BRASIL, LA DELICADA SALIDA DEL PASADO

El poder en el Brasil está en la ruleta: nadie sabe donde se detendrá la bola. Como bien se ha dicho, la crisis posee tres dimensiones: política, moral y económica. Dilma se está yendo porque el régimen armado por el PT es el principal responsable, pero quienes la destituyen también son parte del problema. Si es así, ¿puede ser parte de la solución la alianza que está impulsando al Vice Pte. M. Temer a la presidencia? Cuesta pensarlo.

Hasta que el Senado decida avanzar en el juicio político, D. Rousseff y M. Temer serán “medio Presidente”. Ambos expresarán la ingobernabilidad del Brasil. Institucionalmente hablando, el Poder Judicial tiene en sus manos la llave del poder.

Si M. Temer asumiera, un escenario de convulsiones sociales no debe descartarse. Algunos sectores del PT pueden impulsar una resistencia social que haría muy difícil encarar las necesarias medidas económicas que requieren un mínimo de paz social. Lula deberá laudar en su partido, pero no ignora que está a “tiro de las decisiones judiciales”. Su libertad depende de sus actos políticos. De la misma forma, el Tribunal Electoral controla a la política: debe dictaminar si hubo financiamiento espúreo en la campaña electoral. Si lo hubo, el Vicepresidente también debería partir.

Entonces aparece el escenario de “la tercera vía” que encarna Marina Silva. Ella fue candidata en las últimas elecciones, pero no llegó a la segunda vuelta. Una líder social ecologista, que supo ser aliada del PT hasta que abandonó el gobierno de Lula enfrentada con la entonces Ministro D. Rousseff. Su historia en alguna medida se asemeja a la de Lula: nació en el mundo de la pobreza. Con grandes esfuerzos llegó a graduarse y abrazó un compromiso social éticamente intachable.

Si como todo hace pensar M. Temer llega a la Presidencia, tendrá sólo unos meses para compensar con una buena gestión su falta de legitimidad. Será una Presidencia “a prueba”. Deberá revertir el humor social y cambiar el clima económico signado por el desempleo y la ausencia de perspectivas. En otras palabras: se necesita una buena economía para establecer un nuevo contrato político-social, que alimente las expectativas de una sociedad cansada de mala gestión y de prácticas corruptas.

Si finalmente la coalición que hoy está desplazando al PT no es capaz de construir una fórmula política de transición, habrá llegado la hora de concebir una salida política armada sobre nuevas bases y sobre nueva gente. Algo así como el “corolario del lava jato”, la investigación que supo desentrañar el popular Juez Moro.

Mientras tanto nada será fácil en Brasil, con todo lo que ello implica para nuestra región que deberá seguir con atención el desenlace de esta crisis post-populista.

Carlos Pérez Llana es profesor de Relaciones Internacionales (Universidad Siglo Veintiuno y UTDT)

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