ANDREA TORNIELLI: “ES CASI NATURAL QUE EL MENSAJE DEL PAPA ENCUENTRE RESISTENCIAS”

El vaticanista italiano escribió cuatro libros sobre Francisco; vino a la Argentina para presentar en la Feria del Libro El nombre de Dios es misericordia y habló del pensamiento económico y político del pontífice

 

Que la misericordia de la que habla el Papa tiene consecuencias sociales, políticas y económicas; que Francisco está llamando a una reforma de los corazones de todos, no sólo de los católicos, y que al denunciar el imperialismo internacional del dinero no hace más que repetir palabras de sus antecesores, son algunas de las afirmaciones de Andrea Tornielli, uno de los vaticanistas que más conoce a Jorge Mario Bergoglio y al funcionamiento interno del Vaticano, el Estado que conduce ese jesuita argentino desde marzo de 2013.

Escribir sobre el Papa parece ser la ocupación prioritaria del periodista Tornielli. En los tres años y medio que lleva Bergoglio como Papa, se publicaron cuatro libros de Tornielli que lo tienen como protagonista: una biografía (Jorge Mario Bergoglio: Francisco); un libro de historias y anécdotas de los primeros meses de pontificado (Florecillas de Francisco); un ensayo sobre el pensamiento económico del papa (Esta economía mata) y una entrevista sólo sobre un tema (El nombre de Dios es misericordia). Tornielli es también autor de biografías de los papas Benedicto XVI, Paulo VI y Pío XII y de otros títulos como los que lo llevaron a conocer a Bergoglio, en 2005.

A los 52 años, Tornielli vive en Milán y va y viene de Roma para hacer su trabajo como vaticanista para el diario La Stampa y dirigir VaticanInsider, el sitio digital de ese periódico dedicado a las noticias sobre la Iglesia. Invitado por el Instituto de Cultura Italiano para presentar su último libro (editado aquí por Planeta) en la Feria del Libro , Tornielli visitó Buenos Aires por primera vez y dialogó con LA NACION.

-¿Conocía a Jorge Bergoglio antes de que lo eligieran Papa?

-Sí. Lo conocí en 2005 en Roma. Un día lo vi cruzando la plaza San Pedro y me acerqué a saludarlo. Sabía que él conocía a un amigo mío que lo había entrevistado en Buenos Aires en 2001, así que le mencioné a ese amigo y le regalé dos libros que yo había hecho sobre la infancia de Jesús y la Resurrección. Después me escribió para contarme que los había leído y pidió que los publicara editorial Claretiana, e incluso a uno le hizo el prólogo. Así empezó el contacto y después lo veía cuando él iba a Roma para las reuniones de las Congregaciones.

-¿Nota cambios entre ese Bergoglio que conoció y el Papa Francisco?

-Ahora sonríe más., pero no veo otros cambios. Yo siempre lo vi en ámbitos privados y no en encuentros en público. En esos encuentros privados era como ahora, tenía un trato hacia los otros sencillo y directo y pedía siempre de rezaran por él.

-Usted ya escribió varios libros sobre Bergoglio, ¿por qué quiso hacer una entrevista específica sobre la misericordia?

-Porque quería presentar su corazón e investigar por qué ese tema es importante en su pontificado y por qué este año de la misericordia. Se lo propuse y no me dijo ni sí ni no; me dijo: “Vamos a ver”. Después le mandé un proyecto con algunas preguntas y me dio una cita. Yo no quería hacerle preguntas como para tener un buen título sobre los divorciados vueltos a casar o algún tema caliente, sino que pensaba este libro como una puerta abierta, como una posibilidad de acercamiento. En ese sentido no es un trabajo totalmente periodístico, es diferente.

-¿El libro El nombre de Dios es misericordia resulta de una única entrevista?

-Sí, fue una charla de varias horas y después el trabajo continuó con comentarios o correcciones por teléfono y mail.

-¿Qué vínculo hay entre misericordia y justicia y entre misericordia y política?

