MIRADA ESPAÑOLA SOBRE ATAHUALLPA.

La vida del Inca Atahuallpa, su enfrentamiento con los invasores españoles, su riquísima interacción con Francisco Pizarro y la fuerza mágica de sus ideas forman una de las mejores tragedias americanas. Escribí Atahuallpa como un homenaje a nuestras raíces y a la madurez de la sociedad sudamericana que hoy puede mirar sus pasados sin resentimiento y rescatando la grandeza de todos los protagonistas, vencedores y vencidos.
Atahuallpa. Memoria de un dios que publicó EDHASA en Argentina en dos ediciones seguidas en un solo año, ha encontrado miles de lectores que seguramente han revivido las emociones y las dudas que yo tuve y tengo todavía

Lo gratificante es que los editores de EDHASA de España han levantado el mismo interés y pensado que esta historia que nos enfrenta y nos une a españoles y americanos debe ser conocida con más detalle por el público español.

Tengo sincera alegría por ver que Atahuallpa, al que se le ha cambiado el subtítulo para mejor comprensión de los lectores españoles, tiende ahora un puente entre nuestras dos culturas con esta nueva publicación.

Los comentaristas y críticos españoles nos están devolviendo el eco de ese interés como en la reseña del reconocido periodista ValentiFaine Ros que les compartimos

En 1532, informado de la presencia de los españoles en el norte del Perú, Atahualpa intentó sin éxito pactar una tregua con su hermanastro. Huáscar salió al encuentro del ejército quiteño, pero fue vencido en la batalla de Quipaypán y apresado en las orillas del río Apurímac cuando se retiraba hacia Cuzco. Posteriormente, Atahualpa ordenó asesinar a buena parte de los familiares y demás personas de confianza de su enemigo y trasladar al prisionero a su residencia, en la ciudad de Cajamarca.

En ese momento, el emperador inca recibió la noticia de que se aproximaba un reducido grupo de gentes extrañas, razón por la que decidió aplazar su entrada triunfal en Cuzco, la capital del imperio, hasta entrevistarse con los extranjeros. El 15 de noviembre de 1532, los conquistadores españoles llegaron a Cajamarca y Francisco Pizarro, su jefe, concertó una reunión con el soberano inca a través de dos emisarios. Al día siguiente, Atahualpa entró en la gran plaza de la ciudad, con un séquito de unos tres o cuatro mil hombres prácticamente desarmados, para encontrarse con Pizarro, quien, con antelación, había emplazado de forma estratégica sus piezas de artillería y escondido parte de sus efectivos en las edificaciones que rodeaban el lugar.

No fue Pizarro, sin embargo, sino el fraile Vicente de Valverde el que se adelantó para saludar al inca y le exhortó a aceptar el cristianismo como religión verdadera y a someterse a la autoridad del rey Carlos I de España; Atahualpa, sorprendido e indignado ante la arrogancia de los extranjeros, se negó a ello y, con gesto altivo, arrojó al suelo la Biblia que se le había ofrecido. Pizarro dio entonces la señal de ataque: los soldados emboscados empezaron a disparar y la caballería cargó contra los desconcertados e indefensos indígenas. Al cabo de media hora de matanza, varios centenares de incas yacían muertos en la plaza y su soberano era retenido como rehén por los españoles.

A principios del siglo XVI la civilización inca dominaba América del Sur. Emperador tras emperador, ese dominio se había extendido, haciendo honor a los designios de los dioses. Para hacerlo, habían utilizado un eximio arte de gobierno y represiones temerarias. La guerra no era una crueldad arbitraria sino, en todo caso, un instrumento político, un puente para la paz final…
Cuando Atahuallpa, hijo de Huayna Cápac, llega a emperador, reconoce que debe mantenerse esa paz y que, para ello, a veces es indispensable la violencia y que debe seguir extendiendo el imperio. Cree estar preparado para todo… pero la llegada de los españoles, capitaneados por Francisco Pizarro, lo sorprende y, curioso por naturaleza, no ordena su ejecución, sino que les deja avanzar. Mientras él piensa que está aprendiendo de ellos, los invasores socavan poco a poco su poder. El ejército inca es muy superior a las tropas españolas, perdidas en un territorio hostil, pero es Pizarro quien triunfa: el imperio inca se desmorona y Atahuallpa es ejecutado.
¿Cuáles fueron los errores y aciertos que cambiaron para siempre el destino de América? Con una escritura majestuosa, Daniel Larriqueta reconstruye esta extraordinaria historia: pinta el complejo universo de los incas, sus rivalidades internas y la batalla palaciega de Pizarro y Atahuallpa; en definitiva, un retrato de la conquista, la narración de lo inverosímil: el triunfo de Pizarro.
Por Daniel Larriqueta

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