¿QUIÉN PERDIÓ EL 22/11?

Este posteo, con la pregunta del título, lo escribo para ampliar el que subí ayer, cuando empecé a “tratar de ver lo que viene” en el peronismo. Y los otros dos, menores, que subí a continuación. Digamos que forman una reflexión larga del fin de semana posterior a la Gran Batalla perdida.
Pasa que estoy percibiendo un exceso de autocrítica. Ojo: creo que es un paso necesario para los que se plantean seguir haciendo política. Como escribí hace unas horas, es muy preferible a las protestas rencorosas contra un electorado que en un 51 y pico % no entendió la maravilloso que era el gobierno que se va.
Subí algunas reflexiones (de otros) críticas y duras a mi blog. Ayer Gerardo Fernández retomó el látigo, y Gabriel Fernández hizo la crónica de una derrota anunciada y hasta parece que buscada (Los Fernández somos gente cruel para autocriticar, se ve).
Y mi amigo Artemio López hace ya tiempo que afirma que “el tipo de unidad histórica kirchnerista” está crujiendo (mi objeción era, es, que la unidad entre lacanianos y cookistas no alcanza ni para ganar un centro de estudiantes).
Todo bien. Parte del debate interno que se desarrolla y enriquece cuando perdemos el gobierno. Pero… tengo la impresión que hay algunos supuestos que si no se los cuestiona, pueden oscurecer el asunto.
Me preocupé cuando leí este párrafo de Hugo Presman, periodista con una trayectoria de apoyo a la experiencia kirchnerista, y que, se me ocurre, puede servir de referencia de ese notorio espacio “el kirchnerismo no peronista”. Dice Presman: “Los dos modelos en pugna que disputan su supremacía desde el nacimiento de la Patria, encuentran en este noviembre del 2015 un clivaje cuya significación develará el tiempo. Significa para el modelo agroimportador su propio 17 de octubre. Y esto es así, aunque muchos de los votantes de CAMBIEMOS, suscriban un difuso cambio basado fundamentalmente en el hartazgo que manifiestan a aspectos formales del kirchnerismo y características personales de Cristina Fernández”. Esta es una nota que resuena -más o menos clara- en varios de los cuestionamientos de estos días.
Atención: creo que es cierto que “aspectos formales del kirchnerismo y características del liderazgo (no del peinado, eh) de Cristina Fernández” pesaron, y bastante, en el rechazo en esta elección de muchísimos votantes no politizados (que son la mayoría). Tengo ganas de escribir, cuando tenga tiempo, sobre las limitaciones de los liderazgos populistas.
Pero me parece idiota -perdón, don Hugo, demás compañeros- que el análisis tome por aceptado que esos fueron los factores decisivos. Entre otras cosas, porque limita mucho el debate. Para algunos críticos, el “sí cristinismo” se reemplazaría por un “no cristinismo”; para los que tienen una relación emocional con CFK, que son muchos militantes dentro y fuera del peronismo, se quedan confiando que Macri haga tantos desastres que vuelvan inevitable que ella regrese a la Rosada, Kicillof a Economía, Aníbal a Jefatura de Gabinete y quizás Moreno a Comercio. No lo veo posible, la verdad; no los desastres macristas, sino la segunda parte.
Es necesario tener presente que esos “aspectos formales”, y el estilo kirchnerista de conducción, ya habían sido “derrotados” meses antes de la primera vuelta electoral, cuando CFK acepta/decide que el candidato a Presidente -el lugar del poder político en nuestra historia- del oficialismo fuera Daniel Scioli. Que durante los 12 años de la gestión K, acompañó todas las decisiones claves y las pujas electorales, y también se mostró claramente diferenciado en aspectos formales y en elementos fundamentales de la estrategia K. En especial, el reemplazo de la confrontación pública con los adversarios de su proyecto, por una actitud de diálogo y de asumir “buenas intenciones” en todos.
No tiene sentido discutir ahora si fue la decisión acertada. Por mi parte, pienso que la candidatura de DOS era, a esa altura, inevitable, pero debió ser el resultado no de una decisión de la Presidente sino de una interna abierta. Pero es sólo una opinión personal, y puedo equivocarme. El hecho es que ella, que se supone contaba con la información necesaria, la tomó, descartando otras alternativas y delirios varios.
A partir de ese momento -y antes también- es válida la crítica que hacen esos compañeros: el “kirchnerismo puro” y el peronismo que olfateaba que una mayoría de la sociedad estaba harta de la confrontación, no supieron, ni se esforzaron demasiado, por sepultar sus diferencias. Y como esas diferentes estrategias no habían sido ni refrendadas ni descartadas por una elección interna, con un ganador y un perdedor, distintos actores en el oficialismo las siguieron usando según les convenía. Pienso en Randazzo y en Aníbal, hombres formados en el PJ bonaerense de Duhalde, jugando de “kirchneristas puros”…
Tenía ganas de decirlo, pero tampoco importa tanto. El peronismo es policlasista, y predica la concertación y la armonía social desde… desde que surgió. Al mismo tiempo, la confrontación clara con los adversarios del momento que practicaron Néstor y Cristina es también una práctica muy tradicional. Piensen en Evita, o lean discursos de Perón desde la campaña de 1946 al 1° de mayo de 1974.
En resumen: Tanto la Presidente y la militancia convocada por ella y Néstor Kirchner, como el peronismo territorial representado hoy por Scioli, son dos realidades legítimas, y necesarias, de la coalición que gobernó durante 12 años. No hubo una estrategia común en la última etapa capaz de integrarlas, porque ya no había un liderazgo que expresara al conjunto, más allá del discurso. No se sintió la necesidad de desarrollar una estrategia única, porque se creía que de todos modos se ganaba… hasta el cachetazo del 25/10. Y la reacción de la gente común que rechazaba a Macri.
En esas condiciones, debo dar la razón a esto otro de la nota de Presman “que el Frente para la Victoria-Peronismo, sostenedor del modelo de sustitución de importaciones, después de 12 años de gobierno y del consiguiente desgaste obtenga el apoyo de casi la mitad del electorado, revela su fortaleza y lozanía”.
Invito entonces a parar con la autocrítica -una adicción de la que uno no está libre, como ven- por una razón fundamental: es anticuada. Se refiere a una situación que ya no existe, y no podrá repetirse. Cristina Kirchner conserva un liderazgo muy fuerte, y muy emocional, en gran parte de la militancia del peronismo, y también despierta confianza -una cualidad rara en la política- en sectores del Frente para la Victoria que tienen grandes reservas con el peronismo (y que son aliados necesarios si queremos volver al gobierno. En la derecha ya está el PRO para sumar). Pero ya no será la Presidente, ni tendrá los recursos del Estado nacional a partir del 10/12. La política la tendrá que hacer desde ella. Y no tendrá margen para equivocaciones.
En otro nivel, esta campaña ha servido para que Daniel Scioli se transformara en el referente del rechazo a Macri, más allá del peronismo y de sus aliados. Puede jugar ante el nuevo gobierno el rol de Cafiero frente a Alfonsín, con mejores herramientas que Sergio Massa… si sabe usarlas. (Además, descubrimos un cuadro valioso: Karina Rabolini). Ya no será el gobernador de Buenos Aires, ni el “candidato natural” a nada.
En realidad, no habrá “candidatos naturales” en la próxima. Quiénes ganen las pujas internas definirán mucho más que las candidaturas legislativas de 2017: el perfil futuro del peronismo.

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