REFLEXIONES SOBRE LA CORRUPCION CAPITALISTA

Empecemos por poner las cosas en su justo punto. En primer lugar. no existe un capitalismo «bueno», no existe un capitalismo «humano» y no podrá existir jamás. El capitalismo es esencialmente perverso. Sólo tiene como finalidad el lucro para los capitalistas. Cualquier camino o método sirve para acrecentar ese lucro y esa capitalización.

En el sistema capitalista hay dos clases sociales antagónicas: la de los dueños de los medios de producción: la tierra, las máquinas, y los dueños de la fuerza de su trabajo, fuerza que se ven obligados a vender para poder sobrevivir y poder procrear, esto es para poder seguir sirviendo a la producción y producir las nuevas generaciones que continuarán ese servicio. Por algo la palabra prole es la que da origen a la palabra proletario.

Las relaciones entre ambas clases no son relaciones espirituales, afectivas,  ni igualitarias. Son relaciones de subordinación. Son relaciones de producción, de producción capitalista. En esa relación el trabajador no recibe la totalidad del valor de lo que produce sino sólo una parte por vía del salario, que es lo indispensable para poder sobrevivir y procrear. El resto de lo que el trabajador ha producido y el capitalista no le ha pagado es la plusvalía  con la que el capitalista conforma su capital. No hay que dar vueltas estúpidas. La contradicción es total. En tanto la producción es social, la apropiación es individual.  El sistema es asì. Siendo esa la estructura de la sociedad capitalista, sobre esa estructura se crea una superestructura jurídica, religiosa, educativa, social de dependencia, fundamentalmente destinada a reforzar la estructura capitalista, no a cambiarla

En esa relación de dependencia, a pesar de lo que se puede haber arrancado al sistema, la mujer sigue siendo subordinada , al punto de pretender, el capitalista y sus ejecutivos, tener el dominio del cuerpo de la mujer  trabajadora. Una suerte de pretensión al derecho de pernada de la sociedad feudal, al que muchas mujeres se ven forzadas a aceptar para no perder su fuente de trabajo y subsistencia. Podemos dar miles de ejemplos.

La corrupción dentro del sistema capitalista es normal en un  sistema esencialmente perverso, de lucro, de explotación , de sumisión que perturba y domestica la mente de muchas personas, al punto de llegar a promover el accionar de sus propios explotadores.   Por nuestra parte, nunca jamàs votaríamos por un empresario capitalista. Simplemente por las razones que exponemos. Porque integra un ordenamiento económicosocial perverso e inhumano.

Porque extrañarse de que el sistema genere, dentro de su perversión natural y de su objetivo de lucro, a cualquier precio, formas absolutamente corruptas que se expresan en el tráfico de drogas, la evasión de divisas, el ocultamiento de ellas en paraísos fiscales, el no pago de las obligaciones impositivas, la especulación y, yendo más abajo en la perversión, la explotación del juego, el tráfico y la explotación de  mujeres y de niños. Basta ya de hacerse los idiotas. En toda esta porquería actúan funcionarios, jueces, políticos, religiosos, policías, que incorporan, por la necesidad de trabajo y subsistencia, a personas de las clases más desvalidas ofreciéndoles un comercio que, cuando se quieren apartar es al precio de la propia vida.

La contradicción se va agudizando en el mundo. Es sumamente curioso que entre los señalados dentro del Panamá-gate no haya ningún norteamericano. Los Estados Unidos de Norte América, tienen su propio paraíso fiscal en Denver. Qué nos podemos extrañar de la presencia entre los señalados de miembros de la familia Macri que tiene y ha dejado una larga estela de tropelías económicas en perjuicio del país y de su pueblo.

Los argentinos, aprenderemos alguna vez la lección, que es una lección de la historia, que le ha costado a los pueblos guerras, hambre, destrucción, explotación, miseria, perversión, desesperanza y muerte.

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