MANTEROS: DE LA ANTIGÜEDAD TARDO-ROMANA HASTA NUESTROS DÍAS

Quién circula por las calles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sobre todo si lo hace caminando, se encuentra, inexorablemente, con una enorme cantidad de comerciantes no registrados como tales que ofrecen diferentes tipos de mercaderías, desde frutas y verduras hasta textiles y una diversa cantidad de artesanías que pueden incluir hasta un retrato del eventual cliente dibujado sobre la marcha.

Se trata de los llamados “manteros” que desarrollan sus tareas, especialmente, en las zonas más transitadas de la urbe porteña, en particular en las zonas céntricas como la calle Florida, en toda su extensión, y parte de su continuación, Perú, o en la vecindad de grandes terminales del transporte interurbano como las estaciones de tren de Constitución, Chacarita, Once y Retiro.

La suba de los precios en los negocios formales ha hecho que la proliferación de estos “manteros” se haya convertido en algo muy importante, sobre todo, en ciertos rubros, como en el mencionado de frutas y verduras, o la venta de pañuelos de papel, cordones de zapatos, calzados de segunda mano y similares por los lustrabotas, todo lo cual genera el reclamo de los comerciantes instalados que deben pagar impuestos y alquileres.

Pero no se trata de un fenómeno exclusivo en el ámbito de la CABA y de otras importantes ciudades argentinas, sino que es algo que se viene expandiendo por toda América Latina desde hace décadas y que, en los últimos años también se verifica en casi todo el mundo, incluyendo algunas de las más importantes economías del planeta, como las de Europa Occidental y los Estados Unidos de América.

Corresponde acotar, sin embargo, que la aparición de los “manteros” no es una cuestión propia de nuestros tiempos de las últimas décadas del pasado Siglo XX y del actual Siglo XXI, sino que es propia de diversas etapas de la historia económica universal como lo señalan algunos historiadores, destacándose la importante académica Dame Averil Millicent Cameron, de la Universidad de Oxford.

Cameron, en su libro “El mundo mediterráneo en la Antigüedad  Tardía 395-600”, período en el que destaca la proliferación del comercio callejero en las antiguas ciudades del Imperio Romano, habla tanto de una como de la otra de las partes producto de su división muy previa al 476, así de la aparición de los que en términos del porteñismo se dio en llamar “conventillos”, aparecidos en la Argentina como consecuencia de la fiebre amarilla a fines del Siglo XIX.

La crisis del Imperio Romano, sobre todo luego del fallecimiento del emperador Aurelio Valerio Diocles (Diocleciano), quién implementara una suerte de impuesto a la renta potencial durante el Siglo III, denominado “capitatio iugatio” (capital y trabajo), y su partición en Oriente y Occidente, hizo que las calles se poblaran de campesinos urbanizados que llegaban desde la periferia, los “bárbaros” (barbaroi en griego significa extranjero).

Viejas casas señoriales eran ocupadas por numerosas familias que concurrían desde diversas zonas del Imperio y llegaron a constituir una cifra importante, sobre todo por su incorporación al ejército imperial al punto de que la caída del último emperador, el hoy francés, Flavio Rómulo Augusto, conocido despectivamente como “Rómulo Augústulo” se debió a una rebelión de uno de sus generales, el hérulo (hoy húngaro)  Audawakrs (Odoacro).

Odoacro estaba encargado de la represión de los asaltantes de caminos que cobraban “impuestos” a los transeúntes, tarea que cumplía al servicio del estado imperial encabezado por el mencionado Rómulo Augústulo hasta que un día cambió de opinión y destituyó a éste; no existió una invasión de los bárbaros sino que, la de 476, que puso fin del Imperio Romano de Occidente, fue una rebelión de un general romano de origen bárbaro por problemas salariales.

En tanto la existencia de los “manteros”, como ahora se los identifica en la Argentina, se fue expandiendo por las más importantes ciudades del Imperio, incluyendo no solamente las europeas sino también a las asiáticas y africanas, como la histórica Cartago, la de las “Guerras Púnicas” durante las cuales el gran general Aníbal Barca puso en peligro la propia supervivencia del luego Imperio Romano cuya máxima extensión se alcanzó en 117.

Se el primero en comentar en "MANTEROS: DE LA ANTIGÜEDAD TARDO-ROMANA HASTA NUESTROS DÍAS"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*