DEUDA: CAÑO, AGUJEROS Y CALIDAD

Estamos en camino a la salida del default luego de varios intentos fallidos de todos los ministros de la anterior gestión.

Desde 2003 tropas de plomeros se propusieron tapar los agujeros de un caño con perforaciones de enorme magnitud. Ninguna terminó de cerrarlo. El default es como un agujero en un caño que lo termina pudriendo.

Ahora,  con el concurso de gran parte de la oposición, están dispuestas las vituallas y materiales para que una nueva cuadrilla, más liberal que keynesiana,  procure tapar los agujeros que faltan para salir del default.

La autorización es el lógico producto de una coincidencia histórica porque peronistas kirchneristas, kirchneristas cristinistas, cristinistas liberales y cristinistas marxistas de Grucho desde 2003, todos, coincidieron en tratar de pagar. Y también lo hizo el equipo económico que perdió las elecciones, Miguel Bein y David Blejer. Ellos propusieron, en campaña, la quita de 30 por ciento a los buitres para cerrar el default.

Todos los pasos dados desde 2005 fueron meritorios pero fracasaron en el único propósito lógico: sacarnos del default.

Es más, la presión con que se taparon algunos agujeros (ley cerrojo) hizo el campo orégano para que los buitres compraran, por monedas, títulos de valor facial legalmente plenos. “Espalda que no se quiebra se endereza”

Luego se diseñó el llamado “camino de Boudu”. Lo emprendió, cayado en mano, Axel Kicillof. Pagó a REPSOL más de lo que valía computando las fallas contractuales adecuadamente; pagó al Club de Paris sin lograr la más mínima quita; y pago juicios del CIADI, prorroga de jurisdicción que nunca otorgó Brasil.

No haber salido del default – y necesitar dólares – obligó, a la gestión anterior, a endeudarse caro con Venezuela; y peor, con la República Popular China que asoció su crédito a enormes condicionalidades y con legislación británica.

Desde 2003 todos apostaron a salir del default. Ninguno lo logró.  El caño no se reparó. Y algunos incrementaron la deuda externa (p.ej. REPSOL, China).

La propuesta actual también es incompleta. Pero puede ser que la cuadrilla de Alfonso Prat Gay termine con el default que Cristina Kirchner exploró, sin resultado, después de la sentencia.

Con todos los pagos hechos por el FPV habría sido grosero negarse a terminar lo que ellos mismos empezaron. Ninguno de ellos hubiera podido decir “no que hay salir del default” porque pusieron miles de millones de dólares para tratar de cerrarlo y todo ese dinero, hasta ahora, ha sido inútil porque el default sigue en pie.

Votar negativamente a la propuesta es votar por seguir en default por lo menos por los próximos cuatro años.

No salir del default tiene costos. El primero, es la continuidad de la cautelar que impide pagar a los bonistas  canjeados, lo que hace muy probable la aceleración de la deuda canjeada. Un desastre.

El segundo costo es que el taxi de la deuda con sentencia es carísimo, y aquella que espera tener sentencia puede serlo, y todo acrecentará el stock de deuda haciendo que la financiación para la Argentina se encarezca aún más.

El tercer costo es que, dado el déficit fiscal, comercial externo y de expansión monetaria obligada – que esta gestión trata de compensar con la tasa de interés – la economía, de seguir en default, acrecentará sus desequilibrios. Salir del default tampoco resuelve los desequilibrios sino que no los acrecienta, lo que no es lo mismo.

Pero no salir del default es muchísimo más caro que hacerlo aún de la manera cara que propone esta cuadrilla tapa agujeros del PRO que es la elegida por los ciudadanos para hacerlo. El equipo de D. Scioli hubiera hecho lo mismo.

¿El costo presupuestado para tapar los agujeros que quedan resiste el análisis comparativo?

Primero, las tasas de interés que paga el país son mayores que la que pagan los vecinos, eso refleja el default y no nuestra capacidad de pago. Segundo, esa tasa, es mayor que el crecimiento posible del PBI en dólares lo que la hace crecientemente gravosa. Por ambas razones este arreglo es caro en términos relativos. Y además, por ahora, incompleto. Depende que puedan atar lo que falta.

La “comparación política” corresponde a la relación entre lo que pagamos, desde 2005 hasta 2014 para tapar los agujeros anteriores.

Los análisis financieros comparados, usando como metro patrón la quita (el costo) final del Canje 2015 – que hubiera sido como quita mucho menor si el INDEC no hubiera falsificado la tasa de inflación con que ajustaban unos cupones del Canje –  demuestran que, si se materializa la salida del default tal cual esta propuesto, su costo será aproximadamente igual o menor al del Club de Paris, pero mayor al del Canje2005. Pero este arreglo, hay que considerarlo, se formaliza luego de una sentencia adversa.

El arreglo es caro, es incompleto, pero puede sacarnos del default. La situación posterior será mejor que la actual y mucho mejor de la que podríamos atravesar si no intentamos salir del default.

