TRUMP, A LA MEDIDA DEL PARTIDO

Los republicanos del establishment que se horrorizan con el ascenso de Donald Trump deberían tomarse un momento para recordar el furcio que se oyó en todo el mundo, la frase que Marco Rubio no pudo dejar de repetir en un debate crucial, lo que lo expuso a un ridículo devastador e hizo que su campaña cayera en una espiral mortal. El comentario decía así: “Terminemos con la ficción de que Barack Obama no sabe lo que hace. Sabe exactamente lo que hace”.

La insinuación clara, aunque gramaticalmente incorrecta, era que todas las cosas malas que, según los republicanos, ocurrieron durante la presidencia de Obama –en particular, la supuesta disminución de la importancia de EE.UU. en el mundo- son resultado de un esfuerzo deliberado para debilitar al país. En otras palabras, el favorito del establishment para la candidatura republicana, el hombre que la revista Time puso en su portada con la leyenda “El salvador republicano”, deliberadamente utilizaba el estilo paranoico de la política estadounidense. Sugería que el presidente en ejercicio es un traidor. Y ahora el establishment está escandalizado de ver a un candidato que hace el mismo juego pero sin timidez.

¿Por qué? La verdad es que el camino hacia el trumpismo comenzó hace mucho, cuando los conservadores del movimiento -combatientes ideológicos de la derecha- tomaron el control del partido. Y verdaderamente fue una toma de control total. Nadie que quiera hacer carrera en el partido se atreve a cuestionar ningún aspecto de la ideología dominante por temor no sólo a tener rivales en las primarias sino también a la excomunión. Se puede observar cómo se perpetúa el poder de la ortodoxia en la forma en que todos los precandidatos republicanos que sobrevivieron, incluido Trump, obedientemente han propuesto enormes rebajas de impuestos para los ricos, aun cuando la gran mayoría de los votantes quieren que se aumenten los impuestos a las personas de altos ingresos.

¿Pero cómo hace un partido enamorado de una ideología impopular –o, en todo caso, una ideología que a los votantes les disgustaría si supieran más de ellapara ganar elecciones? La confusión ayuda. Pero la demagogia y las apelaciones al tribalismo ayudan más. Los comentarios raciales dirigidos a un grupo de votantes y no a otro y la insinuación de que los demócratas son anti-americanos cuando no traidores activos no son cosas que pasen cada tanto, son parte esencial de la estrategia política republicana.

Durante los años de Obama, los dirigentes republicanos subieron el volumen de esa estrategia al máximo. Los republicanos del establishment en general evitaban decir abiertamente que el presidente era un ateo islámico de Kenia que era amigo de terroristas pero tácitamente alentaban a los que lo hacían y aceptaban su apoyo. Y ahora están pagando el precio. Porque la presunción en que se fundaba la estrategia del establishment era que los votantes podían ser engañados una y otra vez: ser convencidos de votar a los republicanos por odio a Esa Gente e ignorados después de la elección mientras el partido se ocupaba de sus verdaderas prioridades, las que favorecen a los plutócratas. Y ahí entra Trump, convirtiendo las insinuaciones en gritos perfectamente audibles. Y el establishment está siendo destruido por el monstruo que creó.

Terminemos con la ficción de que el fenómeno Trump representa cierto tipo de intrusión impredecible en el curso normal de la política republicana. Por el contrario, el Partido Republicano hace décadas que alienta y saca provecho de la furia que ahora lleva a Trump a la candidatura. Esa furia estaba destinada a salirse del control del establishment tarde o temprano. Donald Trump no es un accidente. Su partido se la buscó.

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