UN GIRO COPERNICANO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

De las múltiples reformas que propone el gobierno de Mauricio Macri, una de las más relevantes es la que plantea a la calidad como eje de la acción del Estado, poniendo el mismo énfasis en el manejo coyuntural que en la transformación estructural.
Pero lo que debería ser obvio para cualquier Estado responsable es, en la Argentina, una novedad.
Durante la última década, el “cuanto” se invirtió ha sido más importante que maximizar el impacto de las acciones; o sea asegurar calidad. Y el resultado está a la vista: educación, obras públicas, medio ambiente y, en general, los bienes públicos en lugar de mejorar perjudicaron a la gente, en especial a los más pobres. La limitada reducción de la mortalidad infantil solo se explica por la pobre calidad de las acciones. En educación, la contradicción que se planteó entre inclusión y calidad resultó en miles de jóvenes que se amucharon en las escuelas pero no pueden construir su vida.
La mala política prefiere hacer “mucho” antes que hacer “bien”; porque los resultados de hacer “bien” no se ven en el corto plazo. Repartir bolsas de comida asegura aplausos fáciles; pero no cambia la vida de la gente.
Un ejemplo claro de la nula preocupación por la calidad, es que en nuestro país no se evalúa el impacto de ningún programa público, y que el Presupuesto se aprueba en un trámite administrativo express en el que no se analizan metas ni resultados.
¿Cómo se logra calidad en el servicio público? Ante todo, con un claro mandato presidencial que obligue a todos los funcionarios a evaluarse cotidianamente para responder al modelo planteado y mantener su cargo.
Ello implica un cambio copernicano en la manera de administrar, porque exige: a) planificación de las acciones, con metas y objetivos; b) seguimiento cuidadoso de la ejecución; c) evaluación de impacto; d) modificación cuando sea necesario; e) participación de los ciudadanos. Y cuando el Estado se ordene según estos principios también cambiaran los modos de legislar y controlar.
Palabras como desnutrición, empleo en negro, mortalidad infantil, inundaciones, cortes de energía y muchas otras desaparecerán del diccionario argentino con una estrategia sostenida de calidad en lo público, con enormes ganancias de productividad en infraestructura de todo tipo para el consumo y el sistema productivo.
En el mismo sentido, se puede transformar la carrera administrativa, generando nuevos liderazgos que entiendan al servicio público de calidad como la razón de ser del Estado, en lugar de una institución endogámica que solo se sirve a sí mismo. El Estado federal puede también utilizar proactivamente las herramientas financieras con las que cuenta, como el acceso al financiamiento internacional, para asegurar que haya calidad en el servicio público en todo el territorio, con una activa política de transferencia de tecnologías administrativas. El camino no será simple ni exento de conflictos y tomará algún tiempo apreciar los resultados; pero es esencial para lograr los objetivos de transformación que se ha propuesto el gobierno de Mauricio Macri.

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