1980: EL “DÍA DE LA INDUSTRIA” Y UN DURO GOLPE AL PROCESO CÍVICO-MILITAR

La dictadura terrorista cívico-militar encabezada por el teniente general Jorge Rafael Videla, designado presidente de facto por los jefes de las tres componentes de las Fuerzas Armadas hacía algo más de cuatro años, desarrollaba, a través de su ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, una política que presumía contar con el apoyo de los principales sectores empresarios del país, pero la conmemoración del “Día de la Industria” del 2 de septiembre de 1980 constituyó uno de los mayores baldes de agua fría recibidos hasta entonces.
La Unión Industrial Argentina (UIA) se encontraba intervenida por las autoridades procesistas y al frente de la misma, como interventor, había sido designado el empresario Eduardo Valentín Oxenford, presidente de la firma Alpargatas, una de las principales líderes manufactureras de la época.
El diario “La Nación” calificó al día siguiente el hecho como “una noche difícil de olvidar” para la historia argentina de aquellos tiempos en los que el malestar de los argentinos crecía ante los crecientes problemas que para sus bolsillos había generado y profundizaba, la política de Martínez de Hoz aliado a la llamada “Patria Financiera” que golpeaba no solamente a los trabajadores sino también a los diferentes sectores productivos, en particular a las pequeñas y medianas industrias.
“La base patrimonial del sector industrial se está deteriorando. Sus esfuerzos están destinados a subsistir. En estas condiciones no puede generar ni atraer capitales necesarios para asegurar el crecimiento que un país requiere”, señaló Oxenford en su discurso, indicando que los problemas involucraban a sectores tan diversos como a los empresarios de la alimentación, papeleros, pesqueros, siderúrgicos y textiles, entre otros mientras, en medio de escándalos, se acrecentaban los negocios financieros.
Oxenford, de esa manera, marcó un punto clave de arranque para el fin de las políticas de Videla y Martínez de Hoz, presentes en el acto, y cuya escalada devino en un cambio radical aplicado a partir del año siguiente cuando el primero fuera reemplazado por el teniente general Roberto Eduardo Viola y el segundo por el economista Lorenzo Juan Sigaut, mientras el propio Oxenford asumiera como ministro de Industria y Minería de la Nación.
Si bien Oxenford integraba el más liberal Movimiento Industrial Argentino (MIA), por entonces mayoritario dentro de la UIA, su discurso estuvo impregnado de los reclamos que sostenían los dirigentes del Movimiento Industrial Nacional (MIN), formalmente encabezado por el industrial vitivinícola salteño Arnaldo Etchart, donde se destacaban también Pedro Benejam, Juan Moravek, Héctor Massuh y, entre otros, los desarrollistas Miguel Aidar, José Censabella, José Luis Coll y Samuel Kait, liderados estos últimos por el máximo dirigente de esa orientación política, Rogelio Julio Frigerio, abuelo del actual ministro del Interior Rogelio Frigerio.
Esos reclamos ya habían estado apareciendo en notas aparecidas en los medios periodísticos nacionales entre las que se destacaban las surgidas de la pluma del economista y periodista Marcelo Alberto Bonelli quién ya por entonces cubría las informaciones del sector empresario.
Si bien Martínez de Hoz intentó continuar con su política pro financiera que por entonces se afincaba en la “Tablita Cambiaria” de devaluación progresiva y anunciada que favorecía la llegada de divisas para ser transformadas en pesos y cobrar las altas tasas de interés locales dando lugar a la “Plata Dulce”, el duro golpe recibido el “Día de la Industria” hizo que sectores empresarios del agro y el comercio también fueran cerrando filas, al igual que diferentes fuerzas políticas, como los viejos partidos conservadores del Interior, sobre todo los correntinos y mendocinos, con lo que se conformó el paquete de fuerzas que gobernó durante la mayor parte de 1981 el país pero derrocado a fines de ese año por un revival del sector financiero que llevó a la Presidencia al teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri iniciando la fase terminal del “Proceso”.
La noche del “Día de la Industria” del 2 de septiembre de 1980 se convirtió así en algo para recordar en la memoria de los argentinos en general y de los industriales en particular.

Por Fernando Del Corro

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