestra historia política. Braden (cuya gestión como embajador en la Argentina, recordémoslo, se limitó a apenas cuatro meses) y Perón cruzaron espadas y ambos bandos mostraron diferencias internas notables. Distintos actores se confesaron opuestos a uno y otro y desplegaron sus acciones en un complejo marco que finalmente, como en un polígono de fuerzas, dio como resultado un claro enfrentamiento entre los Estados Unidos y la Argentina.

Mi interés en investigar el conflicto se vincula con la interpretación más difundida, a la que creo poder precisar en algunos aspectos que quizás conduzcan a nuevas interpretaciones.

La Argentina ante la posguerra

El enfrentamiento entre Perón y Braden, que comienza en mayo de 1945 (cuando Braden es designado Embajador en Buenos Aires) y concluye en junio de 1947 (cuando Braden cesa como Subsecretario de Asuntos Latinoamericanos) es sin lugar a dudas uno de los principales choques de personalidades que se han registrado en el hemisferio americano. Pero no olvidemos que este conflicto se inscribe en el marco de las ya mencionadas difíciles relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y la Argentina.

En esos años la Argentina era visualizada en los Estados Unidos como un país renuente a “cooperar”, como lo hacían otros países latinoamericanos (recordemos que Brasil incluso participó activamente con tropas en el conflicto bélico)[1]. Cuando Perón aparece en el escenario político argentino, después del golpe del 4 de junio de 1943, las relaciones diplomáticas entre ambas naciones ya estaban seriamente deterioradas especialmente por la posición mantenida en la histórica Conferencia de Río de Janeiro de enero de 1942.

Debe destacarse por un parte el profundo conocimiento de la escena local e internacional por parte de Perón, quien a lo largo de todos estos años actuó con gran realismo, calibrando como evolucionaba la correlación de fuerzas en la esfera internacional. Perón fue la figura dominante en este escenario. Fue siempre el actor principal, que enfocaba toda la escena y presentía los movimientos del resto de los personajes. Su estrategia causó en verdadero revuelo en Washington y motivó el reemplazo de algunos funcionarios de elevado nivel.

Braden impulsó activamente el conflicto con Perón, quien por su parte tuvo la inteligencia y astucia de capitalizarlo a su favor. Estados Unidos deseaba que la Argentina rompiera relaciones con los países del Eje: “En tanto el actual gobierno permanezca en funciones, si queremos que las relaciones diplomáticas con el Eje se rompan, tendremos que ejercer una presión en realidad extrema.[2]

La política propuesta también apuntaba a debilitar la posición de Argentina en la posguerra, ya que sugería: “El programa podría reforzarse con publicidad adecuada por parte de Gran Bretaña y los Estados Unidos sobre otros proveedores, sobre el interés en esas áreas y, sobre todo, en las posibilidades de concertar un plan para las necesidades de carne y alimentos en la posguerra. Argentina se encuentra demasiado confiada en que sus stocks de granos y su capacidad de producir carne le ganarán amigos y fortalecerán su posición en la posguerra. El temor a verse desplazada de un plan  semejante sería efectivo”.[3]

El documento recogía cierto recelo que existía por entonces con respecto a la posición del Reino Unido, el que privilegiaba la provisión de carne y materias primas argentinas. Estados Unidos se negó a reconocer el gobierno surgido del derrocamiento del general Pedro Pablo Ramírez, quien había roto relaciones con el eje germano-japonés-italiano, y fuera reemplazado por el general Edelmiro J. Farell.

En documentos de la Embajada se consigna que el pensamiento del coronel Perón hacía más profundo el conflicto existente:“ La Argentina no necesita en absoluto la ayuda de Norte América. Como habrán observado, producimos todo lo que necesitamos durante esta emergencia de la guerra, aún nuestro equipamiento militar, el cual después de la guerra continuaremos comprando en Europa. Estamos determinados, si es necesario en orden a mantener nuestro orgullo nacional y nuestra soberanía, a cerrar todos nuestros puertos y a cancelar toda compra de nuestros productos en el exterior, incluyendo nuestras carnes. No queremos nada que nos sea impuesto por amenazas o por la fuerza.” [4]

Sin embargo, dicho documento refleja el realismo de Perón, al dejar la puerta abierta a una solución futura: “A pesar de la delicada situación actual, creo que podemos llegar a un acuerdo con Norte América. Y dejando a salvo nuestra dignidad nacional, estaremos dispuestos a satisfacer a Estados Unidos en todas aquellas pequeñas cosas que se levantan como montañas entre nuestros dos países.” 

El tema de la opinión pública argentina no fue ignorado en este informe, ya que advierte con mucha prudencia: “Una cosa parece cierta y es que si nosotros tomamos una acción punitiva contra la Argentina o adoptamos limitaciones en las compras de productos argentinos, nos ganaríamos una antipatía mayor por parte el pueblo y haríamos mucho más dura la solución que ellos aceptarían. Por ello, a menos que no haya posibilidades ciertas de obtener resultados concretos, parece inadecuado suscitar mayores resentimientos. [5]

Ya veremos más adelante como esta sensata sugerencia fue totalmente desoída por Spruille Braden. Por algo el Embajador del Reino Unido, Sir David Kelly, en sus memorias nos habla del “adusto resentimiento de Washington con Argentina[6].

 

Aparece Braden

A principios de ese año era evidente que la posición internacional de la Argentina no era fácilmente sostenible en un mundo donde las potencias aliadas derrotaban en todos los frentes bélicos al eje germano-japonés. La verdad es que la neutralidad argentina no molestaba a Gran Bretaña, cuya mayor preocupación era entonces, como ya hemos dicho, el mantenimiento sin tropiezos de nuestras exportaciones de carne.

Pero para Estados Unidos la neutralidad argentina parecía intolerable, ya que introducía la única excepción en el continente americano alineado uniformemente contra el Eje. Cuando las tropas rusas se acercaban a Berlín y ya era segura la derrota de la alianza germano-japonesa, la Argentina le declara la guerra el 27 de marzo de 1945.

Hacia abril de 1945 le es ofrecida la Embajada en Buenos Aires a Spruille Braden. Este se mostró sorprendido, ya que según cuenta en sus memorias: “…ellos bien sabían que yo estaba lejos de ser un pacificador. Yo acepté la misión bajo tres condiciones: 1) estar realmente al comando de las relaciones diplomáticas; 2) presupuesto adecuado; y 3) seleccionar mi propio staff…[7].  Estas condiciones fueron aceptadas, lo que confirió a Braden una casi total libertad de acción. Empero, las instrucciones impartidas a Braden por el gobierno del Presidente Truman era bien claras: “Confío en que usted se negará a intervenir en los asuntos domésticos de una república hermana, pero deberá tener presente que las organizaciones totalitarias y los métodos de gobierno, que en la actualidad han sido declarados fuera de la ley en el sistema americano, amenazan la paz en el hemisferio, ya que ha sido sobradamente demostrado que los gobiernos totalitarios invariablemente conducen al militarismo, a las intrigas entre vecinos y, en última instancia, a la amenaza de conflictos bélicos.…….Confío en que usted planteará estas consideraciones a la atención del Gobierno Argentino.”

Antes de viajar a Buenos Aires, Braden expresó públicamente: “Yo no viajo a la Argentina para reestablecer relaciones amistosas, sino a establecer nuevas relaciones”, agregando: “Insistiré en que la Argentina retorne a los principios constitucionales.”[8]

Como se aprecia, Braden viene a Buenos Aires con todas las municiones listas y con contundentes instrucciones Rockefeller-Truman. Tenía entonces 51 años y se había desempeñado como Embajador en Cuba. De cualquier manera, la evaluación de la situación argentina no fue muy acertada, ya que la pronosticada “caída de Perón” estaba bien lejos. Como veremos más adelante, Braden cumplió en exceso el mandato conferido, ya que siempre presionó más de lo indicado por Washington.

Braden ya había interactuado con nuestro país en ocasión de las negociaciones por la paz entre Bolivia y Paraguay en la década del 30. Por esos días eran conocidas sus diferencias con Carlos Saavedra Lamas, ministro de Relaciones Exteriores del Presidente Agustín P. Justo, con el cual compartió durante casi 4 años las tareas del grupo internacional abocado a solucionar este enfrentamiento armado. Cabe destacar que Braden califica en sus memorias a Saavedra Lamas con calificativos muy negativos y agresivos.

Braden además de diplomático era un hombre con una amplia trayectoria en el mundo de los negocios, particularmente en la minería chilena. Según narra en sus memorias, también incursionó en el mundo de las finanzas, ya que intentó colocar una emisión de bonos argentinos en Estados Unidos, contando para esta operación con el asesoramiento legal de Leopoldo Melo, quien fuera luego Ministro del Interior del presidente Agustín P. Justo[9].

