LA RENOVACIÓN NO SERÁ MACRISTA

En estos días se empezó a hablar en público de dos asuntos que los dirigentes que piensan dos jugadas adelante -hay algunos- tenían claro desde la noche del 22 de noviembre: el Partido Justicialista -la estructura política nacional más importante, todavía- tendrá que elegir nuevas autoridades, en los próximos 120 días. Y el PJ -que por doce, al menos diez años- se adoptó a una determinada constelación de poder: una Presidencia fuerte, con recursos, más, en segundo plano, los gobernadores de casi todas las provincias argentinas- deberá adaptarse a una realidad muy distinta. En un proceso de renovación que -es la expectativa inerradicable de los peronistas- le permita volver a sumar a las mayorías y volver al gobierno.
Lo primero a tener cuenta es que son dos asuntos, no uno. La próxima elección del Consejo Nacional del PJ será apenas un paso en un proceso largo, complejo, y donde habrá desarrollos sorpresivos. Alguien recordaba que después de la derrota del ´83, la Renovación llevó cuatro años…
Y no está asegurado que el resultado sea el mejor para los peronistas, para los argentinos, como no lo estaba esa vez. Lo único que puede decirse es que depende de la lucidez y la generosidad que dirigentes y militantes pongan en la tarea.
Eso sí, hay algunos resultados que están descartados. Entre ellos, un peronismo dirigencial que desde la comodidad de los cargos se acomode al rol de una oposición convencional, desde el discurso político. Ignorando a la militancia -que está con “la sangre en el ojo”- y, más grave, a los perjudicados del proyecto en curso: los trabajadores de Cresta Roja, los suspendidos, … Todos los que vendrán.
Eso no está descartado, solamente, por esas buenas cualidades que mencioné. También por la estrategia de los otros jugadores. Que la tienen, por cierto. Para dar una idea de ésto, me parece útil una reciente nota de Pablo Ibáñez en Ámbito. A menudo no estoy de acuerdo con su enfoque, pero -como comenté otras veces- es un periodista que recoge los chismes y las inquietudes de los niveles medios del peronismo. Que, como en toda estructura, son los que mejor reflejan su dinámica.
“Mudos, incómodos y quietos. La fragilidad económica de muchos -casi todos- y la coraza del debutante que recubre a Mauricio Macri congelan, por ahora, una reacción unívoca de los gobernadores del PJ, refugio territorial del peronismo lejos del poder, frente a la ristra de “decretazos” que el Presidente enlazó desde que asumió.
Veloz, con manual peronista, Macri trasmitió que ejercerá el poder sin pudor ni amabilidades. El peronismo, que gruñía contra “las formas” de Cristina de Kirchner, saludó el asado en Olivos. Pero la luna de miel duró unas horas: Macri la degolló con el lapicerazo macrista con que nombró a Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz como cortesanos.
Luego, Macri agregó tres fojas al expediente de un PJ en alerta: Emilio Monzó se sentó sobre la notificación de Marcos Cleri como miembro del Consejo de la Magistratura, adormeció a la par de Gabriela Michetti la designación de Ricardo Echegaray en la AGN e intervino el AFSCA, organismo creado por Congreso para ser árbitro y ejecutor de la ley de medios.
Ni Cleri, ni Echegaray ni, menos aún, Martín Sabbatella son un imán de simpatías entre los peronistas institucionales pero la ofensiva macrista unifica a la diversidad PJ. Primero malquistó a los senadores con Federico Pinedo, en el instante que estaba construyendo identidad como interlocutor confiable, y ahora a los diputados con Monzó -que hace una semana no le atiende el teléfono a Héctor Recalde- y fue, en este tiempo, la ventanilla para gobernadores y jefes partidarios de todo tipo y color.
El Macri que se perfiló con la cautelar para que Cristina deje el poder el 9 de diciembre a la medianoche y se vio en toda su dimensión con los cortesanos a dedo, la liquidación del AFSCA y el bloqueo a designaciones como las de Cleri -apenas una rotación porque ocupa el lugar de Anabel Fernández Sagasti, que fue al Senado- borra los atisbos de peronismo amable y deja sin campo de acción a figuras como Juan Manuel Urtubey, el gobernador de Salta, que se recortaba en el cielo peronista como un renovador elegante y republicanista.
Urtubey fue, de hecho, el cacique más elogioso con Macri por el almuerzo en Olivos y quiso ser visto como el rostro del nuevo peronismo. A los dos días, su hermano senador objetó el decreto de la Corte y luego se licuaron los halagos. Con sus medidas -a las que algunos, en el PJ, suman lo ocurrido con Cresta Roja- el Presidente clausura, o dificulta al extremo, el esfuerzo de cualquier peronista para ser Macri friendly.
