REFLEXIONES ROBADAS

En estos días estoy haciendo más “homenajes” que de costumbre a gente que escribe con lucidez: copio sus textos. Estamos en enero, y la pileta tienta más que la PC (además, la saga de los Lanatta distrae).

Pero esto que escribió Nicolás Tereschuk recién resuena tanto con lo que pienso sobre el peronismo, y sobre su principal adversario, hoy, que no puedo dejar de robarle algunos párrafos. Agrego una duda que me despierta (tienen el sueño liviano).

Del peronismo:

  • Me preguntaban el otro día “¿cuánto te parece que es el núcleo de voto del kirchnerismo?”. La pregunta es abstracta. ¿De voto para qué? ¿De voto para qué candidato a qué cargo? El voto a “cuidar” para el kirchnerismo es el el voto de balotaje 2015. El partido de los “nuestros” es el que saca 60 % en La Matanza y 20% en Recoleta. Y que gana en la Provincia de Buenos Aires, en el Gran Buenos Aires, el Norte y el Sur de la Argentina. Es el partido que debe estar pendiente de los conflictos, las preocupaciones, los anhelos, las necesidades de ese electorado. Es el partido de un voto que se construye “de abajo hacia arriba” de la pirámide social y de la “periferia” a los “centros”. Es un electorado que ha votado y seguirá votando “a pesar” de los medios y que vive, late y siente de una manera propia.
  • Noto una claridad en distintos sectores incluso “progresistas K” de que los próximos tiempos deben ser friccionados, impuros, amplios, innovadores, pedestres, dialogados, horizontales, sociales, diversos. Suma puntos el que camina, el que habla, el que junta, el que dice sí cuando hay que decir sí y no la mayoría de las veces. No quiere decir esto que se conviertan en cualquier cosa, en revueltos, cínicos, pasadores de facturas y rencorosos…
  • ¿Habrá diálogo entre los dirigentes peronistas y el PRO? Ya lo hay. Si yo fuera gobernador o intendente ya estaría llamando o dejándome llamar. A no confundir. Carlos Menem paseó por los jardines de Olivos y obtuvo una Promoción Industrial. Antonio Cafiero subió a los balcones de la Rosada con el traje de la democratización y la socialdemocracia moderna. Ambos ponían al mismo tiempo cargas de profundidad en el Tercer Movimiento Histórico (que soñaba el alfonsinismo). No es personal, son sólo negocios.

Del PRO

  • Las divisiones de las divisiones de la oposición son relativamente fáciles de lograr para un gobierno que maneja el Estado nacional, el Provincial y el de la Ciudad. El PRO (que hace cinco meses cosechó 24% de los votos, vale la pena recordar) necesita sólo hacer pie sobre un 40 por ciento de los votos -y un cachito más-, dividiendo al resto, para ser competitivo un tiempo largo. Esto se hace -como lo sabe cualquier intendente- dividiendo y debilitando a las oposiciones existentes e incluso, a la manera de Martín Lousteau, creando oposiciones ficticias.
  • El esfuerzo por no subestimar (“la chocan”) ni endiosar (“se quedan ocho años”) al gobierno de Mauricio Macri, buscando un punto real de evaluación de lo que ocurre debería ser el deporte del verano. Esto se logra hablando mucho (escuchando mucho) con la gente. Con las gentes.
  • Como venimos diciendo, las muestras de “juego brusco” de Macri en términos institucionales, económicos y políticos forman parte de la manera en que el jefe de Estado entiende que debe mover ciertas palancas para desplegar su liderazgo: En un contexto que es -tanto para los que dicen amar la República y para los que dicen amar otras cosas- de “baja” institucionalidad, donde las reglas cambian asiduamente o no se aplican tal como están en el texto de la norma. Aún en ese contexto puede comprobarse cómo en muchos aspectos el kirchnerismo resultó ultra-respetuoso de los mecanismos institucionales dados, y que esta experiencia de la centroderecha se ha mostrado con tanta sutileza legal (y humana, en algunos casos) como una topadora a todo lo que da.
  • El de Macri es un proyecto que apunta a una promesa de “modernización”. Y la “modernización” en la Argentina tiene una historia, una genealogía, una impronta y ciertos ecos. Escuchemos por ejemplo las palabras elegidas por Guillermo O’Donnell sobre un aspecto del período 1967-1969 “(La Gran Burguesía) aparece íntimamente enlazada al aparato estatal en sus más crudos intereses y prestándole, para ocupar las más altas posiciones en su aparato económico, ‘equipos’ conspicuamente ligados a ella…”. No todo es nuevo. Por ejemplo, hubo proyectos políticos en el Siglo XX que apuntaron a tratar de reinar excluyendo políticamente a un sector. Declarando que hay un “ismo” maldito, un sector -pero también una identidad política- innombrable. Que se permite, que es legítimo, ser todo lo demás, menos eso. Este tipo de estrategia, claro está, no ha sido aplicada por ninguno de los grandes jugadores del juego democrático desde 1983 hasta acá. ¿Hay algo de esto a lo que quiere jugar el macrismo? Sería un juego nuevo ¿y riesgoso? Si toma ese camino veremos que dinámicas desata

Y con este último punto de Nicolás volvemos al peronismo, claro. Es evidente que hay muchos sectores políticos -y sociales- en Argentina, además del gobierno de Macri, que están dispuestos, y deseosos, de colocar al kirchnerismo en esa posición que apunta N. T.: el “hecho maldito”. A todas las demás fuerzas se les reconoce legitimidad, y la condición de interlocutores (el troskismo, representado por Nicolás del Caño, es la única que se ha negado hasta ahora), menos a los K.

Entre los que pueden acompañar esta actitud, y este discurso, están también dirigentes peronistas que sospechan que perderían en una interna abierta. O aquellos que en su provincia no hay una corriente kirchnerista competitiva, como pasa hoy en Córdoba.

Esta estrategia se le aplicó al peronismo después de 1955, con los resultados que conocemos. Pero no es un mecanismo únicamenta argento, por supuesto: En Italia, ese rol le correspondió al comunismo, después de la 2° Guerra. En Francia, le cabe hoy al Frente Nacional.

La pregunta es ¿es viable esta estrategia ahora? La respuesta es, estimo, un claro NO. En los cuerpos legislativos, hay numerosos K (y otros que están dispuestos a incorporarse o acompañar, porque es un espacio interesante). Más importante aún, por 12 años el kirchnerismo ha sido el peronismo realmente existente. Hay votantes peronistas que rechazan al kirchnerismo y/o a CFK, pero es evidente que la mayoría no ¿Y cuánto tiempo perdurará ese rechazo, cuándo los temas de la realidad vayan sepultando la memoria de aspectos irritantes?

 

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