 

Entre 1935 y 1939 Braden se desempeñó como representante de los Estados Unidos en las reuniones diplomáticas convocadas para establecer la paz entre Paraguay y Bolivia, enfrentados en la guerra por el dominio del territorio del Chaco. Recordemos que el tema petrolero fue central en esta disputa territorial que afectaba pozos de la Standard Oil ubicados en la zona en litigio. Es interesante destacar que el mismo Braden expresa en sus memorias que había tenido directas vinculaciones empresarias con esta cuestión petrolera, ya que afirma: “En alguna medida el descubrimiento de yacimientos de petróleo en Bolivia había complicado la negociación. Pero la influencia del petróleo fue marcadamente exagerada por los comunistas y otros que presentaban la guerra como una pelea entre la Standard Oil de New Jersey (a quien yo había vendido sus activos en Bolivia) respaldando a Bolivia y la Shell respaldando a Paraguay.[10]Este tema petrolero sirvió para que existieran reclamos en Paraguay contra la participación de Braden en las negociaciones de paz con Bolivia, que son asumidos por él en sus memorias y atribuidos a la actividad de un agregado militar argentino[11].

Por todo esto no debe sorprendernos, entonces, que en varias circunstancias asociadas con su misión diplomática en Buenos Aires, Braden cuidara con excesivo celo intereses económicos de importantes empresas norteamericanas.

En síntesis, para Braden la Argentina era un país para manejar con sumo rigor: “Durante la guerra la Argentina fue consistentemente nazi… el presidente Ramón Castillo y su ministro de Relaciones Exteriores, Enrique Ruiz Guiñazú, fueron notoriamente pro-nazis…[12]. Braden estaba siempre dispuesto a prodigar el calificativo de “nazi” a mucha gente, pero cabe recordar que cuando se refiere a los funcionarios del Departamento de Estado el calificativo que más utiliza es el de “comunista”.

El primer encuentro formal y a solas Perón-Braden tiene lugar el 1° de junio de 1945 y dura una hora y cuarto. En su informe de ese mismo día al Departamento de Estado, Braden expresa acerca de esta entrevista que Perón “se mostró extremadamente encantador y cordial y argumentó destacando su completa franqueza y dedicación para desarrollar las relaciones más amistosas con nosotros.” Braden lesolicitó concretamente a Perón lo siguiente: “Los británicos y nosotros, y a lo mejor los franceses, queremos inmediato acceso a los archivos diplomáticos y consulares alemanes. Describí esta situación de manera completa y franca, declarando lo que otras Repúblicas Americanas habían hecho y expresando que esperábamos que Argentina siguiera el ejemplo de 14 repúblicas y no incurriera en demoras, como habían hecho 4 naciones (Perón se mostró sorprendido de que no hayamos recibido facilidades por parte del Ministerio del Exterior y prometió hablar con el Presidente al respecto y arreglar todo a nuestra satisfacción).[13]

El presidente Truman es informado de las gestiones iniciales de Braden en la Argentina por el Secretario de Estado el 1° de julio de 1945 (11). Se comunica al presidente que: “Desde su llegada a la Argentina, el Embajador Braden ha adoptado una posición fuerte con el Gobierno Argentino, señalando sus obligaciones bajo lo acordado en el Acta Final de la Conferencia Interamericana de la Ciudad de México. Específicamente, ha enfatizado tres puntos: a) Libertad de prensa; b) Liberación de presos políticos arbitrariamente detenidos; c) Medidas efectivas contra las principales empresas del Eje.” Agrega: “Perón luce desesperado mientras ve empeorar su posición y se da cuenta que la plena implementación de los compromisos asumidos en la Ciudad de México implican su caída… Nosotros deberíamos hacer una fuerte presentación al Gobierno Argentino, posiblemente con una declaración pública.”

En su carácter de embajador, Braden se entrevistó con Perón en cuatro ocasiones; tres de ellas durante el mes de junio (los días 1, 13 y 30) y una en julio (el día 5). Esta última entrevista fue la más ríspida y concluyó con un serio enfrentamiento personal entre ambos. En el documento del día 6 de julio (17) preparado en el Departamento de Estado para información de Rockefeller se consigna que Perón le habría dicho a Braden: “… a lo largo de toda la conversación Perón amenazó expresando: ustedes deben bailar con esta música o sufrir represalias…” De acuerdo con diversas fuentes, Braden abandonó apresuradamente la reunión. Años después, en una entrevista con Félix Luna, Perón recordaba: “(Braden) Era un individuo temperamental. Un búfalo. Yo lo hacía enojar, y cuando se enojaba atropellaba las paredes… ¡Que era lo que yo quería! Porque entonces perdía toda ponderación.[14]

A mediados de agosto de 1945 Braden fue notificado por el el secretario Byrnes que él y el Presidente Truman querían que regresara a Washington para hacerse cargo de la Subsecretaría de Estado a cargo de las relaciones con América Latina en reemplazo de Rockefeller, quien se alejaba de su cargo. Al narrar el proceso de su nominación, Braden escribe en sus memorias que “Rockefeller y Avra Warren se ocuparon de hacer lobby en su contra en el Congreso.” También enumera como opositores a su designación a “Trujillo, Perón, los comunistas y el Pentágono[15]. Como se aprecia , una nutrida lista de enemigos políticos.

Cuando se le ofreció a Braden el cargo antedicho, la principal objeción que él planteó fue su deseo de quedarse en Buenos Aires, “sentado en un sillón en la terraza de la residencia de la Embajada y esperando la inminente caída de Perón”, según cuenta Gary Frank, quien entrevistó a Braden años después.

Braden aceptó el nuevo cargo, pero pidió quedarse seis semanas más en Buenos Aires, estadía que aprovechó intensamente para fortalecer el accionar de los grupos políticos opositores a Perón. En uno de sus últimos discursos antes de dejar nuestro país, Braden insiste nuevamente en el tema del peligro nazi, afirmando: “no hay país en el mundo entero donde los nazis tengan una posición más fuerte que en la Argentina.”[16]

Antes de partir, Braden participó de una despedida multitudinaria. El almuerzo que tuvo lugar en el Hotel Plaza colmó las instalaciones disponibles: ingresaron 800 personas, pero muchas más quedaron afuera por falta de espacio.

En su edición del 29 de agosto, el New York Times comentó el discurso que Braden pronunció en la ocasión: “Entre escenas de enorme excitación y entusiasmo, Spruille Braden pronunció la denuncia mas acerba contra el actual gobierno argentino que haya sido oída de persona con cargo oficial dentro o fuera de la Argentina….Braden no mencionó directamente al gobierno argentino, pero sus referencias fueron tan claras y habló en tono tan sarcástico y despectivo, que nadie tuvo la menor duda de cuál era el verdadero objetivo de sus palabras….Braden ridiculizó al gobierno argentino. Su actitud asume una importancia especial en estos momentos, puesto que no es solamente embajador en la Argentina, sino virtualmente Secretario Asistente de Estado.[17]Al comentar este discurso de Braden en su despedida, Félix Luna escribe: “El Embajador norteamericano se desbordó en uno de los discursos más agresivos e insolentes que haya pronunciado jamás un diplomático en país alguno”.[18]

El Libro Azul

 

Cuando Braden regresa a Washington en septiembre de 1945 viaja con la firme decisión de hacer todo lo posible para evitar que Perón logre ser electo Presidente de la Nación. Braden relata en sus memorias que ni bien llegó a Washington para cumplir con sus nuevas funciones en el Departamento de Estado, se ocupó de documentar porqué no se podía firmar un Tratado de Asistencia Recíproca Mutua con la Argentina. Braden era conciente que el tiempo apremiaba porque faltaba muy poco tiempo para las elecciones presidenciales, por eso cuenta que: “Designé a Carl Spaeth a cargo de esta investigación, que trabajaría sobre los archivos del Tercer Reich de Hitler.”[19] Es así como nació el documento oficialmente titulado “Consultation Among the American Republics with respect to the Argentine situation”, o lo que más tarde sería el famoso Libro Azul.

John M. Cabot se había hecho cargo de la representación ante nuestro país. Ante los sucesos del 17 de octubre que marcan el encumbramiento de Perón, Cabot presenta al Departamento de Estado una evaluación de los hechos sobre la base de las informaciones periodísticas. Las publicaciones seleccionadas por la Embajada curiosamente son unánimes en “repudiar las manifestaciones peronistas del día 17 de octubre[20]; además se adjuntan los comunicados expedidos por el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, la Unión Obrera local y el Partido Comunista. Es notable observar que Cabot no alcanza a visualizar ninguna articulación de otras fuerzas que no sean las adversarias a Perón, omitiendo cualquier evaluación del nacimiento de nuevas organizaciones políticas y sindicales que apoyaban al Coronel Perón.

En el comunicado de la Unión Cívica Radical cuyo texto completo Cabot envía a Washington como adjunto de su nota se minimiza la importancia de la gran movilización popular del día 17, llegando a sostenerse que “existen informaciones fehacientes de que muchos de los manifestantes recibieron dinero por concurrir.”

