GIMME THE POWER (DAME EL PODER)

La edificación de una planta industrial de inmensas proporciones por parte de Tesla, empresa distintiva de la economía estadounidense y mundial, es una buena excusa para evaluar el impacto de las tecnologías de punta y las firmas que las comercializan, en el desarrollo de las naciones, la industria, los recursos naturales y los trabajadores.

El mundo sigue la corriente

“Es la máquina que construye la máquina”. De esta manera define Elon Musk a la fábrica que Tesla Motors levanta en el desierto de Nevada, Estados Unidos, destinada a producir las baterías que movilizan a sus autos eléctricos, actualmente importadas de Asia. La meta de la compañía de alcanzar la friolera suma de 500 mil autos por año en el 2018 demanda una importante reducción y reorientación de recursos para atender a la demanda norteamericana, de allí la necesidad de contar con este monumental centro productivo.

De cumplirse el programa previsto por Tesla, en el año 2020 producirá más baterías que las elaboradas en el año 2013 en todo el mundo. La mayor parte del trabajo será llevado a cabo por robots (de allí la definición de Musk), bajo la atenta mirada de un cuerpo de ingenieros que, desde sus escritorios, accederán visualmente a las deshumanizadas líneas de montaje.

Un conocedor del rubro consultado por Jack Stewart, investigador de Wired y autor de la nota que inspira y nutre este título, explica que es una simple cuestión matemática: si se apunta a controlar más del 50 por ciento de un mercado es vital controlar toda la cadena de suministros. La casi totalidad de elementos que se necesitan para construir una batería se concentrarán bajo los techos solares (sí, incluso eso) de esta majestuosa máquina fabricadora. También el litio.

“Tesla no extraerá el mineral directamente de la mina, pero su cadena de valor comenzará no muy lejos de allí”. Stewart advierte que la demanda global del litio y de las baterías que lo contienen, crecerá significativamente en la medida que las grandes automotrices continúen con la senda en la que Tesla es pionera. Dominar la manipulación del mineral y el agregado de valor no sólo permitirá a Tesla retener los precios de un negocio formidable en el producto final, sino también incubar y acelerar las innovaciones que involucran los usos del litio y las tecnologías en juego.

El ambicioso Plan Maestro Parte Dos del director ejecutivo de Tesla se dirige a crear una empresa integrada verticalmente, que construya, además de los vehículos eléctricos, baterías para almacenar la energía que los propulsan y los paneles solares que la generan. A su vez prevé incorporar pickups y medios de transporte. Elon Musk quiere electrificarlo todo.

Capitalismo de Estado

Tesla puede diseñar verdaderos planes de dominio mundial en buena medida por la temprana colaboración de un Estado, que a través del Departamento de Energía, prestó nada menos que 465 millones de dólares en el 2009 a la empresa. A lo que hay que adicionar, como bien indica Mariana Mazzucato, los masivos beneficios otorgados a nivel federal y estadual, a través de incentivos y descuentos impositivos.

Notable: el país que se precia de ser emblema del libre mercado arriesga millonarias sumas estatales en actividades de frontera que (por su condición de tal) no despiertan el interés de inversores privados (cada vez más reacios a participar en todo lo que no sea timba con buena expectativa de rentabilidad en el corto plazo). Al mismo tiempo que Estados Unidos financia/protege a sus industrias, en Argentina se libera de presión impositiva estatal a la actividad extractiva minera concentrada en empresas multinacionales, replegando injerencia en el estratégico y no renovable insumo que tanto anhela obtener Musk para gobernar sus aplicaciones y utilidades.

Al describir la potencialidad del litio el especialista en innovación y desarrollo productivo Fernando Peirano da en la tecla al subrayar tres puntos de relevancia insoslayable para el interés argentino y regional: la necesidad de contar con un plan estratégico que defina la participación de cada actor en la industrialización o agregado de valor; la oportunidad para rediscutir el modelo automotriz a partir de los cambios tecnológicos (atención sector autopartista); y la posibilidad de potenciar capacidades y poder de mercado mediante alianzas o cooperaciones con los países hermanos (y sus empresas con las nuestras, claro), en primer término Bolivia y Brasil.

Materializar los puntos destacados por el licenciado Peirano exige un Estado planificador, inversor y financista (con toda la inteligencia y expertiz posibles, desde ya). Esperar que las fuerzas del mercado, solitaria y libremente, aporten los recursos necesarios es cosa temeraria, a la que ni siquiera el gran país del Norte se atreve.

El principal recurso

Registremos, por último, que la relocalización industrial de Tesla, a favor del territorio cuyo gobierno intervino como prestamista de riesgo (¿condición para proveer el crédito?) implica una gran contratación directa de mano de obra no calificada…en la construcción de la fábrica. La producción, a posteriori, aparentemente, será distribuida entre robots y personal altamente calificado.

La dinámica laboral de Tesla sintoniza con otra repatriación: Adidas anunció en mayo de este año que en el 2017 volverá a producir calzados en tierra alemana. En efecto, después de 20 años de haber mudado sus actividades al Asia, su director ejecutivo Herbert Hainer informó sobre el retorno mencionado, posible gracias a la sustitución de la mano de obra humana por mucho más eficientes y no asalariados robots. Para infelicidad del casi millón de trabajadores asiáticos, Hainer adelantó planes para inaugurar otras “Fábricas veloces” en Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia.

Las tendencias descriptas en este artículo deben llamar la atención de nuestros decisores públicos y privados, en especial lo señalado en el último subtítulo, porque industrias de punta y recursos naturales no renovables son asuntos de primer orden a la hora de proponer un desarrollo nacional, pero no debemos perder de vista el recurso más valioso con el que cuenta cualquier país: los hombres y mujeres que lo habitan.

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