¿HAY QUE REDEFINIR QUÉ ENTENDEMOS POR “HACER POLÍTICA”?

Análisis de estos días denuncian un profundo déficit: “el Gobierno no hace política”. En sentido contrario, podría afirmarse que durante los últimos años los gobiernos en la Argentina “hacían” política. El problema es que las últimas tres décadas están lejos de haber sido un éxito.

La historia recuerda que cuando en 1808 Napoleón recibió a Goethe en Erfurt, Turingia, le dijo las célebres palabras “la política es el destino”. Pero tomó la precaución de no definir lo que él entendía por política. ¿Habrá de nuevo que definir qué entendemos por política? Sin rigor académico podríamos decir que hace política un gobierno al inaugurar un hospital o una escuela. ¿O hay acaso que poner estos actos en un amplio contexto histórico social y en un largo discurso, para que entonces sea considerado un acto político?

En 2001 se produjo en la Argentina una grave crisis del sistema político. Una de las reacciones fue la de un grupo de personas que decidieron actuar. Tenían un problema: nunca habían participado en los asuntos públicos, venían de la actividad privada o del mundo intelectual. Igual que a los millones de desconocidos que caminaban sin rumbo aquellos días por las calles, el mundo político los había defraudado. Todos creían que la democracia era el mejor sistema, pero no cubría ni sus necesidades ni sus expectativas. Gran parte de los que gobiernan hoy –más otros antiguos dirigentes que advirtieron que había que cambiar- decidieron moverse porque, además, no encontraron en la propuesta kirchnerista ninguna respuesta.

La política de hoy sigue siendo – en las palabras de Napoleón — “el destino”, pero asume otras formas. Sin duda es importante la visión política de las cosas, pero aquellos que tienen 45 años o menos han agotado su esperanza en las viejas formas de hacer política, porque el país en el que crecieron ha ido en general hacia abajo.

Todo cambio implica dos crisis. Por un lado, la sensación de vacío que invade a los que creían en algunas palabras, creencias, sueños. Aunque estén agotados. Porque no cambiar se corporiza también – y honestamente- en los que sienten que el cambio puede diluir su poder.

Por otro lado, la propuesta de cambio es muy dura y necesaria, pero no se expresa solo en los índices económicos o en el nivel de inflación. El problema no está en los que creen sino en los que sufren. Reconstruir la esperanza con hechos concretos es el destino de la política, aunque la llamen gestión. Este no es un tema de palabras, la idea es no regalarle la política al pasado.

Hugo Martini. Ex diputado nacional (PRO), director de Carta Política

Clarín

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