LOS 40 AÑOS, DESDE LA VIVENCIA MILITANTE

Como militante político me tocó vivir de distintas maneras una fecha tan fuerte como el 24 de marzo. Tuvimos momentos de entusiasmo, donde la bandera de los derechos humanos parecía contar con mayor cantidad de manos para llevarla bien alto. Y hubo otros momentos más complejos, donde esa misma lucha pareció quedar solamente en manos de los organismos de DDHH y un puñado de dirigentes políticos, sociales y sindicales.

Es imborrable para mí el recuerdo del primer 24 de marzo después de la recuperación de la democracia. Las Juventudes Políticas habíamos organizado dos actividades (yo iba en representación de la Juventud Peronista). Una, el 23 de marzo, en una multisectorial junto a la APDH, la FUR y la CGT. La consigna era: “Contra el golpismo. Por la defensa y afianzamiento de la democracia”. Pero lo más fuerte fue el 24 de marzo: ese día convocamos a una marcha que arrancó en la Plaza Pringles y terminó en el Monumento a la Bandera. En un momento de la marcha se sumó el ex intendente de Rosario Horacio Usandizaga. La consigna fue: “Por la vigencia de los gobiernos constitucionales”. Parecía mentira, pero estábamos en democracia.

Pero cuando llegó el 24 de marzo de 1986 las presiones para frenar el impulso inicial alfonsinista ya eran evidentes. Nosotros habíamos seguido con atención y emoción el Juicio a las Juntas. Pero el poder militar y los grupos empresarios más conservadores ya hacían oír sus críticas y empezaban a plantear lo que luego serían las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Los medios de comunicación más poderosos transitaban el mismo camino.

Así llegamos a la conmemoración de los 10 años del golpe. Con avances, pero con presiones fuertes para consagrar un esquema jurídico que facilite la impunidad de los genocidas. Yo por esos años era un militante de la Juventud Peronista vinculado a las nuevas corrientes de pensamiento y organización impulsadas por Antonio Cafiero y la “Renovación Peronista”. Como las veces anteriores, acompañé la marcha en Rosario que terminó – esta vez – en la Plaza Sarmiento, convocada por el Movimiento Multisectorial Rosarino. La concurrencia estaña mayoritariamente integrada por organismos de derechos humanos y dirigentes políticos comprometidos con la causa, sin la masividad que hoy conocemos. La consigna era clara: “Memoria y alerta contra los golpes de estado”.

Diez años después, la cosa había cambiado y mucho. Se había acabado el fervor de los primeros años de la democracia. Para los actos del 24 de marzo de 1996, a las leyes de Punto Final y Obediencia Final, Menem le había agregado su cuota de perversión: los indultos. Los genocidas estaban en las calles, iban a los mismos bares y restaurantes que cualquier argentino. Muchos cuestionamos públicamente esa medida. Como Presidente del Concejo Municipal acompañé las marchas contra el indulto y las leyes de impunidad. Pero en 1996 ya no era más concejal y Menem venía de ser reelegido el año anterior.

Ese 24 de marzo estuve en la marcha en Rosario y en el acto realizado en la Plaza 25 de Mayo, mayoritariamente compuesta por militantes de organismos de derechos humanos y pocos dirigentes políticos. La novedad de esa conmemoración en Rosario fue la participación de la agrupación HIJOS. Aunque las Madres, las Abuelas y los Familiares nunca bajaban los brazos, el clima imperante era de derrota cultural. El relato hegemónico planteado en los medios de comunicación era el de la “Teoría de los dos demonios”.

Pero llegó Néstor Kirchner a la Presidencia. Y, en ese marco, en 2006 conmemoramos los 30 años del golpe. El relato oficial ya no era el de la “Teoría de los dos demonio”. Las leyes de Obediencia Debida y Punto Final ya no estaban vigentes. La ESMA ya estaba en manos de los organismos de derechos humanos. Ya no había cuadros de genocidas en el comedor del Colegio Militar de la Nación. Muchos cambios en muy poco tiempo.

Personalmente, viví ese 24 de marzo de una manera muy especial. Desde el 10 de diciembre de 2005 era diputado nacional por Santa Fe y gracias a la confianza de Néstor empecé a presidir el bloque del Frente para la Victoria. En ese marco, me tocó impulsar la aprobación del proyecto de ley para establecer el feriado nacional por el “Día de la Memoria, por la verdad y la justicia”. La iniciativa, que se aprobó con los votos aportados por nuestro bloque, fue rechazada por casi todo el arco opositor que, paradójicamente, dijo compartir sus fundamentos.

La decisión de convertir el 24 de marzo en feriado nacional inamovible fue una decisión correcta. Permitió que las movilizaciones volvieran a exhibir un alto nivel de masividad y contundencia política, con altísima presencia de jóvenes que nacieron en democracia. Desde que es feriado nacional, el Día de la Memoria es una jornada distinta. El 24 de marzo no es lo mismo que el 23 o el 25.

Y llegamos al 2016. En lo particular, este 24 de marzo va a ser muy particular. La voluntad popular nos puso en el lugar de oposición al gobierno de Mauricio Macri. Pero tenemos que representar cabalmente a los argentinos que nos votaron en las últimas elecciones, para los que los derechos humanos significan mucho. Desde allí acompañaremos, una vez más, los actos de conmemoración por los 40 años del golpe.

Como militantes políticos tenemos que convertir este 24 de marzo en un plebiscito para reafirmar la adhesión del pueblo argentino a la plena vigencia de las políticas de “Memoria, Verdad y Justicia”. El contexto no será fácil. Hay demasiadas señales “no positivas” por parte del gobierno de Macri. Pero supimos tener contextos más adversos. Si no me creen, pregunten a las Abuelas y las Madres. Ellas sí saben cómo resistir y llevar bien fuertes las banderas de “Memoria, Verdad y Justicia” en circunstancias difíciles.

Ex Ministro de Defensa de la Nación

 

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