-Me llamó mucho la atención cuando en 2001, unas semanas después del gran ataque del 11 de septiembre contra los Estados Unidos, san Juan Pablo II, en su primer mensaje a la jornada mundial de la paz, dijo que no hay paz sin justicia y no hay justicia sin perdón. Es decir que el perdón y la misericordia son necesarios para que pueda haber verdadera justicia y son necesarios también para la vida social de un país. Entonces la misericordia no es un tema que afecta sólo a nuestra relación con Dios sino que tiene consecuencias sociales en la vida de las familias que, dice el Papa, son escuela de misericordia. Pero también la misericordia tiene consecuencias para la vida de una ciudad, de un país y para la vida política. También para las relaciones entre los estados porque si no hay misericordia y perdón, si no hay posibilidad para todos de dar un paso atrás renunciando a lo que quizás uno tendría que tener no hay reconciliación y paz. Sabemos que la justicia humana puede llegar a ser perfecta injusticia y el perdón sirve para que sea verdadera justicia. Eso lo enseñó Juan Pablo II y el papa Francisco lo enseña ahora muy bien con la atención que tiene con los presos y sus intentos de diálogo y de construir puentes con todos. Creo que el mensaje del perdón y la misericordia tiene más consecuencias sociales y políticas de las que creemos.

-¿A qué economía se refiere el Papa cuando afirma que “esta economía mata”?

-Algunos dicen que el Papa habla contra la economía de mercado. No es verdad. El dice “ésta” economía mata, es decir, un tipo de economía que no pone en el centro al hombre sino al dinero y lo transforma en ídolo. Esta es la economía que mata. Es una economía de las finanzas que puede determinar que parte de la población de los países más pobres caigan a un nivel aún más bajo de pobreza. Este no es un sistema justo. El papa Juan Pablo II habló de estructuras de pecado en su encíclica de 1987 Sollicitudoreisocialis. Entonces, hay un pecado estructural. Si en un mundo con espacio y alimentos para todos hay millones de personas que no tienen qué comer y se tiran no sé cuántos alimentos, entonces este no es un sistema justo. Es un sistema que tenemos que poner en discusión sin hacer revolución sino poniendo preguntas.

-¿Nos puede dar un ejemplo de lo que está diciendo?

-Estuve en República Centroafricana; allí un hombre de campo cultiva tomates y lo vende en el mercado para comprar leche y otros alimentos para su familia. Si a aquella ciudad, a ese mercado, llegan a venderse más baratos tomates de Italia, cuyos productores tienen ayuda financiera de Europa para la agricultura, ese hombre no podrá vender más los suyos ¿Cuál es la sorpresa si esta persona deja su país buscando un futuro mejor para su familia? Nosotros nos sorprendemos porque tanta gente quiere emigrar, pero ¿qué economía estamos construyendo? ¿Es justa? El Papa, con mucho coraje hizo esta pregunta. Creo que por primera vez el Papa puso con mucha fuerza la necesidad de cambios estructurales. Y también en la encíclica Laudato si muestra las conexiones. Es decir: no hay un problema de medio ambiente separado del problema de la pobreza, del de la justicia y del económico. No: todo está ligado y si el problema de la pobreza no se resuelve de una manera estructural estaremos condenados a una crisis peor de la que estamos viviendo.

-¿El Papa es escuchado?

-Creo que le prestan atención porque crece la conciencia sobre estos temas. Es increíble lo que está pasando. En Europa, por ejemplo, hay países que hacen reformas y reducen los presupuestos para iniciativas sociales; privatizan y dicen: “tenemos que hacerlo porque lo piden los mercados”. Pero ¿quiénes son los mercados? ¿Quién es el señor “mercado”. Yo no he visto nunca su rostro y sobre todo yo nunca lo voté. Hace treinta años no era así. Hace treinta años la política decidía los fines y la economía tenía que aportar los instrumentos para llegar a esos fines. Ahora es lo contrario. La economía decide sus fines y sus intereses -que no siempre coinciden con los de los demás- y la política tiene que hacer el trabajo para alcanzar esos fines. Eso es increíble. El Papa es una autoridad mundial y su palabra puede ayudar a que crezca una conciencia popular sobre esto. Alguien que tiene dinero y puede elegir qué comprar y dónde invertir, es decir, si premia un producto hecho sin hacer daño al medio ambiente y sin usar el trabajo de los menores o si compra a empresas que hacen daño al medio ambiente y demás. Uno puede decidir. Esa es la gran respuesta porque los ciudadanos pueden votar con su billetera, pueden elegir y decidir con ella. La encíclica Laudato Si y los párrafos sobre economía de la exhortación EvangeliGaudium son muy interesantes y fuertes. Son los contenidos del secreto más cuidado de la iglesia católica, es el verdadero cuarto secreto de Fátima en su doctrina social que nadie lo conoce aunque está escrito en documentos del magisterio.

-¿A qué se refiere?

