ESPERANZA PARA LA INDUSTRIA NAVAL

Una década de carga tributaria excesiva y políticas erradas puso a la flota mercante argentina al borde de la desaparición. En estos años cerraron empresas y se perdieron empleos, pero no se trata de un problema estrictamente del sector: la Argentina paga 5.000 millones de dólares anuales en fletes a otros países. Para encarar este desafío, se ha conformado una comisión tripartita que incluye representantes de los trabajadores, los empresarios y funcionarios de Trabajo y Transporte.
Más del 90% de la carga transportada por la hidrovía del Paraná, circula bajo banderas extranjeras, con predominio de la paraguaya y, en menor medida, boliviana y brasileña. Este dato basta para graficar la situación actual del transporte fluvial y marítimo argentino.
Las causas son múltiples, pero podrían resumirse en un enunciado: más de diez años de carga tributaria excesiva y políticas erradas han imposibilitado que nuestra industria compita con la de los países vecinos. A modo de ejemplo, la importación de repuestos o chapa para nuestros buques tributa un arancel de 40%. En Paraguay, las mismas piezas tributan 10%. El gasoil, en nuestros puertos cuesta el doble que en aquellos países.
La crisis parecía terminal, pero una serie de medidas tomadas por el actual gobierno ha generado una expectativa favorable en los que estamos ligados a esta actividad. La modificación del régimen de retenciones a las exportaciones agropecuarias, sumadas al nuevo tipo de cambio, más competitivo, han aumentado la superficie sembrada por los productores de granos.
La expectativa de una cosecha record, con su consecuente demanda de transporte, constituye una esperanza y un desafío a la vez. Una esperanza, porque implica un potencial crecimiento para nuestra industria; pero un desafío, porque ese potencial sólo se hará efectivo si realizamos los cambios necesarios en tiempo y forma. Mientras tanto, hoy los trabajadores argentinos del sector fluvial -los mejor formados y capacitados de la región-, no tienen barcos que tripular.
Hace ya más de un año que los empresarios de nuestro sector se constituyeron en una única cámara, la Federación de Empresarios Navales Argentinos (FENA), para su mejor representación. Este nuevo organismo tiene un diálogo fluido con los trabajadores que me toca representar. Sin olvidar nuestros intereses particulares, nos une la plena conciencia de que este marco regulatorio nos pone a todos, empresarios y trabajadores, en grave riesgo de desaparición. Juntos, venimos planteando la imperiosa necesidad de que el sector público reduzca la abrumadora carga tributaria que nos impide trabajar con normalidad.
La novedad a destacar es que los nuevos funcionarios se han comprometido a trabajar con nosotros para producir todos los cambios que sean necesarios para la reactivación del transporte fluvial y marítimo, la recuperación de los miles de puestos de trabajo perdidos y la permanencia en el país de esos cinco mil millones de dólares anuales. Una reducción impositiva inmediata sería un gesto a destacar, ya que confirmaría la seriedad de sus intenciones. Con ese fin, hemos creado una comisión tripartita que, esperamos, comience a trabajar a la brevedad. No es la solución definitiva ni mucho menos, pero es un paso en el sentido correcto. El primero en muchos años.

Julio González Insfrán

Secretario general del Centro de Patrones y Oficiales Fluviales

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