El Libro Azul fue el último recurso que Braden utilizó para anular a Perón, pensando que sería posible desacreditarlo y hacerle perder las elecciones. Por eso –como ya se dijo- había nombrado con toda urgencia a Spaeth, incluso antes de ser confirmado por el Senado como Subsecretario en octubre de 1945. En esta investigación buscó todo lo que pudo juntar contra Perón; contó para ello con la aprobación del Secretario Byrnes, quien le dio el apoyo del Departamento de Estado para acceder a los archivos del Tercer Reich. La introducción del Libro Azul es una explosiva denuncia: “Miembros del gobierno militar colaboraron con agentes enemigos en tareas de espionaje, dañando el esfuerzo bélico de las Naciones Aliadas. Líderes, grupos y organizaciones nazis se combinaron con grupos argentinos totalitarios para crear un estado nazi-fascista.” En el Libro Azul, Perón es indicado como “líder principal de esta conspiración”. Era evidente que se trataba de convertir a Perón en el principal objetivo de este documento preparado directamente por Braden.

Pocos días antes de las elecciones presidenciales que tuvieron lugar el 24 de febrero de 1946, se publicó por parte del gobierno de los Estados Unidos el Libro Azul. Esta iniciativa fue ejecutada reservadamente en Washington sin ninguna participación de la Embajada en Buenos Aires, la cual recibe las primeras noticias de este libro recién el día 8 de febrero, cuando el Secretario de Estado Byrnes envía un cable “secreto únicamente para Cabot”. En esta comunicación se le dice exclusivamente a Cabot que: “Al mediodía del lunes se despacharán copias (del Libro Azul) a nuestras misiones diplomáticas en otras repúblicas americanas. Los jefes de misión de otros países americanos que se encuentren en Washington se reunirán el lunes por la tarde con el Subsecretario Braden (por razones de seguridad las invitaciones no se harán sino hasta el lunes por la mañana) y se les hará entrega de copias del documento. Se entregarán copias a la prensa 48 horas antes de su publicación.” [21]

Washington le pide a Cabot que envíe: “… cualquier comentario que tenga respecto a este procedimiento y sus puntos de vista sobre medidas precautorias que se deban adoptar para proteger a los ciudadanos estadounidenses y a la Embajada en caso que la publicación cause reacciones violentas en Buenos Aires.” Es interesante señalar que se requiere opinión de la Embajada en Buenos Aires únicamente sobre el procedimiento, pero no sobre el contenido y oportunidad del “Libro Azul”, que aún era desconocido por Cabot.

Este responde el cable de Byrnes el mismo día 8 de febrero, apuntando que “Perón ha sufrido recientemente una serie de desastres y la mayoría de los observadores precisa que no puede triunfar en las próximas elecciones”. Además, con gran preocupación previene que: “Los resultados de arrojar esta bomba atómica directamente sobre el gobierno argentino en esta atmósfera recargada pueden ser incalculables. La opinión universal será que nosotros estamos tratando de influenciar los resultados electorales. El ataque será recibido con acritud por algunos argentinos y será aplaudido por otros; no puedo determinar el tamaño de estos grupos.” [22]

El cable de Cabot concluye expresando: “No veo que acá podamos hacer mucho, más allá de anunciar a los americanos importantes de lo que ocurrirá el miércoles, dado que no podemos enviar barcos o aviones aquí sin provocar denuncias por intervención.” Esta mención al eventual envío de “barcos o aviones” puede ahora parecer insólita, pero no lo era a la luz de lo que algunos pensaban en esos días iniciales de la posguerra.

Tan preocupado estaba Cabot con esta publicación que a la mañana siguiente, es decir el 9 de febrero, envía otro cable a Washington (69), basado en su convencimiento que Perón sería derrotado electoralmente pocos días después. El Encargado de Negocios insiste en su posición crítica con respecto al Libro Azul, expresando: “1.  Antes que convencer al pueblo argentino de lo que ha estado haciendo su gobierno, el problema ahora, siempre que estemos de acuerdo en que las fuerzas democráticas ganarán en elecciones limpias, es lo que haremos después de tales elecciones…. Exigiendo que las autoridades argentinas cumplan en otorgar elecciones limpias, pienso que la amenaza permanente de arrojar la bomba será más efectiva que arrojarla efectivamente.2. La posesión de la bomba es un arma inmensamente poderosa. Deberíamos ser muy cuidadosos en cuanto al timing y en cuanto a orientar la bomba; debemos estar convencidos además que es algo necesario. De alguna manera, temo que los procedimientos propuestos por el Departamento no cubren estos puntos; aunque no sepa qué es lo que hay en la bomba.”[23]

Cabot estaba en una posición muy difícil, tenía que evaluar solo y sin ningún asesoramiento una iniciativa tan importante como la publicación de un documento oficial criticando duramente al gobierno ante el cual representaba a su país. Por este motivo no debe extrañar que su cable concluya solicitando autorización para realizar consultas: “En tanto es muy difícil calcular los efectos, apreciaré enormemente el permiso para discutir esto con una o dos personas.”

Simultáneamente, Cabot comunica a Washington el mismo día 9 que el candidato a Vicepresidente de la Nación por la Unión Democrática está de acuerdo con la publicación del Libro Azul, según la información que había recibido.

El Departamento de Estado, es decir Braden, avanzó con su iniciativa de publicar inmediatamente el Libro Azul a pesar de la opinión negativa de Cabot. El día 10 de febrero el Secretario Byrnes envía una circular a todas las Embajadas en países latinoamericanos (con excepción de la Argentina y Haití) para una reunión en el Blair House de Washington D.C. durante la cual se les entregaría el Libro Azul (un documento de 131 páginas). Además, el mismo día 11 de febrero se enviarían ejemplares del Libro Azul a todas las Embajadas de los Estados Unidos en América Latina para que sean inmediatamente entregados a los respectivos cancilleres[24].

Es obvio que el Libro Azul era un ataque directo a Perón. Semanas antes de su publicación, y cuando avanzaba el proceso electoral, Perón sintió la necesidad de enviar un mensaje positivo hacia los Estados Unidos. Es así como el New York Times publica el 31 de enero la entrevista que el candidato presidencial le otorgó a su corresponsal en Buenos Aires. En esta entrevista, Perón sostuvo que el movimiento político que él encabezaba pretendía seguir los lineamientos del New Deal, impulsado por el Presidente Roosevelt en la década del treinta, ya que “su política estaba más cerca del New Deal que del nazismo”. Esta declaración puede ser interpretada como un intento de fortalecer la posición de quienes en el Departamento de Estado no estaban totalmente de acuerdo con la línea dura bradenista.

La respuesta de Perón al Libro Azul

La divulgación pública del Libro Azul fue una preocupación del Departamento de Estado que trató de evitar cualquier filtración informativa, por ese motivo Byrnes dispuso que se entregara a la prensa para su difusión recién el día 12 de febrero a las 5 de la tarde. Pero para sorpresa de la Embajada en Buenos Aires, el vespertino Crítica anticipó en su quinta edición del mismo día 12 el contenido del Libro Azul. El conocido periodista Damonte Taborda era entonces el Director de Crítica.

Cabot se abocó inmediatamente a evaluar el impacto inicial sobre la opinión pública y sobre las próximas elecciones del Libro Azul. Es así como recibe un informe del día 13 de febrero (76) acerca de la reacción de la opinión pública: “Escuchando la conversación de tres grupos de hombres mientras tomaba sol en la terraza del Jockey Club, y por conversaciones con el Dr. Eduardo Aleman, obtuve la misma impresión que la que proporciona hoy el editorial de El Mundo: sorpresa y vergüenza.” Este informante de la Embajada, después de tomar sol y escuchar lo que se hablaba, concluye afirmando: “El discurso de Perón fue claramente el discurso de un candidato derrotado y no de un candidato que cree que será presidente o que considera que tiene una buena chance de serlo.” Como se aprecia, la opinión negativa acerca de Perón era unánime… en la terraza del Jockey Club, donde se tomaba sol en el caluroso mes de febrero de 1946. [25]

En su discurso durante la proclamación como candidato presidencial, Perón expresaba: “Reitero en cambio con toda energía, que esa representación diplomática, o más exactamente el Sr. Braden, se hallan complicados en el contubernio, y más aún, denuncio al pueblo de mi Patria que el Sr. Braden es el inspirador, creador, organizador y jefe verdadero de la Unión Democrática…. El Sr. Braden en su afán de asegurarse la constitución de un gobierno propio en la Argentina pactó aquí con todo y con todos, concedió su amistad a conservadores, radicales y socialistas, a comunistas, demócratas y progresistas y pro-nazis, y junto a todos ellos extendió su mano a los detritus que la Revolución fue arrojando de su seno en sus hondos procesos depuradores. El ex Embajador sólo exigía para brindar su poderosa amistad una bien probada declaración de odio hacia mi humilde persona.”

