COMBATIENDO AL AHORRO

Hace muchas décadas que venimos repitiendo slogans parecidos a éste que es el de combatir la idea de que el ahorro se coagule en empresas formales y que éstas ocupen a toda la población productivamente.
El ahorro es la base del crecimiento económico y de la generación de más riqueza que es el objetivo que todos los países quieren lograr. El libro de Adam Smith, publicado en 1776, el mismo año en que se declaró la independencia de Estados Unidos y en que se creó el Virreinato del Río de la Plata, se llama: “Una Investigación acerca de la Naturaleza y las Causas de la Riqueza de las Naciones”. Como su nombre lo indica, estudia las formas que se pueden aplicar para hacer que una Nación pueda llegar a ser más productiva, las formas diferentes de cómo generar más riqueza anual, que es lo que hoy llamamos el PIB, el Producto Interno Bruto.
El secreto para obtener más riqueza de una nación está en la aplicación de mayores dosis de ahorro a la producción. No es sólo esto, sin embargo, pero este aspecto es uno de los más importantes del crecimiento económico. Adam Smith, quien era filósofo, se dedicó a estudiar Economía para determinar de qué manera se puede llegar a ser mucho más productivo y lograr tasas más altas de crecimiento de la riqueza para combatir la pobreza.
En nuestro país, después del golpe de Estado de 1930 y lo que siguió hasta este momento es que perdimos el rumbo y no lo hemos podido recuperar hasta el presente. Los intereses sectoriales fueron apoderándose del país, aunque de una manera imperceptible. Ellos estudiaron la forma más adecuada de justificar sus pretensiones y difundieron razonamientos muy atractivos, que atrajeron a mucha gente a sus lineamientos, especialmente a los políticos. En cuanto a los resultados, vistos desde la perspectiva actual, terminaron siendo desastrosos para el país.
En las últimas décadas hemos expropiado el ahorro que todavía quedaba en el país. Recordemos que desde hace mucho tiempo lo habíamos hecho provocando una inflación galopante que fue mayor al 70 % promedio anual entre 1944 y el presente y que licuaba a ese ritmo el valor del dinero. Una verdadera locura por su magnitud y duración.
Los gastos públicos crecieron sin límites y se aplicaron mayores impuestos para financiarlos. Como esto no alcanzó, nos endeudamos por encima de nuestras posibilidades para seguir gastando, pero tampoco alcanzó y tuvimos que declarar el default, o no pago de la deuda pública, en varias oportunidades. En 1990 y en 2002 canjeamos todos los depósitos bancarios del sistema económico argentino por un bono estatal a 10 años, que en el último caso fue el Boden 2012. Este tipo de operaciones no se vieron en ninguna parte del mucho y constituyeron otra locura de nuestros políticos que nos condena a hacer las cosas muy bien para volver a ser creíbles. Seguramente ese proceso va a llevar varios años, siempre que las cosas se hagan bien.
A ese tipo de medidas extremas, sus defensores de lo llaman “combatir al capital” o “combatir al ahorro”. A la salida de capitales para protegerse de estas medidas extremas, lo llaman también “fuga de capitales”. En este momento se está desarrollando un blanqueo de capitales para que los que están en negro se decidan a regularizarse y queden con sus ahorros localizados en Argentina. Es una buena idea, aunque los ahorristas preguntan por el sistema impositivo posterior al blanqueo.
En el exterior habría, según diferentes estimaciones, alrededor de u$s 400.000 millones. Es una cifra extraordinaria. Deberíamos preguntarnos por las causas que llevaron a los ahorristas a tomar estas decisiones y de esta manera nos podríamos dar cuenta de que la precariedad del trabajo, el trabajo en negro, el 30 % de pobreza que hoy tenemos en el país fueron generados por esos mismos políticos que “combatieron al capital” pero no pensaron nunca en el futuro del país. Ese dinero es el que nos falta para ocupar formalmente y productivamente a todos los argentinos.
Todos los argentinos estamos interesados en que nuestra patria, la Argentina, recupere el sendero perdido, pero para ello debemos cambiar muchas cosas, la primera es eliminar la inflación. Si pensamos que haciendo siempre lo mismo, más gasto y déficit fiscal, altísima protección arancelaria, industria protegida y muchas otras políticas por el estilo, vamos a tener resultados distintos a los de los últimos 70 años, nos engañamos. Ahora ya no podemos permitirnos equivocarnos una vez más.

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