UN HITO PARA LA PROYECCIÓN MARÍTIMA DE NUESTRO PAÍS

Uno de los éxitos políticos y técnicos más importantes ocurridos en los últimos tiempos es, a mi juicio, la aprobación de la propuesta de demarcación de impulsada por el equipo de expertos argentinos de la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA) en abril de este año por la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU. Se trata de un complejo trabajo multidisciplinario de alta jerarquía y largo aliento que se inició a fines de los años 90, cuyo objeto fue determinar precisamente el límite exterior de la plataforma. Un primer comentario político: el de la continuidad en medio de las divergencias y de las grietas; el éxito entonces debe atribuirse a no menos de seis presidentes argentinos y sus equipos diplomáticos.
El segundo es un comentario técnico: la tarea de demarcar el límite de una superficie tan extensa, y además submarina, y haberlo hecho con la calidad como para ser aprobado por la ONU, es de alta exigencia científica, tecnológica y logística. Ello pone a este trabajo en el nivel de los grandes emprendimientos de los pioneros, sin ir más lejos de la obra del perito Francisco Moreno con su extraordinaria labor de demarcación del límite entre nuestro país y Chile en último cuarto del Siglo XIX.
Los resultados son extraordinarios: la plataforma que tenía un límite externo en las 200 millas náuticas se expande hasta las 350 millas y con ello su superficie pasa a ser de 6.580.000 Km2 un 48% más extensa que la preexistente; esa superficie es casi dos veces y media la superficie de todo nuestro territorio continental. Argentina en esa inmensa geografía marina tiene derechos económicos exclusivos, por ejemplo para la exploración y explotación de los recursos naturales del lecho y del subsuelo en el caso de la plataforma continental y además de los recursos vivos, como la pesca en la plataforma económica exclusiva. Han pasado tres meses de los importantes anuncios oficiales. Una lectura de las informaciones periodísticas de los días previos y posteriores indica que: a) La repercusión nacional fue intensa pero de corta duración; en su gran mayoría los diarios argentinos pusieron de manifiesto casi exclusivamente dos cuestiones. La primera el reconocimiento de la existencia de una disputa de soberanía en el Atlántico Sur; y la segunda el hecho de que las islas Malvinas se encuentran geográficamente dentro de la Plataforma continental b) los diarios ingleses más importantes -The Guardian; The Telegraph y The Times- expresaron temores respecto a que el fallo pudiera alentar reclamos de soberanía por parte de Argentina.
c) En Chile los diarios pusieron énfasis en que en la Antártida se superponen territorios reivindicados por ambos países y consecuentemente se también se sobrepone la geografía de la plataforma cuya explotación económica exclusiva podrían reclamar ambos países.
d) Finalmente la intensidad de la divulgación descendió hasta anularse pocos días después de los anuncios oficiales.
En resumen la noticia de la delimitación geográfica de un límite, que es trascendente en su potencialidad económica fue interpretada exclusivamente en clave de disputa de soberanía. Quisiera proponer una mirada alternativa -o al menos complementaria- e indagar sobre el potencial económico de la noticia y sobre todo de la necesidad de reenfocar la real posibilidad del aprovechamiento de nuestros espacios marítimos. Ese es el verdadero aporte del equipo diplomático argentino.
En primer lugar surge lo poco que hemos hecho y que hacemos los argentinos en la utilización de esos espacios. La inmensa área marítima ahora extendida a 350 millas que no está bajo disputa de soberanía es de una virginidad extraordinaria, como también lo es hasta las 200 millas. Esa virginidad es solo comparable a la que describía Sarmiento en el Facundo cuando hablaba de la pampa en 1845. Y ese es precisamente el desafío.
Nuestra plataforma económica exclusiva en la zona no sometida a disputa soberana –hasta las 200 millas- no ha sido explorada en cien años de historia petrolera. ¿Seremos capaces ahora de explorar hasta las 360 millas? Repuesta difícil, si no hubiera previamente un giro copernicano en el modo de enfocar la cuestión petrolera de los últimos 25 años.
Hay que asumir que Argentina en exploración en el mar pierde si se lo compara con todos los países de América del Sur con litoral Atlántico. Ha explorado mucho menos que Brasil; mucho menos que los isleños de Malvinas; menos que Uruguay hoy que ya encara con decisión la exploración petrolera en su muy pequeña área mar adentro frente al balneario -preferido de los argentinos- de Punta del Este. Conviene aclarar que la desventaja se ha producido en los últimos 20 años; no más lejanos en el tiempo están los inicios de los proyectos brasileños, malvineros y uruguayos.
La noticia que nos han dado los diplomáticos es alentadora. El desafío ahora es generar un proyecto nacional consensuado: explotar económicamente la Argentina expandida empezando por las partes no sometidas a disputa de soberanía, ¿Por dónde empezar? Por la exploración petrolera y por un gran programa de estudios sísmicos. Así podremos recuperar el auto abastecimiento energético. Nos debemos inspirar en nuestras propias experiencias exitosas. Marco dos hitos: los contratos petroleros del Plan Houston del presidente Alfonsín; y también el extraordinario éxito de la empresa francesa Total cuyos descubrimientos petroleros y gasíferos en el mar austral constituyen uno de los episodios más trascendentes de nuestra historia energética.

Jorge Lapeña (Clarín)

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