HILLARY CLINTON Y LA POLÍTICA EXTERIOR NORTEAMERICANA

Quienes han observado con alguna atención la sucesión de debates mantenidos entre los candidatos presidenciales norteamericanos han advertido seguramente las diferencias en materia de contenidos que existen entre el diálogo de los republicanos y el de los demócratas. Los republicanos están llenos de ruido y rispideces y bastante vacíos en lo que a sustancia se refiere. Los demócratas, en cambio, han discutido algunas cuestiones de criterio. Esto se hizo evidente en el debate demócrata de la semana anterior a la Navidad.

No obstante, quizás más atraídos por el calor -y por el inusual colorido- de los debates republicanos, unos 18 millones de norteamericanos los presenciaron por televisión. En cambio, sólo unos 8 millones siguieron los debates de los candidatos demócratas. Hay quizás también otro factor, Hillary Clinton parece ya ser el «caballo del comisario» de los demócratas. Entre los republicanos, en cambio, nada está decidido y la presencia -y los dichos- de Donald Trump han realmente conmovido (sino sacudido) el ambiente político del país del norte. De allí que el público esté por ahora más interesado en las discusiones entre los republicanos, situación que puede persistir hasta que se sepa quién finalmente será su abanderado.

Por su contenido, el reciente debate entre los candidatos demócratas, que estuvo dedicado en gran medida a la política exterior, merece algunos comentarios. Primero, por su foco. Ocurre que no se habló de la Unión Europea, ni de Rusia, ni de China. Ni del cambio climático. Todo tuvo que ver con la gran preocupación -actual y excluyente- de la sociedad norteamericana: la que tiene que ver con el terrorismo internacional y con el Estado Islámico, específicamente. Segundo, por la existencia de importantes diferencias de enfoque. Tercero, por las posturas «duras» de Hillary Clinton, la casi segura contendora demócrata en la carrera presidencial.

«El reciente debate entre los demócratas estuvo dedicado a la política exterior; su foco fue el terrorismo internacional y con el Estado Islámico»

El senador demócrata Bernie Sanders se pronunció en contra de la política de «cambio de regímenes» que -en cambio- abraza desde hace rato Hillary Clinton, para quien Estados Unidos está «condenado» a liderar al mundo, puesto que si ello no sucede, habrá -cree- un vacío, desde que ningún otro país -sostiene- está en condiciones de hacerlo. Esto supone, para ella, no sólo enfrentar al Estado Islámico, sino desalojar simultáneamente al «clan Assad» del poder en Siria. Y enfrentar al terrorismo en absolutamente todos los escenarios. Donde quiera que ello sea necesario.

Para Sanders, en cambio, eso no debe significar que su país sea necesariamente «el policía del mundo». Ni que debe estar sumergido en una suerte de conflicto permanente, sin descanso y sin límites. Con todos los costos recayendo sobre sus hombros.

Ocurre, quizás, que Hillary Clinton no tiene demasiado presente el eventual alto costo en la opinión pública de ésas, que fueron sus posturas de los últimos años. Por una parte, ella apoyó sin condiciones a George W. Bush cuando éste invadió a Irak dejando tras de sí un caos monumental, con toda suerte de consecuencias imprevistas, que generalmente han sido adversas. Por la otra, Clinton también estuvo a favor de la demolición desordenada del régimen de MoammarGaddafi en Libia, que hoy es un estado que ha hecho implosión. «Fallido», entonces. Y, peor, con el Estado Islámico intensamente infiltrado, esto es adentro. Operando desde allí cada vez con más frecuencia. Por esto, asumir a toda costa esa postura de «dureza» puede, de pronto, tener «patas cortas».

Sanders -con una visión distinta- postuló actuar decisivamente contra el Estado Islámico, con Rusia como aliada. Y con las fuerzas de los países árabes operando en el terreno, lo que no han hecho hasta ahora, con excepción de los contingentes militares iraquíes, que acaban de reivindicarse en la reconquista de Ramadi.

Clinton está de acuerdo, pero siempre y cuando se deje a los Assad de lado. Y además no acepta -en modo alguno- la participación conjunta de Rusia. No es ciertamente lo mismo y es bueno saber dónde está parado cada uno de los candidatos. Porque las consecuencias de cada postura son muy distintas para la paz del mundo.

La política exterior, centrada en el terrorismo y el Estado Islámico, está ahora inequívocamente inestable en el centro mismo del debate político norteamericano. Y previsiblemente lo seguirá estando. Por esto, seguir de cerca lo que tiene que ver con este delicado tema nos interesa realmente a todos, mucho más allá del escenario doméstico norteamericano.

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