Este discurso termina con la invocación a la famosa proclama de Roque Sáenz Peña: “Sepa el pueblo votar”. Es redundante anotar que la forma en que su Embajada informaba a Washington indicaba sin lugar a dudas donde tenía puestas sus fichas en estas elecciones, en las que según el mensaje de Perón, la opción era Braden o Perón. Tan simple como este slogan movilizador fue la respuesta al Libro Azul.

Destaquemos que la respuesta de Perón al Libro Azul fue sumamente eficaz en términos electorales. No se involucró en discusiones de detalles sobre el contenido cierto o falso del documento del Departamento de Estado. Hizo lo que su intuición política le aconsejaba y era utilizar en su favor esta clara intromisión de Braden en el agitado proceso electoral argentino, sin gastar pólvora en los chimangos de los farragosos ítems del documento. Planteó directamente la disyuntiva que serviría para movilizar las energías y el entusiasmo del electorado: Braden o Perón.

Es así como en su discurso de proclamación de la fórmula presidencial, Perón concluye su arenga expresando: “Sepan quienes votan el 24 por la fórmula del contubernio oligárquico-comunista, que en este acto entregan el voto al señor Braden. La disyuntiva de esta hora trascendental es ésta: ¡Braden o Peron!” Días después un diario brasileño consignaba estas entusiastas declaraciones de Perón: “Le agradezco a Braden los votos que me ha cedido”.[26]

La edición del Libro Azul fue un evento de fuerte agresividad diplomática con un claro propósito político: debilitar a Perón. Pero la bomba que preparó con tanto ahinco Braden le explotó en sus manos cuando Perón le cantó el “quiero retruco” con su histórica invocación “Braden o Perón”. Como dice Gary Frank: “La historia del libro Azul es un drama humano, el éxito espectacular de un hombre y el amargo fracaso del otro.”[27]

Cabot comunicó a Washington el impacto periodístico del Libro Azul, expresando: “Los periódicos de Buenos Aires del día 13 de febrero han dedicado más espacio al Libro Azul del Departamento que a cualquier otra noticia desde la terminación de la guerra; y han dado más despliegue al documento que a cualquier otro evento en los últimos dos o tres años.”[28]El día 14 de febrero se amplía la información, comunicando acerca de esta publicación: “La publicación agradó a la mayor parte de los argentinos demócratas, pero una sensación de humillación empañó el entusiasmo. Un creciente repudio del peronismo parece ser el efecto del Libro Azul sobre ellos.” Este cable concluye expresando: “Del mismo modo, como Perón es bastante capaz de alguna fabricación infame en el último minuto para captar al electorado, apreciaría se me autorice a actuar independientemente en el último momento antes de las elecciones.”

Como se aprecia, la Embajada no perdía oportunidad para descalificar el proceso electoral. Cabot recibe novedades de un colaborador que le cuenta que: “Tres argentinos leales, amigos honestos, han llevado a cabo un esfuerzo especial ayer por la noche para sondear opiniones para mí. Ellos buscaron entrevistas separadamente, pero arribaron a las mismas conclusiones que siguen: ninguno ha leído el Libro Azul, ni siquiera la parte publicada ayer. Pocos dudaron de los hechos, pero no creo que cambie los votos.”[29]

También Cabot informa al Departamento de Estado, al comentar el discurso de Perón en el acto de proclamación de su candidatura que: “Uno de  los cargos más fantásticos contenidos en esta sección, que el Sr. Braden organizó la marcha de la Constitución y la Libertad, ha sido negado públicamente por el Dr. Manuel V. Ordóñez en nombre de la Junta de Coordinación Democrática. El Dr. Ordóñez “protestó indignado ante la ofensa al pueblo argentino” contenida en la declaración.” [30]

Un cable especial se dedica a la reacción de los militares frente al Libro Azul (89). Cabot informa el día 16 de febrero que: “Mientras la reacción ante el Libro Azul entre las fuerzas armadas fue mixta, la reacción general ha sido desfavorable. Las críticas en la Armada han sido limitadas, la mayoría de los oficiales aparentan estar de acuerdo con la publicación. Yo recibí un mensaje de un Almirante, sin embargo, que dice que la publicación perjudicó a los anti-peronistas y que pide enfáticamente que no se publique nada más antes de las elecciones…. Mucha gente siente (por ejemplo Laurencena) que la reacción desfavorable del Ejército tendrá consecuencias desastrosas para las chances democráticas en las elecciones.”[31]

Al día siguiente, es decir el 17 de febrero, Cabot comunicó a Washington la reacción del gobierno argentino ante el Libro Azul. El comunicado argentino expresa: “El Gobierno de la Nación, no conoce aún el texto oficial del Libro Azul que ha difundido el gobierno de los Estados Unidos de América, en su oportunidad será objeto de los reparos y rectificaciones que correspondan…Que considera insólita por su índole y contraria a las prácticas del derecho internacional por el procedimiento, la publicación del Departamento de Estado de la República del Norte… Que el Libro Azul significa, más que el análisis de un caso internacional, la ingerencia en asuntos internos de nuestro país, violatoria de la soberanía de un estado que respeta y propugna la igualdad jurídica de las naciones… Que la oportunidad de la publicación ha generado, en gran parte de la opinión pública, la preocupación de que su finalidad tiende a influir sobre decisiones que corresponden exclusivamente a la voluntad del pueblo argentino, convocado a elecciones para el 24 de febrero. “[32]

El discurso de Perón en su proclamación no pasó desapercibido en Washington, que quiso dejar en claro quien era el último responsable del Libro Azul. Por eso el Secretario Byrnes expresa: “El Libro Azul no fue publicado por el Sr. Braden, sino por el Gobierno de los Estados Unidos, y ello significa que se ha hecho con pleno conocimiento y aprobación del Secretario de Estado y el Presidente de los Estados Unidos, a quien se lo he enviado.”[33]

El día 19 de febrero Cabot es informado acerca de diversas reacciones individuales ante el Libro Azul: “En el cocktail de anoche recibí dos interesantes, y juzgo significativas, reacciones ante el Libro Azul. La primera fue de Mujica Lainez, de La Nación. En su opinión, la publicación del Libro Azul fue muy inoportuna, y además está muy mal escrito (me dijo que no estaba “bien cocinado”, si yo entendía lo que él quería decir) y es muy largo. Dijo que la gente no le leería por su extensión, pero en cambio sí estaba leyendo la “contraparte” o las refutaciones, que aparecían bajo la forma de solicitadas y réplicas. (….) Dijo que los votantes de clase media baja y clase baja estaban más impresionados por los gritos de Perón sobre el imperialismo y la intervención yanqui que por las acusaciones de simpatías nazis contra él.”[34]

La réplica al Libro Azul fue el Libro Azul y Blanco, que fue publicado por Perón el día 22 de febrero a la noche, es decir pocas horas antes de las elecciones del día 24. Cabot informa al día siguiente, expresando: “El Libro Azul y Blanco publicado anoche es de muy poco valor. Perón, en un diagrama que acompaña al libro, trata de mostrar como Braden manejó todo el país, incluyendo los partidos políticos, todas las organizaciones comerciales, industriales y agrícolas, las radios, las agencias telegráficas, las organizaciones de caridad, la lista negra, los periódicos más serios, las universidades, etc. con la ayuda de Chibas y Durán, todo ello para apoyar a la Unión Democrática.”[35]

El juicio de Cabot sobre el Libro Azul y Blanco es terminante: “Dudo que alguien pueda ser convencido por el Libro Azul y Blanco; el texto resulta estúpido, largo y contradictorio.” Sin embargo, Cabot reconoce un flanco débil en el tema espionaje pagado realizado por la Embajada, ya que informa que: “El apéndice más interesante es el titulado “Espiando en la Argentina” y ha sido preparado por la Sección de Coordinación Federal de la Policía. En esta sección se reproducen numerosos informes de la policía respecto a actividades de espionaje atribuidas a la Embajada. La mayor parte de ellos se refiere a informantes de contraespionaje de la Policía. Lo que más daño causa es la mención verídica referida a los pagos realizados por sacar información de la Policía.” El informe concluye informando que: “Perón, de acuerdo con el informe, tendría un millón y medio de copias impresas para ser vendidas a un peso. Dudo que sea leído por una cantidad considerable de gente.”

Cabot volvió a informar al Departamento de Estado sobre el Libro Azul y Blanco, expresando que: “Las primeras treinta y seis páginas se esfuerzan en responder los cargos formulados en el Libro Azul; el tratamiento es superficial y vago como para merecer comentario. Las páginas 37 a 63 contienen resúmenes de casos  de espionaje atribuidos a la Embajada, referidas en su mayoría al Agregado Militar, el Brigadier General John W. Lang. La Embajada nada sabía respecto de estos documentos, por lo tanto no puede expresar opinión alguna todavía; transmitirá una copia del informe del Agregado Militar tan pronto disponga del mismo.”[36]Es interesante observar como la Embajada estaba marginada de estas importantes actividades de inteligencia militar. Cabot también opina sobre la marcha de la venta del Libro Azul y Blanco, expresando que: “Aunque varios periódicos pro-Perón han anunciado repetidamente el precio de venta del folleto en un peso, los diarieros pedían dos pesos y medio durante los primeros días después de su aparición; más tarde, se han dado por contentos recibiendo apenas treinta centavos.”

