LN-33 EL INVIERNO Y EL GAS

El invierno complica siempre el abastecimiento de gas, ya que son los meses de cortes de suministro a las centrales eléctricas y a las industrias. Como nuestra producción es menor al consumo invernal, hay que cortar gas y reemplazarlo con combustibles petroleros más caros y además importados. Pero el gas es siempre muy importante, ya que somos uno de los pocos países del mundo caracterizados por su gran dependencia del abastecimiento gasífero. En el mundo el gas satisface apenas la tercera parte del abastecimiento total energético. La importancia del consumo de gas en nuestro país es 4 veces mayor que en Brasil y cinco veces a la situación de Chile, ya que en Brasil el gas abastece el 13 por ciento del consumo energético y en Chile apenas el 10 por ciento, mientras que en nuestro país el gas es el principal insumo energético, ya que representa nada menos que la mitad del consumo de energía. Esta gran dependencia del gas es hoy un grave problema, por el gran retroceso que ha tenido nuestro sector gasífero en los últimos años. El panorama gasífero argentino es hoy el siguiente:
(i) Gran disminución en la producción local, ya que en el 2003 la producción de gas era 19 por ciento mayor a la registrada en el 2015 (último año K). Además, tengamos en cuenta que la población creció el 15 por ciento desde el 2003 y el PBI más que se duplico.
(ii) Todo esto incidió en un gran aumento del consumo, que creció en este periodo un 40 por ciento. Pero además, la congelación de las tarifas de gas estimulo aún más durante estos 12 años el consumo de gas, ya que el bajo precio Influyomuy en el desaliento a las iniciativas de conservación y eficiencia energética. Han sido muchos años de tarifas divorciadas de la realidad, por esta razón ya hay una nueva generación con hábitos de alto consumo no solo de gas sino también de electricidad.
(iii) La escasa inversión en la expansión de las energías limpias (solar, eólica y hidráulica), también estimulo aún más el consumo de gas. Debido a la poca atención que se prestó en la última década a las energías no contaminantes, la utilización de gas para generar electricidad aumento 80 por ciento entre el 2003 y hoy.
(iv) El abastecimiento gasífero, se ha venido agravando año a año por algo preocupante, si tenemos en cuenta que la producción de gas depende básicamente del nivel de reservas comprobadas y desarrolladas, es decir aptas para su producción. Las cifras son elocuentes ya que hacia el 2003 el nivel de reservas era el doble que el actual. Este retroceso en las reservas compromete nuestro futuro abastecimiento de gas, ya que es difícil imaginar un programa de importantes inversiones con tarifas divorciadas de los costos.
(v) Como aumento tanto el consumo interno y al mismo tiempo disminuyo la producción, está claro porque dejamos de exportar y comenzamos a importar gas desde otros países, por esta razón alrededor de la tercera parte de nuestro consumo ahora depende de importaciones desde Bolivia o por barcos desde otros países. A esta lista de proveedores externos acabamos de incluir a Chile, aprovechando gasoductos que fueron construidos en el pasado no para importar sino para exportar a ese país.
En la evolución futura de nuestra producción gasífera jugara un papel central el tipo de financiamiento elegido para hacer viable el aumento en la producción, lo cual exige prestar atención a las tarifas que deben pagar los usuarios de este servicio. A inicios de este año nuestras tarifas estaban alejadas de las vigentes en los países latinoamericanos ya que estaban muy lejos de cubrir los costos de producir y distribuir el gas; baste decir que las tarifas por el gas residencial eran entonces 8 veces mayores en Chile y 15 veces superiores en Brasil.
Estas distorsiones son de una magnitud tal que hace difícil aplicar rápidamente mayores tarifas que cubran íntegramente los altos costos de la producción, transporte y distribución de gas. Esto indica que un sendero políticamente viable es aquel caracterizado por un acercamiento gradual a futuras tarifas superiores a las actuales, con un régimen que fije inicialmente cual es la meta tarifaria final de manera que los consumidores comiencen ya sin demoras a adoptar hábitos conservacionistas.
Es evidente que se puede discutir el ritmo y la gradualidad en los ajustes tarifarios que ahora están en curso, pero no parece sensato negarse demagógicamente a reconocer nuestra realidad, con consumos crecientes, producciones en retroceso por más de una década y tarifas insuficientes para cubrir los costos.

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