UN ARGENTINO, EN EL CENTRO DE OTRA CRISIS DIPLOMÁTICA ENTRE BRASIL E ISRAEL

Como si Brasil no tuviera en este momento suficientes problemas domésticos -políticos y económicos-, una crisis diplomática de alto voltaje con Israel se cierne ahora sobre el gobierno de Dilma Rousseff. Y en el medio del conflicto está un argentino.

Los problemas comenzaron en agosto último, cuando el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, anunció por Twitter la designación de Dani Dayan, un empresario nacido en Buenos Aires en 1955, como nuevo embajador en Brasilia, en reemplazo de Reda Mansour. Al gobierno brasileño no sólo no le gustaron las formas del aviso, sino que el candidato presentaba además un perfil muy incómodo para Brasil.

Dayan, un inteligente y aguerrido nacionalista, ha sido uno de los grandes promotores de las colonias israelíes en los disputados territorios de Cisjordania, Jerusalén Oriental y las Alturas del Golán, y entre 2007 y 2013 fue presidente del Consejo Yesha, organización que reúne a las autoridades de estos controvertidos asentamientos. Pese al carácter ampliamente religioso de las colonias, Dayan es un líder secular que vive en una de ellas, Ma’aleShomron, en Cisjordania, y se ha vuelto un vigoroso paladín internacional de esta política de hechos consumados desplegada por Israel, que es condenada por la comunidad internacional.

Brasil mismo ha reprobado numerosas veces los asentamientos y le ha pedido a Israel que congele su expansión. Asimismo, Brasil fue uno de los primeros grandes países en reconocer a Palestina como Estado (2010) y mantiene excelentes relaciones con el mundo árabe-musulmán.

Con este historial, no era de sorprender que el gobierno de Rousseff hubiera evitado hasta el momento conceder el plácet a Dayan. En términos diplomáticos, un silencio así de largo significa un rotundo no. Pero el gobierno de Netanyahu no parece dispuesto a aceptar esta decisión.

“Ellos no pueden vetar a Dayan sólo por el hecho de ser un colono. Si no lo aceptan, crearán una crisis, y es mejor que no lleguemos a ese punto”, pareció amenazar la vicecanciller israelí, TzipiHotovely, en diciembre. “Nunca en la historia tuvimos una situación en la cual un embajador no fue aceptado por sus posturas ideológicas”, resaltó.

Sus palabras enfurecieron al gobierno brasileño, que pese a las presiones se mantuvo firme en su silencio, dándole otro sentido al concepto de “paciencia estratégica” utilizado tantas veces con la Argentina. Pero al comenzar el año un grupo de 40 diplomáticos brasileños jubilados divulgó un manifiesto en rechazo de la actitud israelí. Consultado por LA NACION, el Palacio de Itamaraty se limitó a señalar: “Por la naturaleza del proceso de concesión de plácet, el Ministerio de Relaciones Exteriores no comenta el asunto”. La embajada de Israel en Brasilia tampoco quiso hacer declaraciones a este diario.

“Es una lástima, porque en otro caso la argentinidad del candidato hubiera sido una cualidad más que favorable para tenerlo aquí como embajador”, señaló a LA NACION el ex diplomático Marcos Azambuja, consejero del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (Cebri), y ex embajador en Buenos Aires.

Para Azambuja, es poco probable que la crisis diplomática empeore, que Israel se quede sin embajador en Brasil, país con el cual tiene un flujo comercial de unos 1500 millones de dólares, además de un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, y donde viven más de 100.000 judíos.

“No lo veo como un problema entre Estados, sino como un error personal de Netanyahu; derivó de su temperamento contundente y combativo. A veces se le va la mano…”, opinó Azambuja.

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