Para Cabot, proseguir con la política de enfrentamiento a Perón era inconveniente: “Perón se encuentra ahora en una posición más fuerte que nunca para intrigar contra nosotros. La Embajada y el Departamento deben estar listos para seguir siendo víctimas de infames campañas de prensa sin posibilidad de réplica alguna. (…) De cualquier manera: no podemos recurrir a sanciones económicas contra la Argentina en el futuro inmediato. Por el contrario, la actual política torna más difícil mantener nuestra negativa original a proveer neumáticos, caucho y combustible a la Argentina. Esto contribuiría al hambre en Europa y crearía un malestar dañino para nuestros intereses. Por todo lo dicho: las naciones vecinas necesitan de los alimentos argentinos.”

Pero Braden se mostró inconmovible en su firme posición negativa frente a la Argentina y nada le importaba que Perón hubiera sido electo Presidente en elecciones limpias. El escrutinio electoral concluyó recién a principios del mes de abril: la fórmula presidencial laborista, Perón-Quijano, había superado a la fórmula Tamborín-Mosca, sostenida por la Unión Democrática, adjudicándose más de la mitad de los votos. Con esta mayoría, el nuevo oficialismo controlaba 13 de las 14 provincias (únicamente Corrientes quedaba fuera de este control). Además, el oficialismo tenía mayoría propia de 2/3 en la Cámara de Diputados y controlaba casi todo el Senado.

Recién se registraron declaraciones públicas del gobierno de los Estados Unidos hacia fines de marzo, cuando Braden es interrogado por periodistas y únicamente expresa que Estados Unidos designaría un nuevo embajador en la Argentina. El día 1° de abril, el Departamento de Estado expresa que espera que con la instalación de una nueva administración Argentina cumpla con los compromisos asumidos en la esfera interamericana.

Es obvio que el triunfo electoral de Perón fue un golpe para Braden, quien primero había bregado por su expulsión del poder y luego había hecho todo lo posible para que sea derrotado electoralmente; el fracaso de Braden fue doble. La victoria de Perón fue el inicio del fin de la carrera diplomática de Braden. Después de las elecciones de febrero de 1946 los Estados Unidos no tuvieron alternativa a la simple aceptación del resultado que expresaba la voluntad popular, lo cual implicaba modificar una política que ya había colapsado.

El nuevo presidente

La Embajada informó acerca de las posiciones y propósitos de Perón recién el día 3 de abril de 1946. Cabot comunica: “La Embajada ha recibido un llamado de un prominente hombre de negocios argentino, conocido por nosotros, con quien Perón ha cenado dos veces la semana pasada. El hombre de negocios mencionó en tres oportunidades que Perón no lo había enviado y que Perón ignoraba que se reuniría conmigo, pero creo que Perón estaba tanteando el terreno. Después de relatar como Perón había cumplido sus compromisos con él, el hombre de negocios enfatizó  el deseo de Perón de mantener relaciones más cordiales con los Estados Unidos. Citó a Perón diciendo que él debió responder con todo cuando se sintió atacado, pero que no guardaba rencor hacia los Estados Unidos y que sentía que mejores relaciones eran deseables. “ Cabot concluye anotando que: “Considerando que este hombre de negocios es amistoso y confiable, su jugada involucra una nueva oportunidad para un contacto indirecto con Perón.”[37]

En dos comunicaciones posteriores del día 11 de abril, Cabot informa a Washington que el Encargado de Negocios del Reino Unido se había reunido con Perón y que el principal tema habían sido los grandes balances a favor de la Argentina de libras bloqueadas, originados por exportaciones argentinas. Según el informe, “Perón fue muy crítico del bloqueo de tres años contra la Argentina y requirió suministros de maquinaria agrícola, ya que esperaban buenas cosechas en el futuro[38]. El funcionario británico le dijo a Perón que los Estados Unidos era el gran fabricante de equipos agrícolas y éste le respondió que deseaba tener mejores relaciones con este país.

Cabot continuó informando que: “Hombres de negocios americanos, muy importantes, han visto a Perón dos veces recientemente. En la primera reunión, Perón preguntó cuál sería la conducta de los Estados Unidos. Su interlocutor dijo que juzgaba que nuestra política se iría haciendo cada vez menos dura. Perón preguntó que se suponía que debía hacer; le sugirieron que se quedara tranquilo y que hiciera discursos lo más conciliatorios que fuera posible. El hombre de negocios mencionó que el discurso reciente de Perón sigue casi palabra por palabra sus sugerencias. Perón preguntó cuál era su imagen en los Estados Unidos. Le dijo que allí era considerado un muchacho malo y fascista.” La comunicación de Cabot menciona también que: “En la segunda reunión, Perón se mostró satisfecho con los acontecimientos recientes en las relaciones entre la Argentina y los Estados Unidos. Insistió que no guardaba rencores contra los Estados Unidos y que estaba decidido a hacer que las relaciones se tornaran lo más amistosas que fuera posible.”

Cuando tuvo lugar este encuentro del “hombre de negocios” con Perón, ya se conocía que George Messersmith sería el nuevo Embajador en Buenos Aires, por eso: “Perón preguntó en particular por el Embajador Messersmith. El hombre de negocios –que conoce a Messersmith- lo describió muy favorablemente y Perón dijo que su información era coincidente y que esperaba mantener con el Embajador una relación excelente.”
Cabot no estaba conforme con la evolución de los acontecimientos, por eso el día 12 de abril expresa su preocupación al Departamento de Estado: “Una serie de anuncios recientes –notablemente, la designación del nuevo Embajador Messersmith, un memo expresando la voluntad de negociar un tratado de asistencia recíproca que incluya a la Argentina, el levantamiento de restricciones a las exportaciones y la abolición de las licencias de exportación- junto a especulaciones de la prensa sobre mejores relaciones entre los Estados Unidos y la Argentina y el comentario editorial crítico a nuestra política hacia la Argentina han sugerido fuertemente al gobierno argentino la inminencia de una reorientación de nuestra política.”[39]

Cabot siente que su posición en Buenos Aires se debilita por este tipo de anuncios que lo marginan y experimenta una evidente pérdida de protagonismo. “Siento que debo puntualizar al Departamento que toda esta publicidad no solo perjudica nuestra posición negociadora, sino que (en ausencia de instrucciones previas a la Embajada) son dañinas y perjudican el prestigio  de esta Embajada. La Embajada ha sido necesariamente cauta en sus contactos con los emisarios de Perón, y resulta notable que ninguno de ellos se haya presentado a vernos  en los últimos días.” También Cabot sugiere al referirse al nuevo Embajador: “En mi opinión, el Embajador Messersmith debería ubicarse a su llegada en una posición distante para examinar la situación y actuar acorde a su criterio. Antes de su llegada, pienso que cuanto menos declaraciones oficiales y especulaciones de la prensa respecto a nuestra política hacia la Argentina se den a conocer, mejor. “

La respuesta de Byrnes no se demora y a los pocos días le contesta a Cabot. Primero comienza afirmando que “no ha habido ningún cambio de política” y que: “Esto significa que hasta que el nuevo gobierno tenga una razonable oportunidad de actuar, nuestra actitud debería ser de observación y espera…. La continuidad de  las relaciones diplomáticas existentes y la designación del nuevo embajador resultarán consistentes con esta política general y con declaraciones de Byrnes y Braden en agosto y septiembre. No hay, sin embargo, intenciones de enviar una misión especial para la asunción de Perón.” Respecto a la colaboración militar, Byrnes le comunica a Cabot que: “La decisión final de modificar nuestra política de no colaboración militar con la Argentina en temas técnicos deberá esperar la evaluación de Messersmith. Por eso no deseamos que se apruebe ahora  la visita de una misión de la Armada a los Estados Unidos.” Finalmente, se le dice a Cabot que: “Mientras tanto estamos de acuerdo con usted en no emitir comunicados oficiales acerca de nuestra posición hasta que el Embajador Messersmith esté ya en Buenos Aires.”[40]

Llega Messersmith

Según relata Braden, el Secretario Byrnes le consultó sobre la designación de George Messersmith como nuevo Embajador en la Argentina y él prestó su conformidad con el nombramiento. Pero las cosas empezaron mal según opinión de Braden, quien en sus memorias expresa que “sintió una gran molestia cuando el Presidente Truman y el Secretario Byrnes convocaron a Messersmith a una reunión en la Casa Blanca para considerar su misión en la Argentina[41]. La molestia fue provocada por la ausencia de una invitación a Braden para participar del encuentro, siendo el directo responsable de América Latina.

