UNA VISIÓN “ANTICEOCRÁTICA”, EL BUNDESRAT ALEMÁN Y EL MITI JAPONÉS EN UN LIBRO SOBRE “ACUERDOS Y DESACUERDOS OBRERO-PATRONALES”

“Acuerdos y desacuerdos obrero-patronales (Consejos Económicos Sociales. Un aporte para la construcción en común)” es el título de un pequeño libro del economista y empresario marplatense Eduardo Antonio Benedetti quién, desde una óptica desarrollista, realizó una recopilación histórica de lo sucedido en la Argentina sobre lo señalado en el título de la obra pero en la cual, sin hacer referencias, quizá sin proponérselo o sin saberlo, retrotrae al lector a dichos de Adam Smith, John Kenneth Galbraith y James Burnham, entre otros, y al funcionamiento de instituciones como el Bundesrat (senado) de Alemania o el MITI (Ministerio Internacional del Comercio y la Industria) del Japón.
A lo largo de la gran mayoría de las 160 páginas de la publicación de “Ediciones Fabro”, Benedetti, quién durante décadas gerenciara la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP) de Mar del Plata y que actualmente es un hombre clave en la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA), realizó un racconto de las relaciones obrero-patronales a partir de las propuestas del empresariado nacional con Vicente Fidel López y Carlos Enrique José Pellegrini a la cabeza, de 1873 durante la presidencia de Nicolás Avellaneda hasta la reciente gestión gubernamental de Cristina Elisabet Fernández.
Pero si hay algo realmente llamativo son las propuestas, compartibles o no, con las que avanza en sus breves últimos capítulos en los que plantea la creación, por vía de una ley, de un Consejo Económico Social (CES), con participación tripartita de los estados Nacional y provinciales, de las cámaras empresarias y de los sindicatos de trabajadores, que actúe como órgano de asesoramiento a los poderes Ejecutivo y Legislativo en los grandes temas estratégicos que definan la adecuada defensa de los intereses nacionales.
Y en esas propuestas, sin que se hagan menciones ni citas bibliográficas a los antes mencionados, en las que abundan las referencias a Rogelio Frigerio y Santiago Senén González, fundamentalmente, amén de otras a Juan Domingo Perón, Alejandro Ernesto Bunge, Aldo Ferrer, Marcos Merchensky y muchos más, van surgiendo ideas que llevan a reflexionar sobre aspectos de largo tratamiento en la historia económica mundial como lo planteado sobre la cuestión de la “ceocracia” por el escocés Adam Smith con la aparición de “Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones” el 9 de marzo de 1776, justo 240 años atrás, ya que el libro de Benedetti se editó en marzo de 2016.
Adam Smith advirtió ya entonces que era necesario evitar que se conformase un estrato gerencial que terminase perjudicando a la sociedad en general y a los propios accionistas de las empresas que manejaban para lo cual era indispensable que los directorios de las sociedades, anónimas estuviesen integrados por quienes poseían un paquete accionario significativo, lo que fue cuestionado en 1803 por Jean Baptiste Say en su “Tratado de economía política”.
La visión de Adam Smith fue algo que, tal vez por pura coincidencia, retomó Benedetti al decir que los representantes patronales en el propuesto CES debieran tener no menos del 30 por ciento de las acciones de la firma.
La cuestión de la “ceocracia”, o gobierno de los CEO (Chief Executive Officer), fue prevista también, pero de una manera descriptiva y hasta con un cierto tono favorable, por el sociólogo estadounidense James Burnham, originalmente un seguidor de León Davidovich Bronstein (Trotsky), en su obra “La revolución de los directores”, de 1941, donde describe la evolución del poder gerencial en las grandes corporaciones que se desarrollaban en el mundo capitalista durante las primeras décadas del Siglo XX.
Como contraposición a todo ello resulta muy interesante la visión “anticeocrática” del economista canadiense John Kenneth Galbraith, al cuestionar la “tecnoestructura” de las “grandes corporaciones”.
Galbraith fue asesor y embajador en la India del asesinado presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy, lo que no era bien visto por esa franja gerencial, a la que, por ejemplo, se cuestionaba que viajase en aviones privados y cobrase fortunas por salarios mientras las utilidades que generaban las tenencias accionarias eran cada vez menores, en casi un anticipo de lo que pasase a fines de la primera década del Siglo XXI en los Estados Unidos de América y cuya mejor demostración fue la quiebra de Lehman Brothers.
También Benedetti, siempre sin hacer referencias a ello, trae a la memoria el funcionamiento federal del estado alemán cuando señala que los representantes designados por las organizaciones públicas o privadas para integrar el propuesto CES no debieran tener un carácter estable sino rotado según las circunstancias.
Es poco conocido que en Alemania, si bien el Bundestag (cámara baja), electo por la ciudadanía es el órgano que designa al primer ministro y sanciona la mayor parte de las leyes per se, existe el Bundesrat (senado) cuyos miembros son designados por los primeros ministros de los diferentes lands (estados), para cada oportunidad, cuando se tratan leyes cuya sanción excede a los simples ciudadanos y hacen al interés específico de los estados como integrantes de un sistema federal como, por ejemplo, una eventual disputa limítrofe, o una reasignación de recursos públicos.
Por último también resulta interesante la importancia que asigna a las universidades nacionales como soporte técnico de los proyectos que se planifiquen en el eventual CES a las que, si bien no las incluye como integrantes del mismo, se les da el rol relevante a la hora de estudiar la conveniencia de aquellos lo cual hace pensar en la importancia que tuvo en el renacimiento japonés después de la Segunda Guerra Mundial apoyado en la creación en 1949 del MITI, con la participación del estado, las corporaciones obreras y empresariales y las universidades.
En suma, una rememoración de “Acuerdos y desacuerdos obrero-patronales”, que concluye con una propuesta, a debatir, para proyectar un futuro nacional basado en el desarrollo económico y la adecuada reasignación social de la riqueza, que es el fondo de la cuestión planteada en el libro.

Por Fernando Del Corro

Se el primero en comentar en "UNA VISIÓN “ANTICEOCRÁTICA”, EL BUNDESRAT ALEMÁN Y EL MITI JAPONÉS EN UN LIBRO SOBRE “ACUERDOS Y DESACUERDOS OBRERO-PATRONALES”"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*