TIEMPO DE DIRIGENTES O DE ESTADISTAS

El gobierno de Mauricio Macri y su equipo han pasado varias semanas con la actitud de “vamos viendo” y sin revelar la existencia de un programa. Con sucesión de idas y vueltas han estado trasmitiendo la idea que no tienen un programa – al menos no lo tienen asimilado – y que no lo entienden necesario. Error.

En esto coinciden con Cristina y Néstor Kirchner.

Néstor no lo decía. Llevaba a cabo el “paso a paso”: ante cada problema una solución ad hoc. Si no funcionaba, empecinamiento.

Esa doctrina supone que “el mundo es redondo” y que insistiendo en la misma dirección volvemos al punto de partida. Nada de retroceder porque es confesar un error y eso es debilidad. Esa doctrina K impidió, por ejemplo, que Cristina se acercara a Once y que no hablara de ello.

Los resultados de los errores del “paso a paso” fueron acumulativos. La política de la carne, la de energía y la del INDEC, etc.: desastres acumulados que podrían haberse reparado “retrocediendo”. El empecinamiento multiplica el error del paso a paso sin plan.

Cristina abusaba de la palabra y dijo que detestaba los “planes”, y repitió el paso a paso más empecinamiento.

Mauricio, pocas palabras, pero ha renunciado a explicitar un plan; parece que no lo tiene; repite la política del “vamos viendo”. La diferencia es que Macri no se empecina. Da marcha atrás en el error puntual, pero aún no ha comprendido que el error nunca es puntual. Que es conceptual y responde a la ausencia de programa y del no cumplimiento de las etapas necesarias previas a cada decisión.

Y no nos referimos a una estrategia profunda de mediano y largo plazo. La que no existe y eso es realmente grave para el futuro habida cuenta de la densidad de los problemas estructurales.

En el corto plazo hay coincidencia generalizada en que tenemos que salir, al mismo tiempo y con urgencia, del escenario de pérdida de empleo, menor actividad económica e inflación en el que estamos hace cuatro años. Un escenario de estanflación  del que es muy difícil salir.

Y que está montado sobre el atraso de largo plazo cuyas evidencias son los millones de pobres; la pérdida de la calidad educativa; el deterioro de la infraestructura económica y social; la ausencia de inversiones reproductivas; la espantosa negatividad del comercio internacional de la industria; la primarización de la economía; la escasa y pésima oferta de bienes públicos – a pesar del crecimiento de la participación del Estado en el producto-; la regresiva distribución del ingreso en el ámbito territorial y entre trabajo y capital; y la descomunal dispersión salarial que hace que algunos gremios  tengan salarios que multiplican por 20 los salarios de un docente.

Aquí y ahora nos referimos al programa de corto plazo que tampoco existe.

El “vamos viendo”, en sus formas K o M, es una manera de escaparle a la formulación de un diagnóstico técnico y un programa, objetivos e instrumentos, y masa crítica de consenso. Esos son los cuatro pilares de una buena economía, el oxígeno de toda buena política. No hay uno sin los otros tres.

El primer paso de la construcción de una masa crítica de consenso es un diagnóstico técnico. Si no hay una percepción común de la realidad es imposible dialogar y no hay manera de acuerdo.

Eso nos pasó con la inflación hasta que Macri asumió. El kirchnerismo negaba la inflación y medía menos de la mitad de lo que todos señalaban. Y ni hablar sobre las causas. Veamos.

Son muchas. Y muchas las perspectivas y los énfasis causales en la inflación. Y todas tienen parte de verdad.

En una primera división del campo de las responsabilidades inflacionarias podríamos, simplificando al extremo, decir hay “responsabilidades de mercado (privadas) y responsabilidades de la política (públicas)“.

Para el kirchnerismo estaba excluido considerar una responsabilidad pública y de la política. Era imposible discutir de “proporciones de responsabilidades”. Y de la política.

Entonces el primer cambio realmente valioso de “Cambiemos” es que ahora el kirchnerismo denuncia la inflación y reclama por un INDEC capaz de medirla.

Un paso adelante. Obviamente los K dicen creer que la inflación la trajo Macri y que es producto de las medidas de cambio en los precios relativos decididas en estos 70 días.

El proceso inflacionario (de crecimiento sostenido) se arrastra desde 2006 y forma una capa pegajosa en el sistema de precios difícil de limpiar. Justamente la “nominalidad” de la inflación en estos 10 años no fue mayor gracias a la multitud de anclas que uso el kirchnerismo para frenar la marcha de los precios. Esas anclas son primero la del sistema de tarifas de todos los servicios públicos y cuando eso no alcanzó, instaló el ancla cambiaria.

Ese sistema provocó colosales distorsiones en el sistema de precios relativos y de asignación de recursos: una factura eléctrica costaba un quinto de una pizza de muzarela y tomate; y esa pizza, servida en Roma, costaba la mitad que en la Argentina; y una escuela privada costaba casi lo mismo que el arancel de una universidad privada en Estados Unidos, etc.