El nuevo Embajador Messersmith llega a Buenos Aires unos días antes de la asunción de Perón como Presidente Constitucional el 4 de junio de 1946. En esos momentos, Braden se ocupaba en Washington de preparar un informe completo sobre la situación en la Argentina, que debía ser presentado al Presidente Truman. Según Braden: “Este es quizás el documento más importante que hayamos tenido que preparar. El Presidente me dijo que quería toda la historia y que no había apuro”.

El documento que se preparó en junio de 1946 bajo las directivas de Braden presenta una reseña histórica sobre el papel de la Argentina en el sistema internacional[42], en la cual se reseñan antiguas cuestiones que habían enfrentado a nuestro país con los Estados Unidos en la arena internacional. Este documento es totalmente consistente con la evaluación hecha en 1942 durante la presidencia de Castillo; el informe no ignoró la actitud neutralista del gobierno argentino en la Conferencia de Río de 1942.

Al condenar el gobierno militar, el documento preparado por Braden consigna: “Los Estados Unidos rehusaron reconocer al gobierno de Farrell hasta que éste demostrara su determinación para implementar la ruptura de relaciones con el Eje y cumpliera con las obligaciones interamericanas. En esta posición, los Estados Unidos han contado con el apoyo de todas las repúblicas americanas excepto Paraguay…. A fines de febrero de 1945, todas las repúblicas americanas a excepción de la Argentina participaron en la Conferencia de México. La Argentina fue excluida porque a juicio unánime del resto de las repúblicas americanas había fallado en el cumplimiento de sus obligaciones para colaborar en el esfuerzo bélico…. El 20 de marzo de 1945 el Presidente Roosevelt aprobó un memorándum en el que se proponía el reconocimiento del gobierno argentino y una invitación a integrar las Naciones Unidas después de que haya expresado “conformidad con los principios y declaraciones del Acta Final de la Conferencia de México y cumplido con tales principios y declaraciones” [43]

El documento enfatiza la cuestión del “comportamiento de la Argentina”, advirtiendo que: “Disculpar la conducta argentina en la hora final sería incongruente con este principio e implicaría su abandono, lo que sería dañino para nuestra política en el sistema interamericano”.

En momentos en que Braden estaba con esta agenda conflictiva anclada en el pasado, Perón decide como uno de sus primeros actos de gobierno establecer relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. El anuncio se realizó apenas 48 horas después de haber asumido la presidencia, el día 6 de junio; el embajador soviético arribó a Buenos Aires en agosto de 1946. Perón comenzaba a implementar así una nueva política exterior, que luego formalizaría al año siguiente en su discurso sobre la Tercera Posición.

En el diseño de la estrategia internacional de Perón al inicio de su gobierno incidió mucho su visión geopolítica acerca de la inevitabilidad de una nueva guerra mundial, que había anunciado en la Universidad Nacional de La Plata en 1944. Además, Perón contaba con grandes márgenes de libertad de acción otorgados por la fortaleza económica de nuestro país en esos años de posguerra; como se decía entonces: “Los pasillos del Banco Central están repletos de oro”.
El conflicto entre Braden y Messersmith

Braden, desde el inicio, no tuvo buena opinión de la gestión de Messersmith. Escribe en sus memorias que: “Cuando Messersmith llegó a la Argentina hizo evidente desde el principio de su gestión que no tenía intención de seguir la política de su predecesor, que había sido aprobada por Roosevelt, Cordel Hull y había sido refirmada por el Secretario Byrnes. El procuró la amistad de Perón, Evita y su claque, se mostró opuesto a mis políticas e ignoró mis instrucciones.[44] Hay evidencias documentales que en el Departamento de Estado existían distintas visiones sobre las relaciones de los Estados Unidos con la Argentina. Es así que el día 2 de julio de 1946 Braden es alertado por uno de sus asesores quien le informa: “Poco después de la elección de Perón, fui sorprendido por las diferencias existentes entre los funcionarios del Departamento que trabajan en las relaciones entre los Estados Unidos y la Argentina sobre la política más adecuada a adoptar. Estos funcionarios son los responsables de la gran confusión existente en el público y en el gobierno sobre nuestros próximos pasos. [45]

Es interesante notar que la referencia es sobre las propias políticas hacia la Argentina, las que eran propiciadas por Braden. Que no había unanimidad en el gobierno de los Estados Unidos con respecto a la actitud en relación con Perón es puesto de manifiesto en esta nota, dirigida a Braden por su asesor Bradford: “Me interesé tanto en este tema que hice preparar una lista, que adjunto a la presente, de estos funcionarios. Hay alrededor de 70. Ellos debían haber representado un sólido bloque contra la política de apaciguamiento respecto a Perón y contra las presiones sobre usted en el gobierno, sin embargo, se mostraron bastante desorientados y divididos, a excepción, claro está, de sus asesores más próximos.”

Braden es alentado a tomar un papel más activo con respecto a los diplomáticos involucrados en las relaciones con la Argentina, ya que su asesor Sam Bradford concluye la nota aconsejando a Braden:

“La conclusión a la que llego es que si toda esta gente mantuviera un contacto lo suficientemente prolongado con usted como para aclarar sus perspectivas y entender lo que usted pretende llevar a cabo, entonces contaríamos realmente con un equipo de trabajo al que los opositores no podrían convencer. Quizás sea tarde en esta batalla, pero usted podría explorar la practicidad de convocarlos a todos y hablarles.” Este documento evidencia que la posición de Braden en el Departamento de Estado no era sólida, ya que muchos de los funcionarios involucrados en las relaciones con la Argentina no compartían las posiciones duras del Subsecretario.
Hacia el mes de septiembre de 1946 era ya evidente que el nuevo embajador tenía una visión más positiva de las relaciones de los Estados Unidos con el gobierno de Perón que la que sustentaba Braden, quien insistía en una política “dura”. Es así como el día 10 de septiembre el Embajador Messersmith escribe a Washington comentando un editorial del New York Times en el cual se critica al gobierno argentino. En su nota el embajador expresa: “Solamente deseo comentar que este tipo de comentarios editoriales sobre el desarrollo de nuestras relaciones con la Argentina no resulta constructivo, como percibirá el Departamento en vista de los hechos en su conocimiento, los que deberían, por cierto, ser igualmente conocidos para un periódico responsable como el New York Times.”[46]

Messersmith se refiere elogiosamente a la aprobación por el Senado argentino del Acta de Chapultepec consignando: “Envío este despacho en momentos en que este editorial del New York Times ha causado malestar, tanto en el Gobierno como entre aquellos que no simpatizan con él. Es tan obvio para aquellos que se han familiarizado con la situación que la ratificación de las Actas de México y de San Francisco constituye uno de los hechos más relevantes en los últimos años. Esto se ha hecho de buena fe y traduce claramente la determinación del gobierno argentino de colaborar más estrechamente en el cuadro americano junto a nosotros.

Tampoco ahorra elogios el Embajador en su ponderación de la labor del Canciller Bramuglia, diciendo: “Más aún, cualquiera que conozca la situación se dará cuenta que el Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Bramuglia, a pesar de su poca experiencia en estos asuntos, ha resultado muy constructivo en su gestión. No hay base alguna para poner en duda su buena fe o sus actos. Siempre ha favorecido una colaboración más estrecha con los Estados Unidos y una participación más activa de la Argentina en la guerra, como es bien conocido aquí. Es obvio, por lo tanto, que cualquier cuestionamiento de la buena fe del gobierno argentino o del ministro por un medio tan responsable como el New York Times redundará en la creación de un clima poco favorable, no sólo entre los miembros del gobierno, sino también entre miembros de la oposición que deploran que se pongan en duda los actos de un gobierno o de un ministro responsable.” El Embajador estaba satisfecho por la evolución de la situación en la presidencia de Perón, sosteniendo: “Calladamente y sin declaraciones a la prensa, el gobierno argentino está procediendo definitivamente a dar pasos concretos para liquidar esta situación concerniente a la propiedad enemiga y a los agentes enemigos.”  El Embajador concluye su larga nota dejando testimonio de su visión positiva y optimista con respecto a dos temas que venían preocupando a Washington desde hacía tiempo: “Creo que en el curso de las próximas semanas será posible informar al Departamento acerca de pasos definitivos que demuestran un alentador proceder del Gobierno Argentino respecto a la propiedad enemiga y los agentes nazis.”
De todos los documentos oficiales del gobierno americano hay uno que se destaca por su importancia, ya que discute sin ambigüedades la dificultad que encontraba el Embajador Messersmith y que él atribuía sin ningún disimulo directamente al accionar de Braden. Este documento fue preparado por el propio Embajador Messersmith el 18 de diciembre de 1946, es decir, pocos días antes de su viaje a Washington. En esas semanas se produce el alejamiento del Secretario Byrnes y su reemplazo por el General Marshall al frente del Departamento de Estado.