Pablo Kosiner, diputado top de Urtubey, uno de los que bajaron a la asamblea legislativa de Macri a contramano de lo que decidió el bloque, cuestionó la intervención del AFSCA. “Es un retroceso en los derechos comunicacionales”, dijo el salteño y pareció ampliar la foto de familia del peronismo opositor. Kosiner quería ir al Consejo de la Magistratura en lugar de Fernández Sagasti.
Por su lado, el Presidente no deja lugar a grises porque arrumbó el relato del republicanismo y la gobernabilidad que abrazó el PJ elegante. El éxito de Macri se puede medir en dos hechos: el alineamiento que Miguel Angel Pichetto logró en el bloque del Senado y la descompresión de la tirantez en la bancada de diputados, que crujió cuando Cristina impuso a Recalde en desmedro de José Luis Gioja.
Tras aquellos chispazos el bloque opera unido, e incluso Kosiner interviene en el grupo de abogados que se armó para seguir y analizar las medidas del Gobierno.
De ese scrum salió, con la coordinación del terceto que integran Recalde, el formoseño Luis Basterra y la bonaerense María Teresa García, un escrito con impugnaciones a Rosenkrantz -lo presentaron las diputadas Carolina Gaillard y Araceli Ferreyra- y se empezó a bosquejar el argumento para elevar denuncias contra Monzó y Michetti por “incumplimiento de deberes de funcionario público” por no formalizar las designaciones de Cleri en la Magistratura y Echegeray en la AGN.
“La decisión del bloque es no judicializar la política pero lo que están haciendo es demasiado” dijeron, anoche, en el bloque del FpV. “Lo de Macri es peronismo salvaje” agregó, con algo de ironía, un referente del interior sobre el comportamiento del Presidente.
Los senadores ya avisaron que no aprobarán los pliegos de Rosatti y Rosenkrantz, el PJ/FpV se plantó en la comisión de DNU y ahora los diputados se ponen en alerta permanente. Hay un puñado que pactó no alejarse más de 3 horas “en auto” de Capital durante el verano.
Los gobernadores se mantendrían quietos, antes de exponer una tensión extrema con Macri, porque deben ordenar la convivencia económica con la Casa Rosada. Rogelio Frigerio puso a Alejandro Caldarelli a revisar los informes que le baja cada gobernador que lo visita e, inevitablemente, le pide fondos para pagar salarios y aguinaldo.
Frigerio divide al mundo del PJ en dos hemisferios: los que fueron reelectos y los nuevos. A aquellos les mezquina recursos para rigorearlos; a los nóveles les requiere que se despeguen de sus padrinos. El caso testigo es Gustavo Bordet, gobernador de Entre Ríos (provincia a la que llegará el ministro por las inundaciones del Río Uruguay), delfín de Sergio Urribarri, sobre quien Jorge Busti, operador secreto de Frigerio en esos pagos, susurra sugerencias a Bordet para que haga lo que Urribarri le hizo a él: traicionarlo”.
Estos chismes que cuenta P. I. son jugosos pero no deben ser tomados al pie de la letra. Son los que circulan entre la fauna política, pero con frecuencia se originan en rivales de los mencionados.
Lo que es cierto es que hay un terreno propicio: Una parte considerable de la dirigencia territorial del peronismo quiere dejar atrás la conducción de Cristina Fernández y la presencia de La Cámpora. No me refiero a jóvenes (para la política argentina) como Urtubey o Randazzo, que cantan, como en la versión local de Cabaret “Ahora me toca a mí!”.
Pienso en gobernadores o intendentes que creen que en sus distritos pueden, con la imprescindible ayuda del Estado nacional, mantener su hegemonía a cambio de buenas relaciones con el macrismo.
No va a ser así, porque Macri no está interesado. Negociará, a través de Monzó, con los peronistas que pueden sumarle diputados en el Congreso, como ya lo hace Massa. Pero los gobernadores no se han mostrado dispuestos a eso, ni siquiera Urtubey. Y a su estrategia no le interesa un peronismo “dialoguista”. Calcula, con razón, que es la hostilidad al kirchnerismo lo que mantiene a su favor a los muy diversos sectores que le sumaron el 51 y pico por ciento de los votos.
Por ahora, el nuevo Presidente prefiere que la oposición tenga rostro kirchnerista. Y el kirchnerismo le dará el gusto, cómo no.

Se el primero en comentar en "LA RENOVACIÓN NO SERÁ MACRISTA"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*