SOBRE LA INFLACION Y EL ESPIRAL “FUYI”

La Argentina es un país conformado por una clase política que busca acuerdos y toma decisiones trascendentes, como lo que está aconteciendo en el Congreso con el fin de procurar la aprobación en este caso, de la propuesta de liquidación del pleito con los holdouts y concluir de esta manera la insostenible situación de “país en default”.

Desde estas páginas he señalado que el pago a los acreedores es la única salida y que la negociación que ha seguido el Ministro Prat Gay ha sido la mejor que se podría imaginar. Se pone fin a un proceso que no debió ser tan oneroso para el país y comprometer una nueva deuda para pagar un monto que solo la inacción del gobierno anterior y el transcurrir del tiempo la llevaron a 11.684 Millones de dólares. Demos vuelta la página. ¿Pero la damos vuelta realmente?

Mientras transcurre la negociación con Senadores y Gobernadores, después de haber obtenido la media sanción de Diputados, quienes acuerdan carecen de cifras que revelen cual es la verdadera inflación Argentina. Cual es el verdadero déficit fiscal, cual es el nivel desempleo, cual el de la pobreza y cual el de la marginación social. Asimismo, mientras eso ocurre el país de entera del discrecionalismo con el que la AFIP permitió a quien ni siquiera está registrado como “Gran Contribuyente” que acumulara una deuda de $ 8.000 Millones, mientras que quien se atrasa en una modesta cuota de Bienes Personales, IVA o Ganancias, recibe una intimación de pago con amenaza de embargos. Y finalmente, quienes discuten y acuerdan, ¿conocen realmente el monto de la deuda externa, interna e intraestatal, con el adecuado cálculo de nuestra capacidad de repago de la misma?

En definitiva, que aún no ha salido el Proyecto aprobado y cuando salga el Presidente habrá cedido a las exigencias de quienes le piden más fondos presupuestarios (legítimos en el caso del 15% de la ANSES) y la aquiescencia para colocar deuda en el mercado internacional. Está bien el Congreso cuando asume un rol constitucional que no le dejaron ejercer en el pasado respecto de su responsabilidad en los temas de la Deuda (Art.75 apartado 7), pero está mal que esa intervención no se haga por virtud republicana sino por necesidades jurisdiccionales.

Ya la Provincia de Buenos Aires colocó un Bono 2024 con cupón al 9,125 amortizable por tercios en 2022, 2023 y pago final 2024 por 1.250 millones de dólares y están haciendo fila otras jurisdicciones, incluyendo la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que anuncia una emisión de 400 mills. de dls.

En resumidas cuentas, lo que quiero decir es que están “conjugando en tiempo presente” sin pensar en el “tiempo futuro”.

Endeudarse no está mal si es para financiar inversiones, ¿pero a cualquier tasa? ¿no debiera Argentina crear las condiciones de países vecinos que consiguen fondos entre el 4 y 5 % anual y a largos plazos, como es el caso de Uruguay, Chile, Perú?

Pues bien, si esto es así, el primer deber de quienes nos gobiernan es bajar la inflación para atraer corrientes de capitales que aumenten nuestra productividad y nos hagan más competitivos en el mundo. Y este sayo le corresponde desde el Intendente del pueblo más modesto, hasta al propio Presidente de la República que además de su responsabilidad debe comprometer la cooperación de la dirigencia política del signo que sea. Sin estabilidad no habrá crecimiento, ni expansión de los ingresos ni pleno empleo.

Ahora bien, como no tenemos INDEC confiable y mucho no se está haciendo que se sepa para jerarquizarlo, será difícil bajar la inflación, digamos en cuatro años a menos de dos dígitos anuales. Pero se puede si se quiere.

Desde ya que nadie puede desconocer el origen monetario de la inflación, pero ¿porque está subiendo ahora si el BCRA la combate con los dos principales instrumentos que con que cuenta: la política monetaria y la cambiaria (aunque a esta no la utiliza como variable de anclaje), respuesta inmediata: porque se ha optado por el gradualismo en materia presupuestaria y esto tiene sus consecuencias en el tiempo de reacomodamiento de los precios relativos.

Es sabido que la inflación cuando está lanzada tiene un componente estructural (tal como lo probara el Dr. Julio Olivera) ya que los precios son inflexibles a la baja. Es decir, cuando un precio sube difícilmente baje, salvo que se trate de un commoditie que se transa internacionalmente. Pues bien. Acudo a la figura de un espiral para matar mosquitos que se va consumiendo lentamente mientras tiene encendido su extremo superior.

Si en nuestro caso, queremos derrotar a la inflación no basta con reducir la oferta de moneda y subir la tasa de interés, porque de ese modo solo lograremos la caída del salario real, la caída del gasto, la baja de la actividad económica, pero no la baja de los precios. Es el escenario conocido como “stagflation” que es el peor que puede producirse en economía. Para bajar la inflación hay que comenzar a subir los precios que están atrasados. El gobierno optó por el tipo de cambio y por la luz eléctrica. Como ambos suben, impactan al resto y así el promedio general sube. Con un enfoque gradualista y según sea el cuadro social, se ajustarán seguidamente otros precios, incluyendo el salario y nuevamente el promedio general subirá, pero si mientras tanto hay una política económica que mantenga el ritmo descendente cada vez más lento del “humito” hasta que se apaga.

Pero si mientras tanto operan otras fuerzas, como por ejemplo el aumento del gasto financiado con endeudamiento externo y sin correlacionar las nuevas obligaciones con el aumento de la capacidad de generar divisas, no solamente no bajará la inflación, sino que se estará incubando una nueva crisis de balanza de pagos. Una vieja conocida de los estudiosos argentinos ya que conocemos la mecánica de los procesos de stop an go.

Esta semana o la próxima celebraremos con champagne, pero que no sea para derramar lágrimas en el futuro, QUE SEA PARA QUE LA ESPIRAL SE AGOTE NATURALMENTE.

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