MIGUEL GRINBERG: “PRÓCER” DEL ROCK NACIONAL

De saco y corbata, en un mediodía lluvioso, llega y casi como que irradia paz y sabiduría, como si se le pudiese leer su aura en el mismo instante. Se pone a mirar los discos de vinilo que hay a la vista y juega como un chico, observando de pronto uno de Almendra, otro de Virus y plantea alguna duda al dueño de la disquería, de esas que ya no existen en la ciudad. Ahí está de pie, en el cruce de Santa Fe y Araóz, en pleno epicentro de Palermo, un espacio en el que Miguel Grinberg se siente a gusto.
Casi como una metáfora de su vida, a pesar de tantas tormentas, atardeceres y falsos pronósticos, él está vigente, haciendo lo de siempre, cumpliendo cincuenta años como periodista y otras tantas celebraciones. A sus 78 años, hizo de todo: fue parte del nacimiento del rock en castellano, editó varias revistas dándole mucho lugar a la ecología, es estudioso de la espiritualidad, poeta, reikista, creador del sistema holodinamia de meditación integral para el desarrollo del potencial intuitivo. Se graduó en licenciatura en sistemas y estudio tres años de medicina con prácticas en pediatría.
También fue distinguido como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura de la Ciudad hace algunos años. “Prócer”, le dice un ocasional cliente de la disquería, donde todos le hablan a su alrededor. El asiente con la cabeza y permanece serio. “Me opongo al culto a la personalidad o a la idolatría –explicará después. Si me lo dicen con buena onda está bien, pero no estoy pensando en la avenida Grinberg en el año 2040”, dice con su particular y sutil humor. El ala rockera de Grinberg es tan apasionante como sus otras facetas. Abogó por la adopción del idioma castellano como lengua del rock nacional y fue impulsor del movimiento rockero argentino, entonces habitué del bar La Cueva y La Perla con Moris, Tanguito, Lito Nebbia y Pipo Lernoud, entre otros. Se hizo amigo de los integrantes de las bandas emblemáticas de esos tiempos y se puso el traje de productor de conciertos, en tiempos en que pocos se animaban a eso. Ofrecía un elenco de primeras figuras novedosas como León Gieco, Pescado Rabioso, Aquellarre o Pappo`s Blues. Desde hace nueve años tiene su programa en Radio Nacional (“Rock que me hiciste bien”), y tuvo el privilegio de ser uno de los últimos en entrevistar a Luis Alberto Spinetta, su amigo. Ya lleva cinco ediciones de su mítico libro “Cómo vino la mano”, un clásico sobre la historia del rock nacional que se publicó en 1977. “El rock nacional acompañó durante dos décadas el espíritu contracultural de una generación -explica. Pero como toda la música popular terminó convirtiéndose al establishment y mucha gente que nada tenía que ver con la contracultura se subió al rock. Todo eso ya fue, pasó. Lo que viví con los músicos fue una vivencia fraternal, como si hubiéramos sido parientes de otra vida”.
Miguel Grinberg caminó las calles, fue y volvió una y otra vez. Cuando de chico, en una casa sin biblioteca, él se las ingenió para revolver libros de la avenida Corrientes y descubrir a Roberto Arlt a los 15 años. Con la bicicleta que le regaló su papá anduvo por los barrios porteños buscando inspiración. Pero en 1964 se fue de mochilero a Estados Unidos, conoció a su maestro Thomas Merton, que fue un monje trapense que encarnó cristianamente el peligro del holocausto nuclear, y se quedó en esas tierras a vivir el hippismo, el movimiento pacifista luego de Vietnam y el de los derechos de la raza negra. Tiempo después, con su habilidad con el inglés, trabajó para Columbia Fox en Hollywood y llegó a establecer contacto con directores como Steven Spielberg o Bob Fosse. “Yo era publicista de la compañía y me ocupaba de los lanzamientos –cuenta con añoranza. Terminé siendo el supervisor latinoamericano en la Fox. Pero vino la crisis económica, a fines de los ‘80 y me ofrecieron ir a Los Angeles y preferí quedarme acá haciendo periodismo”. También vivió en Brasil muchos años, donde tuvo a dos de sus cuatro hijos. En su carrera periodística llegó a publicar más de treinta libros e infinidad de traducciones de otros autores. Editó revistas como Eco Contemporáneo, Contracultura y Mutantia, y trabajó en el diario La Opinión. Colaboró en la génesis de la revista Cristianismo y Revolución, donde conoció bien de cerca al Padre Carlos Mugica. Con LudovicaSquirru armaron la Fundación Espiritual y todos los 4 de diciembre hacen una celebración anual en Traslasierra, Córdoba, porque creen que esa es la verdadera fecha de la independencia argentina. Dice que ahora está trabajando intensamente sobre su intimidad mística que poco se conoce y sobre la eco-civilización que vendrá, “luego de las calamidades que atravesaremos por el cambio climático”. Quien alguna vez cantó folk inglés en las sombras, bajo el seudónimo de Morgan X, asegura que también es un psiconauta, un viajero del espacio interior. “Últimamente tengo una sensación rara, veo en el espejo del baño a un anciano, pero también a un chico de 15 años descubriendo a Arlt y me gusta –dice con una sonrisa cómplice. Pero me siento básicamente más cerca del de quince”. Un auténtico Grinberg, que anda dando vueltas.

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