UN ENCUENTRO IMPREVISTO CON EL (PASTOR) FRANCISCO

Detalles inéditos de una íntima conversación que sostuvo el Papa con un grupo de líderes sociales y políticos de Argentina

Debió ser un encuentro corto y terminó durando casi tres horas. Un diálogo imprevisto con Francisco, en el espacio que él domina mejor: El de padre y el de pastor. Un Papa cercano, que dedicó todo el tiempo necesario para conversar con un grupo de dirigentes sociales, sindicales y políticos de Argentina. Egresados de un peculiar diplomado, que él mismo promovió cuando era arzobispo de Buenos Aires. Detalles inéditos de una historia hasta ahora desconocida.
Ocurrió la tarde del sábado 30 de abril, en uno de los salones traseros del Aula Pablo VI del Vaticano. Hasta allí llegaron los primeros egresados del Diplomado en Conducción de Organizaciones Sindicales y Sociales, coordinado por la Pastoral Social de la arquidiócesis porteña. Unas 45 personas acompañadas por Carlos Accaputo, responsable de la pastoral.
Todo estaba previsto para un saludo y la foto de rigor, pero el líder católico cambió sobre la marcha. Pidió a sus invitados sentarse en círculo. Ellos lo hicieron a una cierta distancia, manteniendo el respeto. Pero pronto todo se relajó hasta convertirse en una charla íntima. Comenzó a las 18:00 horas y concluyó poco después de las 20:45.
“Muchos creen que un Papa lejano es más expresión de santidad y de trascendencia pero no es así. Ellos vieron al Papa, lo que significa el Papa y, al mismo tiempo, la cercanía de Francisco”, contó el padre Accaputo. No muy afecto a conceder entrevistas, hizo una excepción con el Vatican Insider para confesar que fue un encuentro “bárbaro” que conmovió incluso a una bebé que formó parte del grupo junto a su madre, egresada del curso.
“La mayoría son hombres y mujeres de fe, aunque no necesariamente de parroquia. Ha sido inspirador ese diálogo, la visión de una Iglesia en salida. Este encuentro y este diplomado son expresión de eso, de esa Iglesia en salida, que sale al encuentro de quienes son cristianos”, agregó el sacerdote, uno de los más cercanos colaboradores de Bergoglio en Argentina.
Años atrás, el entonces cardenal lo llamó a dirigir la Pastoral Social. Ambos dialogaron y hasta discutieron sobre el rol que debía jugar esa estructura dentro de la arquidiócesis. Tanta confianza llegó a tener el primero con el segundo, que la prensa calificó a Accaputo como “el gran operador político de Bergoglio”.
Hombre práctico y de ideas claras. Afable y conocedor, el sacerdote propuso el diplomado en Conducción de Organizaciones. Una iniciativa fuera de lo común, considerando que es llevada adelante con el apoyo de la Universidad de San Martín, una institución educativa estatal y laica, no religiosa. El cardenal no sólo aprobó la idea, la tomó bajo su ala.
“Esto responde a cosas que fueron surgiendo de nuestras conversaciones cuando él era arzobispo de Buenos Aires. La pastoral social es una pastoral del diálogo, del encuentro y del reconocimiento. En ese diálogo, en ese estar junto, aparece el mundo de la fe, el mundo de los valores, los límites, todo”, precisó.
“El Papa estuvo presente en el diálogo con los egresados como un padre que los confirma en la fe, que los ayudó a renovar su fe. Fue paternal y filial en todos los temas que se charlaron. Al mismo tiempo los animó a ponerse sinceramente al servicio de su gente porque son todos dirigentes. Los alentó a ser sinceros con su propia vocación, auténticos en todos los órdenes”, agregó.
Contó incluso cómo una mujer que estaba en primera fila, escuchando a Francisco, se puso a llorar y conmovida confesó que jamás hubiese pensado en poder estar cerca del Papa por ser divorciada y vuelta a casar. Le agradeció por todas sus intervenciones sobre las personas en su condición, porque le abrió “una perspectiva y un mundo distintos”.
Al final de aquella conversación, los diplomados leyeron un documento escrito por ellos mismos en el cual se comprometieron a trabajar por la unidad y a favor del bien común.
“La Iglesia en salida es una Iglesia que está en medio del pueblo de Dios, en medio del mundo. Está relacionado con algo profundamente evangélico que es ser levadura de la masa. No se puede ser puente entre Dios y los hombres, que la Iglesia es eso, si no se está en medio de los hombres como son. Esto implica comprometerse con toda la realidad y con la condición humana”, explicó Accaputo, reflexionando en general sobre el mensaje de Francisco.
Estableció que en una Iglesia en salida se debería pasar “del estereotipo” y “del modelo ideal” a la vida cristiana en serio, con todo lo que eso implica. Puso como ejemplo a los sacerdotes que al recibir la ordenación renuncian a muchas cosas, pero en el momento de la prueba se verifica si su renuncia fue verdadera o no.
Reconoció que Francisco tiene resistencias de quienes no logran comprender a fondo la radicalidad del evangelio, donde la tensión no está resuelta porque es parte de la condición humana, es parte de un proceso de crecimiento y de desarrollo. Como cuando Jesús en la cruz dijo: “Dios mío, por qué me has abandonado” y luego: “padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.
“Esa es una característica del Papa, que tuvo desde su tiempo en Buenos Aires. Es un hombre que ha sabido y sabe cómo entender el evangelio a la luz de la vida cotidiana. Permanentemente hace eso. Francisco, con sus virtudes y sus límites, intenta poner la radicalidad de la fe como iluminadora de nuestra vida”, siguió.
“Francisco es un hombre profundamente ortodoxo y la ortodoxia es lo que creemos, lo que está en el Credo. Eso es para la gente, para el pueblo de Dios. Lo que creemos nos debe ayudar a comprender el sentido de la vida. ¿Qué es el pontífice? El que tiende puentes, no el que está allá arriba. (Con Francisco) el pueblo de Dios siente que tiene un interlocutor, siente que tiene un pastor”, apuntó.

ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
(VATICAN INSIDER)

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