LECCIONES DE NUESTRA NOCHE MÁS NEGRA

Hay fechas que son emblemáticas, porque encierran hechos que marcan cambios radicales en nuestras vidas, individualmente y como sociedad. El 24 de Marzo, se conmemoró los 40 años del más dramático golpe de Estado que sufrió nuestro país, que instauró una serie de gobiernos que violaron todos los derechos y garantías, en un plan sistemático llevado a cabo por las Fuerzas Armadas con complicidades civiles que buscó el aniquilamiento de toda oposición, disenso y pensamiento crítico, materializado en detenciones ilegales, torturas, asesinatos, robos de bebes nacidos en cautiverio y la desaparición de personas por cuyo paradero se sigue reclamando.

El golpe de 1976 debe ser recordado como la afrenta más grave hacia el estado de derecho y la juridicidad. Un golpe de Estado que se torna más cruento porque desestabilizó el sentido común, ya que justamente quien está destinado a proteger nuestros derechos se convirtió en delincuente que torturó y asesinó con el agravante de haberlo hecho en forma clandestina.

Aprender las lecciones de la historia exige mucho más que un acto de recordación. Es recordar a las víctimas y repudiar y castigar a los victimarios. Es reconocer la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y de muchos otros organismos de derechos humanos. Reclama comprometerse cotidianamente con el fortalecimiento del sistema democrático, con el apego a la ley, el rechazo a toda forma de violencia, el libre debate de ideas, la convivencia de la diversidad y el respeto a las diferencias. Tener un compromiso ético con la memoria implica defender esos principios, educar a las nuevas generaciones en su observancia, trabajar en la construcción de una sociedad más justa y más fraterna donde nunca más se violen los derechos humanos y nunca más exista el terrorismo, la violencia institucional y el totalitarismo, donde desenterremos la impunidad.

A 40 años del comienzo de la noche más negra de nuestra historia se nos impone recordar, homenajear y reflexionar. En 1994, nuestra Constitución incorporo con jerarquía constitucional una serie de tratados internacionales de derechos humanos. El ex presidente Raúl Alfonsín, impulsor de la reforma, expresó que ese “es sin duda uno de los aportes más valiosos a la profundización de nuestra democracia. La justificación del propio sistema democrático radica en ser el medio más idóneo para la protección y promoción de estos derechos inalienables y de la dignidad humana.”

Debemos pensar a los derechos humanos y a la democracia como mecanismos de resolución de conflictos y de acceso a la justicia, como herramientas de defensa de los más débiles. Deben ser pilares y ejes de una política integral de cambio cultural.

A 40 años del golpe de 1976, se nos impone superar las diferencias y trabajar todos juntos en la construcción de una sociedad pacifica, apegada a la ley. La democracia es una tarea siempre inconclusa y por eso mismo debe ser defendida constantemente. La democracia es sobretodo Vida, Libertad y Justicia, y son estos los valores por los cuales debemos trabajar permanentemente. Esta es la lección suprema que debemos aprender en este aniversario.

Claudio Avruj es Secretario de Derechos Humanos de la Nación

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