NECESITAMOS ENERGÍAS NO CONTAMINANTES

Las emisiones de CO2 están contribuyendo al aumento de la temperatura en todo el planeta. Estas emisiones son generadas por los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), más algunas prácticas agropecuarias y la deforestación. El cambio climático es el principal problema global que enfrenta la humanidad en este siglo. El 2015 ha sido el año más caluroso en el planeta desde que se llevan registros, la tendencia continua porque el mes de enero de este año fue el más caluroso desde 1880.

Es cierto que no ha concluido aún la era de los combustibles fósiles, pero ya hemos comenzado a transitar hacia el fin de esta era, nacida con la Revolución Industrial a fines del siglo XVIII. Los cambios tecnológicos están abaratando las diversas formas de energías limpias, desplazando así de una manera gradual pero constante a las tradicionales energías fósiles. Existen evidencias que indican que, tanto la energía solar como la eólica han reducido sus costos en los últimos años, al punto tal que ya comenzaron a competir con las fósiles, sin necesidad de incentivos o subsidios.

Claro que esto exige que no se subsidien las energías fósiles, agotando así recursos financieros que deberían canalizarse a energías amigables con nuestro planeta.

Nunca hubo tantas reservas mundiales de fósiles como hoy, baste decir que las reservas petroleras en 1980 cubrían 30 años de consumo, mientras que la actualidad, a pesar que el consumo de petróleo aumento, cubren nada menos que 53 años. La utilización plena de estas reservas fósiles, ya contabilizadas en los balances empresarios, no es compatible con la meta de no cruzar la barrera del aumento de dos grados, fijada en la reunión de París de las Naciones Unidas en diciembre pasado. Esto lo ha expresado con claridad British Petroleum, cuando informa que “Si las reservas existentes de fósiles fueran utilizadas totalmente en los próximos años se emitirían más de 2,8 trillones de toneladas de CO2, bien por encima del límite de un trillón consistente con la meta de no superar el límite de 2C” de aumento de temperatura global”.

Las perspectivas indican que las energías renovables darán lugar en el futuro al desarrollo de nuevos sectores productivos, capaces de absorber crecientes flujos de inversiones privadas.

En la última década los costos de las energías renovables han disminuido, razón por la cual las inversiones en estas actividades se han multiplicado más de seis veces, según nos informa la Agencia Internacional de Energía (IEA).

Nuestra propuesta presentada en París por el anterior gobierno es insuficiente, ya que si todas las naciones hubiesen presentado una propuesta similar a la nuestra la temperatura global subiría 4 grados centígrados, sobrepasando ampliamente la meta de no cruzar la barrera critica de los 2 grados.

La tarea del Gobierno será elaborar ahora una nueva propuesta que respete el medio ambiente, definiendo un programa financiable con iniciativas de eficiencia y conservación energética.

Si acordamos actuar a partir de ahora con sensatez ambiental deberíamos definir otra propuesta que propicie la expansión de las nuevas energías limpias, y también de las tradicionales como la hidroelectricidad (con cuidado del ambiente local).

Es hora de revertir el proceso de “fosilización” de la energía que se impulsó en nuestro país durante los últimos años. Baste decir que, a contramano de lo conveniente para el medio ambiente, los combustibles fósiles han cubierto nada menos que el 90 por ciento del incremento en la generación eléctrica en los últimos 12 años, cuando la utilización de fuel oil se multiplicó 80 veces y la de gasoil 170. Por esta razón las emisiones contaminantes de CO2 por generación de electricidad se multiplicaron casi cuatro veces. Es necesario corregir esta tendencia tan perjudicial.

Dado que enfrentar el cambio climático exigirá concentrar los recursos en el desarrollo de las nuevas energías limpias no es conveniente, como estamos ahora haciendo, canalizar recursos financieros (que no nos sobran), aportados por los consumidores de combustibles líquidos, para subsidiar a las empresas petroleras con precios más altos que los valores del mercado. Son montos considerables, en el orden de uno por ciento del PBI que podrían ser mejor utilizados en apoyar iniciativas de conservación energética y en el desarrollo acelerado de las energías limpias. Este es el camino a recorrer en el futuro, para contribuir a la preservación de nuestro planeta de acuerdo a la meta globalmente definida en París.

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