ALTERACION, INTROSPECCION Y PRAXIS

No caben dudas a los observadores, que la falta de resultados económicos en línea con los anuncios de las autoridades al asumir sus funciones en diciembre último, están produciendo un estado de alteración en el gobierno, si por tal entendemos las reacciones que producen el grado de frustración e incertidumbre en gran parte de la ciudadanía la falta de resultados. De allí las marchas y contramarchas que se producen como lo pone de manifiesto el ajuste pendiente de las tarifas. Y es natural que así sea porque cuando se está “alterado” se está siendo influenciado por los “otros”.

Es necesario en situaciones como estas que el Presidente haga un examen de ensimismamiento, se repliegue sobre si mismo aislado del contexto, haga un profundo análisis de la situación y luego emerja comprometido con una praxis distinta a la que motivó lo que pueden considerarse errores de implementación de políticas por lo demás no del todo adecuada a las circunstancias.

La ausencia de flexibilidad a la baja de la tasa de inflación, no es ninguna novedad para los especialistas, radica en el excesivo gasto público y el hecho es que con las últimas medidas tarifarias tenderá a crecer, perdiéndose una brillante oportunidad como la que se tuvo al principio de año cuando todo estaba acomodado para bajar una parte significativa del peso de los subsidios en el déficit. La respuesta dada al fallo de la Sala II Cámara Federal de La Plata, fue tan simple como antieconómica: poner un máximo de 400% a los consumos residenciales aplicado sobre el valor de la factura pagada el año pasado (todos sus ítems incluidos). Esto sin considerar el consumo efectuado, ni antes ni ahora.

Con esa técnica no hay racionalidad ni eficiencia posible en el consumo de energía. Antes bien, se puede consumir más porque el precio carece de funcionalidad. El costo de producción carece de importancia y quedan discriminados a favor los grandes consumidores residenciales. En todo caso una muestra de contribución a la regresividad de los ingresos. El objetivo de la marcha atrás fue dar una “respuesta política para bajar los costos del mismo orden”. Pero el daño ya estaba hecho y tales costos no solo llegaron de la oposición sino de las bases del macrismo, que precisamente no tiene mucho caudal para resignar.

Ya es tarde para lamentar las improvisaciones que subyacieron los ajustes originales, hoy hay que resolver un muy serio estado de crisis energética y los costos hay que asumirlos. Sin demagogia y con realismo, sin acudir a tratamientos de shock o gradualistas. Hay que aplicar política de precios e ingresos, para lo cual el país dispone de economistas de primer nivel y con los antecedentes de haber anunciado con años de anticipación este escenario. Es hora de hacer menos política y más economía. De otro modo el discurso desarrollista, apropiado, quedará vacío de contenido porque la lluvia de inversiones no llegará como se la desea. Pero las necesarias redefiniciones tienen que partir de realidades y no de cálculos oficiales que dan cuenta que sólo el 5% de las facturas estaban mal hechas, así como el promedio de aumento era del 70%. Valores díficiles de asumir.

Y como se mencionó que habría que cambiar la conducta de los usuarios para ahorrar energía, sería bueno también, que el dispendio de energía tenga sus límites en espectáculos deportivos y salas de juego nocturnos, en el marco de una verdadera economía temporal de guerra. Si se ha resuelto resignar al precio como limitante de la demanda, que se hagan cortes por actividades prescindibles. Y en los recálculos no dejen de tener en cuenta la tarifa social.

El Presidente debe considerar que el pueblo valora su disposición a reconocer y corregir errores. Es un mérito innegable. Pero también debe saber que su elenco de gobierno está bajo examen permanente y que las calificaciones van de acuerdo con los resultados. Es forzoso reconocer que hasta ahora y aún reconociendo la herencia K, no son todos buenos en la medida necesaria. Debe tener presente que quien aspira al éxito debe tener “todo un equipo de primera”.

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