Este documento no sólo es top secret, sino que está fuera del circuito normal de documentos diplomáticos, ya que está encabezado por la expresión not for the files, y según lo anotado a mano por el propio Embajador el día 24 de enero de 1947, cuando se lo hace llegar al nuevo Secretario de Estado, el General Marshall: “Fue preparado para mi conversación con el Secretario Byrnes, al cual le entregué el original”. Messersmith comienza el documento relatando las circunstancias iniciales de su nominación como Embajador en la Argentina, mientras aún se desempeñaba como Embajador en México. “Cuando me fue propuesto por el Secretario y por el Presidente que me haga cargo de esta misión como Embajador ante la Argentina, ambos me aclararon que era del mayor interés de nuestro gobierno solucionar el problema con la Argentina y que me habían ofrecido el puesto precisamente por la importancia que revestía la cuestión. Ciertamente, por inferencia de estas declaraciones directas, obtuve la impresión de que fui propuesto para el cargo porque tanto el Secretario como el Presidente sentían que podían confiar en mis juicios y mis recomendaciones.”[47]

El Embajador relata que: “Antes de viajar a Buenos Aires hablé con el Subsecretario Acheson y con los Secretarios Asistentes Clayton y Braden y tuve la definitiva impresión de que ellos estaban totalmente de acuerdo con los deseos del Presidente y del Secretario de buscar una solución al problema argentino sobre bases razonables.” La mano de Braden aparece cuando el Embajador expresa que: “Poco tiempo después de arribar a Buenos Aires, el Sr. Braden envió al Sr. Thomas Mann de la División Río de la Plata a Buenos Aires y me quedó claro, a mí y a otros funcionarios de la Embajada, que el propósito central de su misión era trasmitir que debíamos ser duros y difíciles en el arreglo del problema argentino. Esto parecía ser una variante de mi entendimiento previo a la aceptación de este puesto.” Luego, anota Messersmith como evolucionó la opinión de este funcionario  enviado por Braden, diciendo: “El Sr. Mann cambió considerablemente sus puntos de vista durante su estadía en esta ciudad y dijo que “se esforzaría en convencer al Sr. Braden a su vuelta” en el sentido de convencerlo de ser razonable y comprensivo. El Sr. Mann, sin embargo, me expresó dudas significativas en cuanto a la posibilidad de “convencer” al Sr. Braden.”

 

El Embajador se explaya luego sobre su enfrentamiento con Braden y habla de las filtraciones a la prensa, mostrándose claramente molesto con la situación, y termina expresándose sobre  eventuales avances europeos: “Hay una oportunidad para que la Argentina se relacione con nuestra industria petrolera, que permitirá la explotación de yacimientos de petróleo en su beneficio y en el de otros países americanos, y en el nuestro propio ya que contribuirá a nuestras necesidades en materia de defensa continental. Esta oportunidad ha sido creada a través de mis esfuerzos personales, pero si no solucionamos la situación, la Argentina ingresará en acuerdos de explotación petrolera con los países europeos.” El memorándum concluye con la esencia del conflicto Braden-Messersmith, afirmando el Embajador: “No apliquemos criterios para el caso argentino que sean diferentes a los que mantenemos con otros países de América. Esto es inequitativo e impropio y resulta contrario a nuestros principios. Si aplicamos tales criterios diferenciales destruiríamos toda posibilidad de recomponer la situación.”

Este párrafo es realmente importante ya que el Embajador Messersmith conocía muy bien América Latina y se había desempeñado como Embajador durante la guerra en México. Por lejos, este documento es el más concreto y aclaratorio de los términos de las serias discrepancias entre Braden y Messersmith.
Messersmith viajó luego a Washington, donde mantuvo entrevistas con el secretario Byrnes y el presidente Truman. También se reunió con Braden en un encuentro que debió haber sido ríspido. Además, Messersmith preparó para el general Marshall (flamante Secretario de Estado) un largo informe el 24 de enero [48]consignando 30 puntos destacados en la relación bilateral on la Argentina. El Embajador presenta en este documento una evaluación positiva de la situación al consignar: “Los hechos muestran que en lo que hace al acatamiento argentino, el gobierno de este país ha avanzado al menos en un 75% y se ha involucrado en el cumplimiento del 25% restante, lo que completará en las seis semanas o dos meses próximos.” Y previene al general Marshall: “Desde su asunción en junio de 1946, el gobierno constitucional de la Argentina ha mostrado evidente interés en materia de pactos de defensa y colaboración con el resto de las repúblicas americanas y con nosotros, pero será inútil hablar de “relaciones normales” a menos que estemos dispuestos a sentarnos a negociar con la Argentina; en caso contrario nuestras relaciones no serán satisfactorias y nuestros intereses en los campos políticos, económicos y de defensa se  verán seriamente afectados.”

Como se ve, Braden era incansable en promover sus posiciones negativas con respecto a la Argentina, pero el Embajador Messersmith no le iba en zaga con su opuesto activismo diplomático. Es así que Braden se queja que Messersmith, embarcado en una campaña en su contra, escribía numerosas cartas a los diarios, miembros del Congreso e incluso a diplomáticos de su propia Subsecretaría de Estado. Por ese motivo, Braden menciona irónicamente que el Embajador era conocido en el Departamento de Estado como “Forty-page George[49]. El conflicto en enero de 1947 había escalado hasta el punto en que, según Braden: “Fui a ver al Presidente y le dije que si no echaban a Messersmith me vería obligado a renunciar[50].
Cuando Messersmith regresa a Buenos Aires, lo esperan en el antiguo Aeropuerto de Morón no solamente el Canciller Bramuglia, sino también Perón y Eva Perón. Una semanas después de regresar, el Embajador envía el 24 de marzo una larga carta a la Secretaría de Estado, impugnando un artículo publicado el día 10 de marzo de 1947 en el Milwaukee Journal, en el que se critica duramente al gobierno de Perón. El Embajador expresa: “Este tipo de información sobre la Argentina ha alcanzado el punto en que se vuelve dañino para nuestros mejores intereses en un grado peligroso. Una visión distorsionada se ha construido en gran parte de nosotros con respecto a las relaciones entre ambos países y, más particularmente, respecto a eventos recientes.”[51]

El Embajador Messersmith aprobó también la conducta del gobierno argentino respecto al cumplimiento de las obligaciones emanadas del Acta de Chapultepec: “El gobierno argentino siente que ha cumplido fiel y lealmente con sus obligaciones bajo el Acta de la Ciudad de México y ha dado indicaciones de su espíritu de cooperación, y dará una declaración al respecto, lo que a nosotros nos parece lógico”. Con todo énfasis, el Embajador recomienda lo que considera debe hacer el Departamento de Estado, recomendando: “Cuando la Argentina formule dicha declaración, si es que lo hace, es opinión de esta Embajada que debemos mostrar nuestro reconocimiento respecto a lo dicho en ella. No hay motivo como para que no emitamos una declaración que modifique lo dicho en declaración del entonces Secretario Byrnes del 8 de abril y remueva cualquier obstáculo que pueda impedir celebrar la reunión de Río de Janeiro.”

Como se aprecia, Messersmith era un Embajador con posiciones definidas y con decisión para promoverlas con la mayor dedicación. En este caso y para suerte de la Argentina este Embajador fue la antítesis de su predecesor, Spruille Braden.

El conflicto entre Braden y Messersmith escaló hasta que el punto en que, según Braden, en el Departamento de Estado se tomó la resolución que “Messersmith sería cesanteado y él renunciaría una semanas después mediante un intercambio de cartas cordiales entre él y el Presidente[52]. Es así como Braden, quien presentó su renuncia en junio de 1947, relata con fruición que “El Secretario Marshall le envío un telegrama al Embajador Messersmith aceptándole la renuncia… El Embajador respondió que él no había renunciado y que no tenía interés en hacerlo… Marshall insiste en que él había renunciado… El inútil intercambio continuó hasta que Marshall le ordenó perentoriamente dejar la Embajada[53].

El Presidente Truman anunció el 5 de junio que 1947 en forma simultánea las renuncias del Subsecretario Braden y del embajador Messersmith. Así, el constante enfrentamiento entre Braden y Messersmith fue una prolongada disputa dentro del propio Departamento de Estado, que se resolvió recién con la salida de ambos. La desaparición del escenario de Braden le permitió, tanto a Washington como a Buenos Aires, avanzar en la normalización gradual de sus relaciones. Esto es reconocido incluso por Braden, claro que con otra interpretación, cuando sostiene: “Desde ese tiempo y hasta el derrocamiento de Perón –a pesar de nuestro tácito apoyo- los Estados Unidos le otorgaron todo lo que él demandó e intervinieron a su favor en el hemisferio americano.[54]

La entrevista final de despedida con el Presidente Truman, según narra Braden, duró apenas 15 minutos y “el tópico de la conversación fue el traje de gabardina que yo llevaba puesto[55]. Hay una dosis de amargura en este relato en las memorias de Braden, que es una muestra del estilo árido de Truman en su trato personal.

