EL OCASO DE YAHOO! DICE MUCHO SOBRE LA ECONOMÍA DE INTERNET

Suelto, sin contexto, el titular es escandaloso. Yahoo! anunció que cerrará sus oficinas en Buenos Aires. ¿Cómo es posible? ¿Acaso la Argentina no es importante para el gigante de Internet?

Hay al menos una verdad a medias en esta exaltada reacción. Yahoo! ya no es un gigante de Internet. Lo fue, claro, pero hace mucho. Pergeñada en 1994 por David Filo y Jerry Yang, la compañía fue fundada en marzo de 1995, cuando Internet tenía sólo 12 años. Todavía más joven era la Web, el servicio de hipertexto creado por Tim Berners-Lee en la navidad de 1990. En enero de 1993, había sólo 15 servidores Web en el mundo. Pero en octubre el número había crecido a 500. Dos años más tarde la Web tenía más de 23.000 sitios y el número de usuarios en línea superaba los 44 millones. Ésa era la escala del territorio que Yahoo! sojuzgaría con éxito. Pero nada dura mucho en Internet, especialmente la escala.

Un persistente malentendido que rodea la historia del buscador fundado por Filo y Yang es que no era en realidad un buscador. Yahoo! nació como un directorio, una guía de sitios Web, que sus empleados escogían y clasificaban a mano. Ofrecía también búsquedas, pero no eran su negocio principal. Para el tamaño que la Web tuvo entre 1995 y 2001, la lógica del directorio tenía sentido. Pero la Web (e Internet en general) estaban a punto de explotar, y en más de un sentido.

Larry Page y Sergey Brin observaron que el crecimiento de la Web conduciría pronto a que los directorios fueran tan inmanejables como la misma Web. Las búsquedas manuales tenían, pues, los días contados. Sin embargo, las búsquedas automáticas eran por entonces muy rudimentarias. Page y Brin se preguntaron por qué y crearon un algoritmo más sofisticado. En septiembre de 1998 surgía, así, Google. Llegaban en el momento justo: a comienzos de siglo el número de sitios Web superaría los 39 millones.

La burbuja se rompe

Esta expansión, que puso en línea a 500 millones de personas en 2001 (hoy son más de 3000 millones), disparó una fiebre del oro ciega y, sobre todo, mal informada. Entre 1999 y 2001 se volcaron decenas de miles de millones de dólares en cientos de compañías puntocom (por la terminación .com de sus direcciones Web), muchas de las cuales no tenían ni siquiera el más precario plan de negocios. Esta especulación descomunal, pero hueca, conjuró una tormenta perfecta: el colapso de la burbujapuntocom, que dejó un tendal de compañías arrasadas.

Yahoo! sobrevivió al desastre, pero su acción, que había alcanzado un pico de 118,75 dólares el 3 de enero de 2000, nunca se recuperó. En septiembre de 2001, tocó un piso de 8 dólares; el miércoles, cuando anunció su nuevo plan de recortes, rondaba los 27.

Su lenta declinación, jalonada por cambios de directores ejecutivos y adquisiciones notables, tiene muchos orígenes, pero dos son clave. El primero es que la compañía no supo dejar atrás el pasado. Se aferró al concepto de portal (tal vez porque había sido pionero en eso), mantuvo su anacrónico directorio con vida hasta el 31 de diciembre de 2014, no prestó suficiente atención a los teléfonos móviles, y sigue la lista. Ni siquiera puso al día su estética.

El segundo origen tiene que ver con la extravagante economía de la Red. Por ejemplo, sólo un puñado de empresas gana dinero en línea, y lo hacen en cifras astronómicas. Apple, Google, Facebook, Amazon y unas pocas más. En cualquier otra industria semejante concentración sería inviable. Además, se mantiene el axioma de que las visitas equivalen a dinero. No siempre es así. Yahoo! está en el quinto lugar de los sitios más visitados de la Red, y pese a esto deberá desprenderse de las oficinas en Buenos Aires, Dubai, Ciudad de México, Madrid y Milán y reducirá un 15% su personal.

Consultada por LA NACIÓN, una fuente de Yahoo! respondió que no divulgaban el número de empleados de sus oficinas, “pero podemos decir que [las que cerrarán] son oficinas chicas”. En cuanto a la continuidad de sus servicios, la misma fuente dijo que en la Argentina “la oferta de productos de consumo de Yahoo! se mantiene”.

La historia de este pionero, que, según algunos analistas, quizá ya no exista como compañía independiente en dos años, sirve para replantearse si tiene sentido aquello de que la economía de Internet puede funcionar con reglas que serían disparatadas en otros negocios simplemente porque la Red es diferente. El estallido de la burbuja puntocom debió servir como una enérgica advertencia de que los negocios se basan en la racionalidad, dentro o fuera de Internet. Dato: en 2008, Microsoft ofreció 44.600 millones de dólares para quedarse con Yahoo!. La oferta fue rechazada porque “subestimaba su marca, sus audiencias y sus perspectivas de crecimiento”. Para entonces, el deterioro era irrecuperable; tanto, que Microsoft no habría ganado mucho con la adquisición.

Ocho años después, la mayor parte del valor de mercado de la compañía está en su participación accionaria en el gigante chino Alibabá. Sin embargo, Marissa Mayer, una ejecutiva que trabajó 13 años en Google, insiste con salvar el negocio online de Yahoo!. Esto es, la red de blogs Tumblr, el e-mail y las búsquedas, todos terrenos que no sólo se encuentran superpoblados y dominados por colosos, sino que ya están en el espejo retrovisor de Internet. Y en tecnologías digitales las partidas se juegan en el futuro. O se pierden irremediablemente.

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