ELOGIO DEL MÉTODO DE “CORTAR Y PEGAR”

Según Jorge Luis Borges “nada ocurre por primera vez” y todo lo que decimos o escribimos fue ya dicho o escrito antes por otro. Tiendo a coincidir en esto con Borges e incluso a creer que todo lo que es y todo lo que percibimos, pensamos, sentimos, decimos y escribimos acerca de ese ser, antes fue en Dios, que está en todo.
Si en este punto Borges y yo nos aproximamos a la verdad, resulta de ello que pretender ser original en lo que se dice o escribe, no es más que vana soberbia resultante de ignorar quién y cuándo nos precedió en tales dichos o escritos.
De ello también resulta que, para pesar de María Kodama, correspondería abolir los derechos de autor y el delito de plagio, ya que todos somos coautores y plagiarios, aunque no sepamos con quien compartimos la autoría y a quien estamos plagiando.
Sirvan estas líneas de elogio al método de “cortar y pegar” que, mediante Internet, alcanzó dimensiones casi infinitas y abrió posibilidades antes inexistentes al uso del pensamiento analógico, una forma del saber humano hasta ahora vedada a las máquinas, por sofisticadas que ellas sean.
Por fin, ellas implican una autorización expresa – aunque tal vez innecesaria – a que cualquiera reproduzca en forma parcial o total lo dicho o escrito por mi sin citar autoría habida cuenta que todo lo que pienso, digo y escribo fue antes pensado, dicho o escrito por otro u Otro, cuya autoría suelo no citar por desconocimiento u olvido.

 

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