LA HISTORIA DEL CURA BROCHERO Y EL MONTONERO GUAYAMA

José Gabriel del Rosario Brochero, el cura gaucho que será canizado en breve y se convertirá en el primer santo argentino, vivió una historia increíble con el jefe de los montoneros, José Santos Guayama, que terminó de la peor manera y lo sumió en la tristeza.

Es que el sacerdote de a caballo, gran conocedor de la zona de Traslasierra, creo un centro de Ejercicios Espirituales en la Villa del Tránsito, en las sierras de Córdoba, promediando el año 1877.

Sus colegas domínicos y jesuitas fueron los primeros en asistir a presenciar aquella obra que, según cálculos estimados entre 1877 y 1927, vio pasar unas 73.518 personas, establecieron los historiadores de la época.

Pero su creador tenía previsto abrirlo con uno de los hombres de más prestigio de la zona, entre ellos Guayame, pese a ser un ladrón de ganado, perseguido por la Justicia pero de gran predicamento entre los gauchos y los huarpes de los que tenía linaje.

El Jinete Rebelde, como lo llamó el historiador contemporáneo Hugo Chumbita, era, luego de pelear con el Chacho Peñaloza y Felipe Varela, el líder de los refugiados en la Laguna de Ganacache ya que fue otro de los tantos Robin Hood del país.

Guayama era llamado “el hombre que murió nueve veces” y a ese mote impresionante contribuyó oficialmente la policía de San Juan y La Rioja que emitieron sendos comunicados para informar que habían abatido al gaucho, una y otra vez.

Brochero no tuvo ninguna duda y lo fue a buscar desde Córdoba a La Rioja y deambuló por allí, donde podría encontrarlo, de pueblo en pueblo hasta dar con los amigos del buscado.

El ganado era todo cimarrón en la Argentina hasta que apareció el alambrado, justo en esa época, por lo que su robo era una cuestión bastante relativa y propia de la Argentina liberal que se levantaba aún contra la libertad de los gauchos.

Las amistades se encadenaron hasta que el cura pudo conseguir un encuentro con Guayama y allí el fugitivo recibió el pedido del hombre de Díos.

El cura le garantizó al indígena una estancia hasta el final de sus días, la legalidad, una vida tranquila vía indulto y un salvo conducto.

Para llegar a ese ofrecimiento el cura gaucho se encontró con diversos líderes políticos y militares del país, al punto que el ministro de Guerra, Julio Argentino Roca, le dijo que no lo interceptaría si fuera a la residencia religiosa.

Pero el funcionario conocido después de sus dos presidencias como El Zorro agregó que no podía garantizar que el sistema judicial no buscase al huarpe.

Luego del encuentro de Guayama con Brochero, el originario parece que distendió sus sistemas de defensa y una noche, en San Juan, lo apresaron y lo llevaron a un cuartel.

La noticia corrió como un reguero de pólvora y al enterarse, Brochero se movilizó aún más para obtener el indulto del hombre que ya iba a seguir peleando por lo que la decisión quedó en manos del presidente, Nicolás Avellaneda, y su ministro del Interior, Domingo Fausitino Sarmiento.

Aún cuando la pena de muerte fue abolida hacía más de 50 años, Guayama fue fusilado en el cuartel de San Clemente el 4 de febrero de 1879. Al enterarse de tan lamentable e inicuo procedimiento, Brochero lloró su pérdida como si se tratara de un familiar.
Así terminó uno de los capítulos menos divulgados pero no menos encantadores del cura Brochero y del gaucho montonero José Santos Guayama.

Nunca más se hicieron oír las montoneras por los llanos tras la desaparición de Guayama.

Y Brochero terminó sus días quemado por su inconmensurable caridad tras haber atendido a un enfermo de lepra, y por haber compartido un mate amargo con él, por lo que contrajo esa enfermedad.

Con ese mal a cuestas el sacerdote que ahora será santo murió en 1914, ciego y sordo en un convento de España donde lo llevaron para intentar curarlo.

En cambio tras su fusilamiento, Guayama creció dentro de su propia leyenda y parece que, según la misma, desde el más allá se dedicó a curar enfermos y hacer otros milagros y en ese rubro compitió durante muchos años con el cura Brochero.

Se el primero en comentar en "LA HISTORIA DEL CURA BROCHERO Y EL MONTONERO GUAYAMA"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*