Se hizo del país, por tercera vez (J.Martínez de Hoz, Domingo Cavallo y los K)  – gracias a las anclas elementales –, el paraíso de los negocios de bienes y servicios no transables y de las concesiones (bancos, juego, concesiones públicas) cuyos precios gozan de la barrera natural de la ausencia de comercio. Detrás de todo esta estrategia implícita está la construcción de nuestra nueva oligarquía de los concesionarios que sigue fuerte en el poder.

Esta deriva de la inflación apunta a señalar que ese, y todos los problemas económicos, son multidimensionales y obligan a un diagnóstico que tenga en cuenta todas las repercusiones directas e indirectas de cada medida.

Todo programa (y por eso es esencial que exista) requiere reconocer que los objetivos deben ser multidimensionales, justamente por que las consecuencias lo son.

De nada vale, por ejemplo, la estabilidad si la actividad derrapa, o el crecimiento si derrama desempleo. Vale poco el superávit fiscal con pobreza agobiante. Una cosa es el equilibrio del Estado y otra el equilibrio de la Nación.

Llegados a este punto cabe preguntarse por qué es posible conservar “el poder” sin disponer de ninguno de esos pilares (diagnóstico, objetivos e instrumentos, masa crítica) e inclusive apostando a un solo objetivo aunque todos los demás rechinen.

Simple, paga el futuro: siempre, ese abuso de permanencia en el poder sin programa, es un proceso de descapitalización o endeudamiento o sea un problema del futuro. Es decir dos caras de la misma moneda de la irresponsabilidad. De eso se trata: programa o irresponsabilidad.

Por eso preocupa la persistencia en el rechazo a construir los cuatro pilares y objetivos multidimensionales.

Macri no ha hecho un diagnóstico, es decir, la descripción del estado de la Nación, ¿cómo saber si su equipo sabe dónde está? ¿cómo podría trazar un rumbo inteligente en esa ausencia del punto de partida?

Tampoco ha mencionado objetivos más allá de generalidades como la idea de “pobreza cero, combate al narcotráfico y fraternidad entre los argentinos”. Nadie discrepa.

Y es un avance enorme en relación al kirchnerismo que negó la existencia de la pobreza, del narcotráfico y de la necesidad de la fraternidad. Es más predicó lo contrario.

También, es necesario aclararlo, Mauricio ha manifestado la generalidad de “volver al mundo”. Y objetivamente la visita del premier italiano y de los presidentes de Francia y Estados Unidos es un mérito diplomático de primera magnitud que balancea, de manera extraordinaria, la improvisación del alineamiento infantil del kirchnerismo con China, Venezuela y el “anterior” Irán.

Improvisación que confundió independencia y soberanía – materia prima de la construcción de la Nación – con la dependencia que han generado los convenios con China y los apoyos a los horrores de la política interna del chavismo.

Ahora bien detrás de “volver el mundo” se han manifestado opiniones de alto riesgo como la adhesión sin freno al acuerdo MERCOSUR – UNION EUROPEA, la liberación del comercio y el amor sin matices a la línea de organización económica de la filosofía transpacífico. Son nada mas que declaraciones. Pero revelan una ingenuidad cuyas consecuencias pueden ser gravísimas porque las cuestiones de comercio estructuran la economía de los países. Basta recordar que las decisiones, de importar a lo bestia desde China formaciones ferroviarias completas, del entonces ministro Florencio Randazzo dieron un paso adelante en la imposibilidad de volver a reconstruir la industria ferroviaria nacional que, en cualquier programa de desarrollo medianamente pensado, tendría un lugar destacado.

“Volver al mundo” puede encerrar la continuidad de ese comercio negativo para el desarrollo (Franco Macri es importador chino) o bien todo lo contrario, es decir, lograr – como Brasil – que capitales y tecnología vuelvan a sostener el desarrollo de una industria integradora como lo sería la ferroviaria.

Sin programa no hay ni sombras de acumular masa crítica, aunque el silencio contribuya a impedir discrepancias y a disipar enojos. La simpatía no es masa crítica en términos políticos.

Paradójicamente la mayoritaria “buena onda”, que flota en torno al nuevo gobierno, deriva del silencio, de la ausencia de definiciones y de esta acción en “cámara lenta” que implica “pongo un pie” y si no se hunde sigo, si se hunde voy para atrás, gracias perdón estaba equivocado. Que es lo que hemos estado viendo en justicia, salarios docentes, impuesto a las ganancias, etc.

La pregunta es ¿cuánto puede durar la adhesión a esa cámara lenta, a tentar el pie, al silencio acerca del diagnóstico y del programa?

El gobierno parece comenzar a tomar conciencia que los cambios de precios relativos generados alentaron el proceso inflacionario heredado. Esos atrasos (los corregidos) eran inflación reprimida que debía aflorar. En todo caso hacerlo, era una razón más para tener un programa y no solo un programa de estabilización.

La reacción de estos días, destinada a cumplir la promesa de reducir el impacto del impuesto a las ganancias en los salarios mejor posicionados, sigue revelando la ausencia de un programa. Un paso adelante y otro atrás, avisa y retrocede, no señala certeza. Esa medida compensatoria a los cambios en los precios relativos es parcial y tardía.  Antecede a las paritarias y en ellas los trabajadores organizados trataran de compensar, vía salarios, los costos del desbarajuste inflacionario K y de los cambios PRO en los precios relativos.

