¿PARA QUÉ, HOY Y ACÁ, ESTÁN LOS SINDICATOS?

La ex presidenta Kirchner, en un discurso reciente, ignoró a las organizaciones sindicales; el presidente Macri, por su parte, palmea a directivos sin dar soluciones. Ambos se equivocan, uno quizás más que otro.

Los sindicatos nacionales, con legitimidad probada, son parte de la construcción del poder social democrático, en tanto garantes del bienestar, de la participación en el crecimiento y de la gestión de importantes beneficios. Condiciones institucionales, altas densidades y equilibrios de fuerzas conflictuales corroboran una excepcionalidad frente al debilitamiento mundial registrado en el ámbito de las organizaciones.

Las notorias dificultades económicas nacionales aconsejarían disponer de una plataforma programática mínima y unitaria que enuncie valores, fines, objetivos y desafíos, que consoliden eficiencia de gestión con reforma solidaria. En tanto se presente como temática masivamente atractiva, factor de cohesión y desarrollo del poder organizacional, acentúa convicciones de los adherentes, favoreciendo la construcción de identidades populares reivindicativas y ayudando a modificar una realidad que reconoce crecientes, irritantes e insoportables diferencias materiales. Sería una respuesta oportuna al desafío neoliberal globalizado y al abandono del Estado de sus obligaciones de asegurar bienestar a los necesitados.

Las últimas cifras de pobreza, de precariedad laboral, de carencias de servicios y de delicadas reformas pendientes, hacen imperioso que la unidad en la conducción proyectada tenga el complemento de un compromiso programático, “en y para la acción“, por mayor justicia y bienestar favoreciendo los cambios que millones de compatriotas reclaman con silenciosa estridencia.

El Comité Central Confederal de la CGT, ya convocado para el 3 de junio, a más de cumplir con los estatutos, podría ser la oportunidad para formular proposiciones funcionales actualizadas que ayuden a la gestión de las futuras autoridades confederales. Sería prueba no desdeñable de vitalidad y consolidación estratégica de la verticalidad organizacional propia del órgano confederal cuyas conclusiones, con soberana horizontalidad nacional, serían luego analizadas por los delegados congresales el 22 de Agosto. Ese vigor institucional en la programación ayudaría a eludir limitaciones orgánicas que suelen reducir la actividad gremial a la gestión salarial o a los servicios, sin contrapropuesta social (los sindicatos de mercado o “de pan y manteca”, al decir de Wright Mills).

Creo que valdría la pena intentar la actualización programática, recordando la frase irónica de aquel viejo dirigente sindical inglés, citado por R. Hyman, quien en circunstancias difíciles, disconforme con pasividades organizativas, supo decirles a sus compañeros, con estridencia: “¿Y si no, … para qué diablos estamos aquí?.

Lucio Garzón Maceda (Clarín)

Abogado

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