LA ANTESALA DE CAMBIOS ANCHOS Y PROFUNDOS

Las calles de la Habana Vieja son de las mas lindas del mundo.

Hay música que deleita, arquitectura que asombra y un pueblo que suele estar alegre contra viento y marea.

Los pasos de Michelle y Barack Obama caminando ese barrio de ensueño modelan esa parte del mundo de manera novedosa y sin duda mejor.

Los cubanos los reciben con la calidez que muchos conocen y disfrutan. La brisa del malecón envuelve y une a Obama con los cubanos, con el nuevo aire de estos tiempos.

El porvenir suele tomarse demasiado tiempo para llegar …. Hace 18 años hubo un episodio que podría haber adelantado este acontecimiento tan alentador. Juan Pablo II, en la Plaza de la Revolución, pedía que “Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba” … Me tocó estar allí, en esa Habana convertida en Casablanca con miles de diplomáticos, periodistas, escritores y académicos convencidos de que estábamos asistiendo al Gran Acontecimiento del fin de siglo.

Gabriel García Márquez contaba a un grupo de amigos su rol de intermediario en las estimulantes y esperanzadoras conversaciones oficiosas entre Fidel y el entonces Presidente Bill Clinton -no es una infidencia … está en sus memorias!- ….y la pena posterior por ver frustrado lo que muchos creían ineluctable.

Pero ya sabemos que la historia no tiene un desarrollo ineluctable. Se necesita de quienes quieran cargarse al hombro la tarea de enderezarla cuando ya está demasiado torcida. Y que EE.UU. y Cuba no se hablasen era una de las mayores e incomprensibles extravagancias de la post Guerra Fría. Extravagante y, además, injusta.

Pero aún las realidades más insostenibles requieren coraje, inteligencia y, sobre todo, decisión si se quiere cambiar el curso de las cosas. Hoy se está haciendo lo que hay que hacer para que de una vez por todas se acabe una anomalía que le agregaba insensatez a un continente como el nuestro al que, a veces, le sobra.

Hay tres hombres que lo están haciendo. No son solo ellos pero sin ellos esto que está pasando no sucedería.

Los contemporáneos siempre tenemos la ilusión de creer que vivimos tiempos de cambios profundos. Esta vez parece que es así y hay algunos factores humanos, además de razones económicas y geopolíticas, que explican este cambio monumental:

Hay alguien, como Raúl Castro, que entiende a cabalidad que el siglo XX se terminó aún antes que en el año 2000.

Hay alguien, como Barack Obama, que sabe y practica lo que dicen los textos sagrados: un hombre Justo hace la diferencia.

Hay alguien, como Francisco, que ayuda a que las cosas sucedan porque siempre la unidad es superior al conflicto.

Todo el mundo puede celebrar este acontecimiento histórico que deseamos sea la antesala de cambios anchos y profundos.

Hoy hay para celebrar: en nuestro planeta de guerras, terrorismos e intolerancias tres hombres representando a millones están haciendo lo que todos debemos hacer: Construir paz, que nunca está dada.

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