Quedan pendientes los sectores más postergados. Y están llegando los efectos de la desaceleración de la demanda interna y la presencia de las importaciones contenidas hasta diciembre cuando, en cumplimiento, de las decisiones de la OMC, el kirchnerismo puso en marcha el fin de los controles rudos del comercio y el equipo de Mauricio entornó dubitativamente la puerta.

Justamente acerca de la puerta de las importaciones se ha suscitado la primera contradicción estructural en el poder PRO. No sólo hay una interna entre shock y gradualismo, en la recomposición de los precios relativos, sino que mientras hay funcionarios que se manifiestan a favor de contener la agresión externa a la industria que tenemos, también los hay que recitan el credo del comercio libre y de “la nueva economía” .

Esta es una contradicción de primera magnitud tanto desde el punto de vista de la concepción del desarrollo como desde el tratamiento de corto plazo para salir del estancamiento y la inflación.

En el mundo sobra oferta de industria y los socios privilegiados, Brasil y China, tienen costos internos muchos bajos que los nuestros y gobiernos dispuestos a proteger el mercado y a promover la exportación que puede abortar cualquier recuperación del nivel de actividad local.

Las vacilaciones conceptuales del gobierno son tan enormes que se ha sugerido importar  carne para bajar los precios al mismo tiempo que se subsidia a los petroleros para subirlos. Increíble.

Las diferencias en “el equipo” informan de diagnósticos y objetivos contradictorios producto del bajo nivel de conciencia de los mismos.

Para beneficio del gobierno los núcleos duros del FPV han perdido la voz cantante del relato. No hay manera de darle credibilidad a las afirmaciones de esplendor que hasta hace horas CFK repetía por cadena nacional. Los más audaces critican a Mauricio por la inflación y por la ausencia del INDEC. Tiro por la culata.

Sobre el estado de la Nación el gobierno calla. Un gran error. Sin diagnóstico no se disparan las condiciones de una buena economía y de una buena política.

¿Calla porque no sabe? ¿Es decir está sorprendido por la herencia?

¿O porque quiere, pero teme no poder infundir la confianza necesaria para conducir la solución? ¿O porque no puede, a causa de no tener la capacidad para diagnosticar la realidad y teme convertirla en un lamento de quejas sin explicación?

El silencio sobre el estado de situación complica la realidad. No es inocuo. ¿A qué responde?

El oficialismo parece igualar el método de acceso al gobierno con el método mediante el cual el poder se realiza. La conquista del gobierno, en la democracia mediática, tiene una componente de marketing. Pero en el inventario de los trucos publicitarios PRO no figura el servicio que les brindó CFK al entregar la provincia de Buenos Aires poniendo a Aníbal Fernández. Ese triunfo vino gratis. No fue el marketing, “somos buenos, lindos, jóvenes y no criticamos”, la causa de la derrota del FPV. Es cierto que ese maquillaje le permitió estar cerca cuando se hizo el vacío de la derrota bonaerense.

No es lo mismo ganar que el hecho de que el otro pierda. El PRO cree que ganó por marketing y parece creer – es lo que trasunta – que se puede gobernar con marketing y gestos en cámara lenta. Dos errores del mismo profeta berreta.

Al gobierno lo perturba una confusión básica acerca de la crisis del anterior oficialismo. En realidad el peronismo se está sacudiendo la modorra que le hizo perder parte del poder territorial, alejar del poder sindical, abandonar sus banderas tradicionales.

Es cierto que para sobrevivir donde está instalado necesita de la ayuda federal y Macri cree que las concesiones que realiza le brindarán, no sólo unos votos en el Congreso, sino una avenida de acceso a una construcción permanente para un nuevo paradigma político. Es un gravísimo error.

Lo único que podría darle la razón es que, por tercera vez (primero menemismo, después kirchnerismo), los dirigentes peronistas empiecen la búsqueda al revés, por el camino inverso. La tercera es la vencida.

¿Cuál sería el camino derecho? Primero, recuperar las banderas tradicionales volver a ser el partido de la producción; y consecuentemente recuperar la energía de la columna vertebral del movimiento obrero; y finalmente plantear la estrategia de la integración territorial. Cualquiera que recorra el camino correcto podrá acumular masa crítica, sin duda dentro del peronismo, pero también fuera de él porque esa línea, más allá de los acentos, responde a las necesidades de un país primarizado, con alta exclusión y desintegrado territorialmente.

El primer paso de Macri, si quiere construir poder, es apelar a ese programa de la necesidad de los argentinos que no es, no ha sido nunca, lo que dicen las encuestas acerca de lo que “la gente” quiere. Por ahí pasa el consenso  de largo plazo y alejarse de la irresponsabilidad del “vamos viendo”.

Es un problema de la concepción del tiempo en política. O la diferencia de la medida del tiempo que valoran los dirigentes del presente y la que construyen los estadistas del futuro. Encuestas o necesidad.

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