¿Las malas noticias? Hay de dos tipos, coyunturales y estructurales.

La  primera coyuntural de política macro fiscal. Es un verdadero escándalo que – con este enorme déficit fiscal – se subsidie el barril de petróleo a las empresas petroleras, la mayor parte extranjeras, que producen a ese precio en otro países. Una de ellas en 9 meses – con el barril en baja – ganó 4 mil millones de pesos en 2015. Repsol compró YPF en los 90 a 20 dólares el barril. ¿Cuánto aumentaron en dólares los costos para tener que subsidiar a las petroleras? Son más de 3 mil millones de dólares en un año. Un escándalo que empezó con Kicillof.

La segunda coyuntural de política macro monetaria. Es el escándalo de la emisión de 100 mil millones de pesos para pagar a los especuladores del dólar futuro que comenzó Alejandro Vanoli. El ministro Alfonso Prat Gay hizo una denuncia penal por el dólar futuro e igual pagamos una pérdida que lleva la tasa de interés al 38 por ciento anual. Escandaloso.

Y doblemente escandaloso cuando se propone endeudamiento post default para paliar el déficit fiscal sin acudir a la emisión.

El Congreso debe exigir información y reparación de ambos desaguisados.

La primera estructural es la cuestión de la deuda. No es posible que el parlamento no profundice las investigaciones del Juez Jorge Ballestero que  han demostrado la ilegitimidad de una parte sustancial de la misma. Seguramente es sólo una reparación moral. Pero en esto, aunque no sea posible la recuperación patrimonial, la recuperación moral es imprescindible porque nuestra sociedad necesita develar la trama de corrupción que también se ha orquestado detrás de la deuda externa que, desde 1976, tanto daño nos ha causado.

La segunda estructural es la de la calidad del caño. La estructura de la economía argentina. Esta estructura, este caño, es de una calidad tal que se volverá a romper aun saliendo del default. Porque se trata de un caño de mala calidad. De una economía estructurada para la deuda.

Desde 1976 la economía nacional fue reestructurada para conformar una “economía para la deuda”. Y hasta hoy no fue reestructurada.

Desde 1976 y hasta 2002, la deuda externa año a año financió la sustitución de producción nacional por producción importada. La deuda se refinanció con deuda. Los dólares que ingresaban monetizaban el excedente económico nacional (“el ahorro”) para permitirle la fuga del sistema. El stock de capital fugado al estallar la crisis de 2002 era idénticamente igual al stock de deuda externa.

Por la fuga, el excedente económico nacional no se materializó en inversiones, que es el destino natural del excedente. La ausencia de inversiones implica una tendencia natural al incremento del déficit fiscal. Cuando las inversiones concretadas están por debajo de las inversiones potenciales (que deben sumar a las concretadas el excedente fugado) se produce el fenómeno del subempleo y su correlación de precariedad social. La contrapartida es, por un lado, la necesidad del aumento del gasto social compensatorio (en miles de formas) y por el otro la reducción del potencial de capacidad contributiva por ausencia de inversiones y de capital fugado.

La deuda externa, finalmente, genera déficit fiscal (ausencia de inversiones) y déficit externo (incremento de importaciones) y ambos déficits establecen las condiciones para justificar la continuidad del endeudamiento.

Eso es lo que pasó hasta 2002.

Luego se impuso el default y la devaluación. Los términos del intercambio ultrafavorables, en ese contexto, generaron los superávit externo y fiscal.

Sin embargo la fuga del excedente continuó financiada por la soja: sumamos 100 mil millones de dólares en la era K al stock de capital fugado. Continuó la ausencia de inversiones, la economía se primarizó, el PBI industrial por habitante de 2014 es igual al de 1974, la pobreza esta estancada en el 30 por ciento de la población, y para salir del default y de los desequilibrios fiscales y monetarios, nos dicen que nos volveremos a endeudar.

El remedio no es alimento del cuerpo. Hay que cambiar el caño. Es imprescindible una estrategia de desarrollo, consensuada para el largo plazo, que antes que atraer capitales foráneos sea capaz de retener en casa el excedente económico que se genera en el país. Nadie va a entrar, ni nadie va a volver hasta que no se terminen las razones para irse y empiecen las para quedarse.

Y lamentablemente con lo hasta aquí hecho y los anuncios y las ingenuidades del Tratado de Libre Comercio con China, USA, la UE, sin tener la más mínima estrategia para el desarrollo nacional, seguirá en pie el proyecto ajeno y no el propio.

El Congreso aprobando el acuerdo tiene la obligación de controlar los desaguisados fiscales y monetarios cometidos, continuidad del kirchnerismo; y exigir la investigación de la deuda y el diseño de una estrategia de desarrollo propia. Entonces habrá vuelto el vigor Parlamentario para mejorar la calidad de la estructura económica, eludir la condena de la deuda y dejar de vivir tapando agujeros.

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