CRISIS DE PRODUCTIVIDAD EN EE.UU.

El desplome de la productividad es un fenómeno mundial. En 2015 creció 1,2% y este año lo haría en 1% anual, o menos. Pero en el país frontera del capitalismo viene bajando de manera tendencial.

La economía norteamericana creció 1,2% anual en el segundo trimestre de 2016, tras expandirse 0,8% en los tres meses previos, con una proyección de 2,2% en el año, acorde con lo ocurrido a partir de 2009, en que el alza promedio fue 2,1% anual (la expansión entre 1947 y 2007 fue 3,4% por año).
Esto ocurre cuando existe una desocupación inferior a los niveles registrados previamente a 2008 (4,7%), con una caída de la tasa de inversión de 5 puntos y un aumento de 4,2% en el consumo. La tasa de inversión en EE.UU. asciende hoy a 12,9% del PBI (era 13,4% en 2007 y 14,7% en 2000).
El factor disruptivo es la caída persistente de la productividad, la más grave de los últimos 30 años: alcanzó a 0,3% en 2015 (0,5% en 2014) y caería a 0,2% este año, inferior a la de Japón (0,4%). La productividad estadounidense alcanzó a 2,4% anual entre 1996 y 2006.
El desplome de la productividad es un fenómeno mundial, no sólo norteamericano. El producto global por hora trabajada aumentó 1,2% en 2015 (1,9% en 2014) y estaría por debajo de ese nivel en 2016 (1% anual, o menos).
La causa fundamental de esta novedad histórica ha sido la desaceleración de la economía china (6,5% en 2015 vs. 11% en 2007), que arrastró a la baja el incremento de la productividad. Fue 3,3% anual en 2015 y 5,8% en 2014, en el contexto de un alza de 7% anual entre 2007 y 2013, con un pico excepcional de 12% en 2007.
Lo más crítico de la caída de la productividad estadounidense es que más de 70% del ingreso per cápita de la sociedad norteamericana provino históricamente de la productividad de todos los factores (PTF), sobre todo en los 20 años previos a 2008 (crisis Lehman Brother).
Por eso, el virtual derrumbe de la eficacia productiva norteamericana revela una caída estructural de su capacidad innovadora, que se manifiesta en la menor creación de nuevas empresas (ha caído más de la mitad entre 1977 y 2015: era 160 por cada 100.000 habitantes entonces y ahora es 60), en la reducción de la fuerza de trabajo (65,2% en 2000 / 62,1% en 2015) y en el crecimiento de la pobreza (46 millones de personas, equivalente al 15% de la población).
La innovación en el capitalismo no es un fenómeno tecnológico, sino social/cultural (económico). De ahí que lo primero sean las innovaciones institucionales, que provocan esporádicos –aunque también quizás extraordinarios– brotes de creatividad.
También en EE.UU. hay una extensión de la vigencia de los integrantes de S&P 500 (5/10 años promedio), que junto con la disminución de la creación de nuevas empresas, indican que se ha frenado el proceso de “destrucción creadora”, y por lo tanto ha perdido celeridad la transferencia de capital físico y humano de los sectores menos productivos a los de mayor productividad.
La diferencia de productividad entre los sectores de punta y los más atrasados de la economía norteamericana es de más de 3 puntos (3,5%/0,3%, anual). EE.UU. pierde todos los años entre 3 y 4 puntos de productividad.
El problema de fondo de la economía norteamericana es la enorme pérdida experimentada por la capacidad de innovación, como lo denuncia la disminución en los últimos 15 años de la productividad de todos los factores (más de 30%) y la concentración de la aptitud innovadora en sólo 20 condados de la Costa Este y Oeste, más Austin (Texas). El resto del inmenso continente norteamericano se muestra como un páramo innovador.
En el capitalismo, la productividad no depende del capital sino del trabajo. Esto es, de la forma en que el primero torna más productivo al segundo; y esto implica más inversión y una mejora significativa y persistente del capital humano, sobre todo con relación a las exigencias de alta calificación de las nuevas tecnologías.
Estados Unidos es el país frontera del capitalismo. Por eso, la crisis de productividad es allí la más profunda y decisiva del mundo.

Jorge Castro

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