EL EMPLEO EN LA ERA K: NI TODO BIEN NI TODO MAL

Parece ser ésta una época en la que no es muy común encontrar un análisis del comportamiento socioeconómico (a veces sólo una descripción) realizado con el equilibrio necesario para evitar sesgos, al menos los más groseros.

Se ha dicho hasta el hartazgo que a la salida de las vicisitudes de 2001, en particular a partir del invierno de 2002 se inició el “rebote” desde la profundidad de la crisis, tanto en términos del nivel de la actividad como del empleo. Ese proceso se consolida y recibe nuevos impulsos con la asunción del gobierno de Néstor Kirchner a mediados de 2003.

En esa gestión creció el empleo privado, tanto el protegido como el precario, con una baja inicial del empleo estatal registrado por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). El empleo “en blanco” de los asalariados adquiere un dinamismo pocas veces registrado antes, hasta el punto que su volumen se incrementa en cuatro años 60%. El empleo precario avanza, pero mucho más lentamente, al 20%. Esta es la razón por la que cae su peso relativo en el conjunto de asalariados.

Pero durante dos períodos presidenciales que siguieron, los de Cristina Kirchner, la situación cambió sustancialmente. En la primera parte, el empleo protegido se estancó y se recuperó con un llamativo impulso antes de las elecciones de 2011. De allí en más, con alguna irregularidad, se inicia un descenso continuo. El empleo precario evolucionó con tendencia declinante, y en 2014 y 2015 su volumen es equivalente al del punto de partida en 2003.

Distinto es lo ocurrido con el empleo por cuenta propia. Su dinámica es moderada hasta 2011, pero luego adquiere un ritmo llamativo. Entre mediados de 2011 y mediados de 2013, el número de cuentapropistas se eleva 15% según la EPH. En ese lapso el conjunto del empleo casi no registró variación, lo que hace más llamativo el desempeño del autoempleo. En décadas pasadas, los momentos de fuerte dinámica de ese empleo eran definidos como expresión de sensibles dificultades ocupacionales y, en general, de conflictos socioeconómicos visibles.

Pero el componente destacado es el empleo estatal. Hasta mediados de 2008 casi no tuvo cambios. Luego muestra un ritmo sostenido y crece 20%. Es posible que se subestime esa realidad, en tanto le encuesta del Indec cubre sólo una treintena de los aglomerados más poblados.

La mejora del empleo privado con protección ha sido indudable. Ese aumento si bien no desapareció empezó a declinar, hasta el punto de que en 2015 incluye a menos personas que en 2011. El relativo estancamiento en el agregado del mercado laboral se sostiene en los años recientes sobre la base del empleo estatal y el cuentapropista. Esos fenómenos han mostrado en el pasado que no son expresión ni causa de un proceso de crecimiento y menos aún de desarrollo. La tarea por delante, cualquiera que sea el resultado de las elecciones, es enorme en términos económicos y sociales.

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