Punto final

Al considerar años después el enfrentamiento Braden-Perón, Dean Acheson admite el error que cometió al apoyar los denodados esfuerzos de Braden para evitar el ascenso político de Perón. En sus memorias, publicadas en 1969, Acheson escribe irónicamente: “Perón fue un fascista y un dictador detestado por toda la buena gente, excepto los argentinos.[56]Braden había vivido en la Argentina a fines de la década del 30, luego volvió en 1945 y estuvo con nosotros apenas cuatro meses. No retornó hasta julio de 1964 en un segundo viaje de bodas. Durante su vida guardó siempre un profundo rencor hacia Perón: tenía ya 84 años cuando en una entrevista con Gary Frank en 1975 calificó a Perón de “cobarde”[57].

Enferma obsesión de un personaje menor, que dañó decisivamente las relaciones entre los Estados Unidos y la Argentina.

[1]La visión de la Embajada se sintetiza en el memorándum de diciembre de 1942 para el Embajador Norman Armour preparado por su Consejero en Asuntos Económicos, donde se consigna: “Argentina es incuestionablemente el muchacho malo del buen vecindario. El sentimiento generalizado en Washington es que la Argentina debe ser castigada. Es una actitud justificada, pero el castigo es apenas importante en relación a la prosecución del esfuerzo bélico. Lo que queremos son resultados.”

[2] Memorandum de diciembre de 1942 de la Sección Comercial de la Embajada en la República Argentina al embajador Armour.

[3] Idem.

[4]  Memorándum sobre una conversación con el Coronel Perón, firmado por  el Embajador Norman Armour, 14 de marzo de 1944, Buenos Aires.

[5]  Comunicación dirigida a Nelson Rockefeller sobre los próximos pasos en relación a la Argentina, firmada por John E. Lockwood, 13 de diciembre de 1944, Washington D. C.

[6] David Kelly, The Ruling Few (London, Hollis and carter 1952, p. 297). En estas memorias Kelly formula diversos comentarios críticos sobre la actitud de los Estados Unidos con respecto a la Argentina, incluso antes de la aparición de Perón en la escena política.

[7] Spruille Braden, Diplomats and Demagogues (Arlington House, New York 1971) p. 319.

[8] Gary Frank, Juan Perón v. Spruille Braden – The story behind the Blue Book (University Press of America, 1981) p. 56

[9] Braden, op. cit. p. 175.

[10] Braden, op.cit.p. 150.

[11] Braden, op. cit. p. 177/179.

[12] Braden, op.cit.p. 316.

[13] Comunicación dirigida al Secretario de Estado sobre una entrevista con el coronel Perón, firmada por Spruille Braden, con fecha 1 de junio de 1945, Buenos Aires.

[14] Félix Luna, op.cit.p. 159

[15] Spruille Braden, op.cit.p. 339

[16] Gary Frank, op.cit.p. 85

[17] Luna, op.cit.p. 174.

[18] Luna, op.cit.p. 123.

[19] Spruille Braden, op.cit.p. 356

[20]Comunicación al Secretario de Estado a propósito de declaraciones repudiando el acto del 17 de octubre, firmada por John M. Cabot, 27 de octubre de 1945, Buenos Aires.

 

[21] Telegrama a la Embajada de los Estados Unidos adelantando documentación sobre la Argentina, firmado por Byrnes, secreto, 8 de febrero de 1946, Washington D. C.

[22]Comunicación al Departamento de Estado sobre la imposibilidad de Perón de ganar las elecciones, firmada por John M. Cabot, secreta, 8 de febrero de 1946, Buenos Aires.

[23]Comunicación al Departamento de Estado sobre la Argentina, firmada por John M. Cabot, secreta, 9 de febrero de 1946, Buenos Aires.

 

[24]Comunicación circular sobre la Argentina, firmada por Byrnes, 10 de febrero de 1946, Washington D. C.

[25]Memorándum al Embajador Cabot sobre conversaciones oídas en el Jockey Club, firmado por R. H. Post, 13 de febrero de 1946, Buenos Aires.

 

[26] Félix Luna, op.cit.p.538

[27] Gary Frank, op.cit.p. xi

[28] Informes al Departamento de Estado sobre reacciones en la prensa sobre el Libro Azul, firmados por John M. Cabot, 14 de febrero de 1946, Buenos Aires.

[29] Comunicación al Departamento de Estado sobre la campaña de Perón contra el Libro Azul, firmada por John M. Cabot, secreta, 14 de febrero de 1946, Buenos Aires.

 

[30] Comunicación al Secretario de Estado remitiendo el discurso de proclamación de Perón, firmado por John M. Cabot, 15 de febrero de 1946, Buenos Aires.

[31]Comunicación al Departamento de Estado sobre la reacción de las Fuerzas Armadas respecto del Libro Azul, firmada por John M. Cabot, secreta, 16 de febrero de 1946, Buenos Aires.

[32]Comunicación al Departamento de Estado sobre el comunicado oficial respecto del Libro Azul, firmado por John M. Cabot, 17 de febrero de 1946, Buenos Aires.

[33]Comunicación a la Embajada sobre el Libro Azul y el Departamento de Estado, firmado por Byrnes, 16 de febrero de 1946, Washington D. C.

[34] Comunicación al Embajador Cabot sobre dos reacciones ante el Libro Azul, firmada por CRB, confidencial, 19 de febrero de 1946, Buenos Aires.

[35]Comunicación al Departamento de Estado sobre el Libro Azul y el Libro Azul y Blanco, firmada por John M. Cabot, 23 de febrero de 1946, Buenos Aires.

 

[36]Comunicación al Secretario de Estado con comentarios sobre el Libro Azul, firmada por John M. Cabot, 27 de febrero de 1946, Buenos Aires.

 

[37] Comunicación al Departamento de Estado sobre la actitud de Perón, firmada por John M. Cabot, secreta, 3 de abril de 1946, Buenos Aires.

[38]Comunicación al Departamento de Estado sobre una conversación de los diplomáticos británicos con Perón, firmada por John M. Cabot, secreta, 11 de abril de 1946, Buenos Aires; y comunicación al Departamento de Estado sobre declaraciones de Perón, firmada por John M. Cabot, secreta, 11 de abril de 1946, Buenos Aires.

[39]Telegrama al Departamento de Estado por la designación del Embajador Messersmith, secreto, 12 de abril de 1946, Buenos Aires.

 

[40] Telegrama a la Embajada sobre la política estadounidense hacia la Argentina, firmado por Thomas Mann, 16 de abril de 1946, Washington D. C.

[41] Spruille Braden, op.cit.p. 359

[42]Nota a los Sres. Spaeth y Briggs sobre el documento “Política hacia la Argentina”, firmada por Spruille Braden, secreta, 20 de junio de 1946, Washington D. C.

[43] Documento sobre “Política hacia la Argentina”, sin firma ni fecha.

[44] Spruille Braden, op.cit.p. 360

[45]Comunicación a Spruille Braden sobre las relaciones entre la Argentina y los Estados Unidos, firmada por el Sr. Bradford, personal y confidencial, 2 de julio de 1946, Washington D. C.

[46] Comunicación al Secretario de Estado sobre declaraciones del Ministro Bramuglia sobre propiedad enemiga y agentes, firmado por George Messersmith, confidencial, 10 de septiembre de 1946, Buenos Aires

[47] Memorándum sobre la situación argentina, firmado por George Messersmith, top secret, con fecha 18 de diciembre de 1946.

[48] Comunicación al Secretario de Estado sobre la situación en la Argentina, firmada por George Messersmith, secreta, 24 de enero de 1947, Washington D. C.

[49] Spruille Braden, op.cit.p. 361

[50] Según relata Braden, el Presidente estaba tan enojado con Messersmith como él, y le dijo que “Messersmith era un hijo de puta y que sería echado” (Spruille Braden, op.cit.p. 363). Además, en sus memorias Braden se queja de que “Messersmith ignoraba sus instrucciones y abiertamente exponía su oposición a las políticas que el propugnaba, propiciando actitudes amistosas para Perón y Evita” (Spruille Braden, op.cit.p. 360).

[51] Comunicación al Departamento de Estado firmada por el Embajador Messersmith, 24 de marzo de 1947, referencia punto 144.

[52] Spruille Braden, op.cit.p. 364

[53] Spruille Braden, op.cit.p. 370

[54] Spruille Braden, op.cit.p. 369

[55] Spruille Braden, op.cit.p. 370

[56] Gary Frank, op.cit.p. 150

[57] Gary Frank, op.cit.p. 111

1 Comment on "PERÓN, BRADEN Y EL LIBRO AZUL"

  1. RICARDO ALEJO GRACIA | 6 julio, 2018 at 21:31 | Responder

    Excelente y muy bien documentado trabajo de Alieto Guadagni sobre un periodo crucial de las relaciones de la Argentina y EE.UU.y la influencia de un personaje nefasto como S. Braden. Sintetizado en la frase final del documento: “Enferma obsesión de un personaje menor que dañó seriamente las relaciones entre Argentina y EE.UU.”

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