-En 1931, el papa Pío XI publicó la encíclica QuadragésimoAnno, a dos años de la gran crisis de los mercados financieros de 1929, en la que habla del imperialismo internacional del dinero. Y Pío XI no era latinoamericano, no era parte de la teología de la liberación, no era comunista. Es más, condenó el comunismo. Dijo esas palabras fuertes y proféticas sobre el tema de las finanzas y la economía internacional que hoy no dice ningún político de izquierda en Europa. Y esas son palabras de un Papa. Entonces hay una riqueza en la tradición de la doctrina social de la Iglesia. Lo que hace Francisco simplemente es abrir unas páginas que muchos han olvidado, pero que no son nuevas; están en la tradición de la Iglesia.

-¿Será ese olvido el que provoca las resistencias al Papa al interior de la Iglesia?

-En el tema social creo que hay razones históricas como que en 1989 el mundo estaba dividido y cada vez que se hablaba de una cierta forma de un tema social como la pobreza, por ejemplo, se la podía ver como un respaldo al comunismo. Había miedo de eso y se tenía más prudencia. Históricamente entonces puedo comprender lo que pasó, pero desde 1989 no lo puedo comprender ¿Por qué este miedo de hablar o profundizar un contenido de la doctrina social de la iglesia que tendría fuerza social y también política para hacer cambios? El Papa habla de la vocación de los políticos que tendrían que pensar en el bien común -casi nadie lo hace hoy- y recuperar un protagonismo de la política frente a la economía y las finanzas. A los únicos que podemos votar es a los políticos; no votamos a los empresarios ni a los jefes de las finanzas que son unas decenas de personas que en Wall Street toman muchas decisiones sobre la dirección del mundo. Esto no es complotismo, esto es así y necesitamos una política que pueda retomar un poquito su protagonismo.

-Volviendo a las resistencias al Papa .

-Otros Papas han tenido también resistencias y tal vez más fuertes, como las que tuvo Pablo VI. Es decir, es casi natural que el mensaje del Papa encuentre resistencias. Hoy es fuerte con Francisco, pero creo que es una consecuencia natural. Él está intentando llamar a una reforma de los corazones; es un llamado para todos. Hay dos actitudes: la de ponerse a disposición e intentar sintonizar o la de resistir y decir que el Papa no entiende nada porque viene de la Argentina, de América latina. eso dicen. Se olvidan de que él ha vivido acá en la Argentina fenómenos, como la secularización y la crisis económica, que nosotros hemos conocido después. Es una manera de decir que no conoce la economía. Pero entiende muy bien y los que se resisten también entienden muy bien. Las resistencias son naturales, siempre empezando procesos de reformas hay resistencias, dificultades, discusiones y gente que no quiere cambios en nada tal vez para defender una idea, que puede ser justa y buena, pero también para defender un poder. En Italia el estilo del Papa no siempre le gusta a la jerarquía. También es verdad que algunas resistencias no son a su mensaje sino a cómo él vive y comunica el mensaje del Concilio Vaticano II. El papa Francisco habla muy poco del Concilio, mucho menos que Juan Pablo II y que Benedicto XVI porque no tiene el problema de presentar la interpretación justa. El llegó a ser sacerdote después del Concilio y lo trae consigo, con su experiencia. Algunas resistencias son al Concilio, al papel de los laicos, al dialogo interreligioso. Creo que es una resistencia al hecho de que él vive y testimonia el Concilio sin hablar mucho del tema.

-¿Qué le impacta de Francisco? ¿Qué anécdotas guarda sobre su relación con él?

-Especialmente dos cosas que muestran su atención para quien tiene frente suyo. Cuando llegué para la entrevista del libro El nombre de Dios es la misericordia hacía mucho calor y yo estaba con saco y él me preguntó si quería sacármelo. Después vio que no tenía papeles para tomar nota; yo había llevado tres grabadores y no iba a tomar nota. Le hice la primera pregunta y él se levantó y me dijo: “Usted no tiene donde escribir, le voy a buscar”. Le dije que no era necesario. Me llamó la atención porque íbamos a hablar de misericordia y él percibió lo que podía ser una necesidad mía y se movió para intentar resolverla. Otro ejemplo es que cuando lo vi antes del cónclave le conté que mi madre estaba muy enferma y después de unos días de la elección, el 17 de marzo, lo saludé después de una misa que celebró en Santa Ana y él me preguntó cómo estaba mi mamá. Me sorprendió que después de todo lo que le pasó -¡lo eligieron Papa!- se acordara de un comentario que yo le había hecho.

Silvina Premat    LA NACION

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