“CRÍMENES DE HONOR”: ARGUMENTOS PARA MATAR AL DISTINTO

Farzana Parveen, de 25 años, atacada hasta morir bajo una lluvia infame de piedras por 20 asesinos, algunos de ellos miembros de su familia, en la región paquistaní del Punjab. La horda asesina gritaba que ella no obedecía a su esposo Iqbal, quien sollozando por su poca fortuna, dijo a CNN que había matado a su primera esposa seis años antes para poder casarse con Farzana.
Hace días, Qandeel Baloch, llamada la Kardashian paquistaní, fue estrangulada por su hermano en la ciudad de Multan. Ella ofendía el honor familiar con sus fotos en Facebook.
“Para proceder a la masacre, los asesinos construyen primero el argumento que la justifique”. Con esta brutal pero irrebatible definición, el filósofo Tomás Abraham abre las páginas del trabajo que Michel Foucault desarrollara en su genial Genealogía del racismo. Foucault describe cómo grupos étnicos, orientaciones religiosas múltiples, grupos de fanáticos y en muchas ocasiones los Estados, construyen argumentos para exterminar a los “distintos” con justificaciones morales, razones históricas y culturales que permitan poner al agresor del lado de la verdad. Los llamados crímenes de honor, si es que alguien en su sano juicio puede encontrar honor alguno en el crimen, intentan justificar el embrutecimiento de la especie humana basándose en lo intolerable que resulta tener una conducta distinta a la ordenada por el agresor.
UNICEF dice que en América Latina, los asesinatos de honor son la tercera causa luego del acoso sexual y la violencia doméstica. Naciones Unidas estima en cinco mil las mujeres víctimas de su familia en asesinatos de honor todos los años. Turquía mantiene hace una década una tendencia: son más hombres que mujeres los muertos en los llamados crímenes de honor, según datos de la Universidad de Estambul. Ya en 2006 la policía turca registró 1.190 asesinatos bajo el argumento de honores familiares mancillados, de los cuales 710 fueron perpetrados contra hombres y 480 contra mujeres. Mujeres y hombres asechados por asesinos cercanos mueren como Aqsa Parvez, joven canadiense de16 años estrangulada por su padre paquistaní por no querer usar velo islámico en Canadá. Guerras cotidianas que solemos mirar sin ver.

Patricia Pérez es directora de ILAPyC — Instituto Latinoamericano Paz y Ciudadanía

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