LOS 15 AÑOS DEL “IMPUESTO AL CHEQUE”

Corría el año 2001. El presidente era Fernando de la Rúa y el sillón mayor de Economía lo ocupaba Ricardo López Murphy, quién lanzó un severo plan de ajuste. Pero la crisis, que precedió al estallido de diciembre, crecía. La fuga de capitales no se frenaba y la actividad productiva no daba señales de recuperación.

En ese escenario, el entonces vicepresidente, Carlos “Chacho” Alvarez, tuvo la idea de convocar al creador de la Convertibilidad, Domingo Cavallo, para enfrentar la crisis. López Murphy se quedó sin cargo en el vuelo que lo traía de Santiago de Chile, donde concurrió para la reunión del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El 24 de marzo de ese año, en tiempo récord y como parte del ajuste de Cavallo, se sancionó la Ley 25.413, que dio vida al popularmente llamado “impuesto al cheque”. Un gravamen que, como tantos otros “de emergencia”, tenía fecha de finalización: 31 de diciembre de 2002. En poco tiempo más, el impuesto al cheque cumplirá 15 años entre nosotros. Aporta, en promedio, el 10% de la recaudación impositiva nacional a pesar de no tener justificada la categoría de tributo, según lo que define la teoría impositiva. El fin original fue que funcionara como un indicador que le permitiese al Estado, en función de los movimientos bancarios de los contribuyentes, anticiparse de fondos para luego autorizar el descuento del total abonado en los demás impuestos.

No encaja dentro de la clasificación tributaria aceptada porque no grava al patrimonio, ni la renta y tampoco el consumo. Sólo se dispara, aplicando la tasa del 0,6%, detrás de cada movimiento bancario que hacen las personas y las empresas. La ley antievasión, que obliga a bancarizar todos los pagos mayores de $1.000, contribuye a la recaudación del impuesto al cheque. Como ocurre con toda la legislación impositiva, el tope autorizado de pago en efectivo no se ajustó desde 2001, cuestión que entorpece y encarece las relaciones comerciales entre las empresas. Y sólo se permite computar el 34% del impuesto cobrado por las acreditaciones bancarias (depósitos) como pago a cuenta del Impuesto a las Ganancias y a la Ganancia Mínima Presunta. Otro regalo del Mingo.

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