EL PROTECCIONISMO DEL SIGLO XXI

Marcello Minenna contabiliza 18 meses de un comercio global que no verifica crecimiento. Esto implica una anomalía económica que, excluyendo el período crítico del 2008-2009, no registra antecedentes en los últimos 26 años. Observa que de 1000 medidas estatales monitoreadas por la Organización Mundial del Comercio en los años 2014-2015, sólo el 30% de ellas son aperturistas, mientras que el 70% restante configura diversas fórmulas restrictivas del libre comercio. En los primeros cuatro meses de este año se implementaron 150 medidas proteccionistas, un centenar por encima de lo experimentado en idéntico plazo del 2010. El 81% de este tipo de políticas fue adoptado por miembros del G20.
Ilustra Minenna: “un nuevo sentido común está dominando las ideas de los grandes jugadores económicos globales: una mercado mayor para las propias exportaciones sólo se puede conseguir reduciendo las cuotas de otros países”. Para el analista financiero italiano las expansiones monetarias de Estados Unidos, China, Japón y la Eurozona no buscan otra cosa que debilitar sus monedas para potenciar las exportaciones. Sentenciante, agrega: “el sistema económico global se adapta a una situación de constante crecimiento débil, con bajas ganancias para las inversiones y menores incentivos a la globalización y a la contratación de mano de obra en países foráneos.” Por ello considera que la economía futura será “más y más local”.
En sintonía con el columnista de la Corriere della Sera, Simon J. Evenett y Johannes Fritz, en fascinante y elocuente reporte, examinan, entre otras cosas, cómo impactan las aplicaciones restrictivas en los países del G20 (responsables de 2/3 del comercio mundial de bienes y servicios), con qué frecuencia recurren a ellas sus gobiernos y cómo se adecuan las firmas a esta novedosa disposición. Las empresas multinacionales, sabedoras de que los líderes políticos no reprimirán sus voluntades proteccionistas, exploran estrategias re-localizadoras en sus patrias matrices, prevenidas de políticas estatales antipáticas con su radicación en el extranjero, así como activamente promotoras de sus intereses fronteras afuera.
Las manos dirigistas de decisores públicos y privados sustituyen a la otra, la invisible, partícipe de una religión -la del libremercadismo – que cuenta cada vez con menos feligreses relevantes.
La reacción china
Vivek Wadhwa detecta otro parate: el de la industrialización china. Después de tres décadas de crecimiento, ha desaparecido gran parte del interés que China despertaba en los inversores industriales occidentales. Una mano de obra no tan barata, inseguridad jurídica en los derechos de propiedad intelectual y otros órdenes, pero sobre todo la innovación tecnológica contribuyen para que el agregado de valor se relocalice en Europa y Estados Unidos.
Para revitalizar su economía, China lanzó dos planes: Made in China 2025 y el Internet Plus. Ambas iniciativas quieren modernizar las atrasadas fábricas del gigante asiático con las tecnologías de impresión 3 D y robóticas, así como integrar la internet móvil, la big data e internet de las cosas a la actividad industrial. Wadhwa cree que nada de eso servirá, Estados Unidos puede contar con su propia industria de robots para que ensamblen los artefactos que luego comprará su mercado.
El especialista en nuevas tecnologías del Washington Post subraya que Norteamérica cuenta con una mano de obra menor en términos cuantitativos, pero más actualizada en relación a las habilidades que demanda la sofisticada industria de este tiempo. Wadhwa concluye: “Tengo pocas dudas de que la industria retornará en masa a los Estados Unidos, en los próximos 5 a 10 años. Será nuevamente una industria local. No empleará el número de trabajadores de las viejas líneas de montaje, pero creará cientos de miles de puestos de trabajo bien pagos a personal altamente calificado.”
China, sin embargo, cuenta con un fenomenal mercado para disputar poder en el orden global, a la vez que multiplica sus inversiones en redes y conexiones que la fortalecen como punto neurálgico de la economía real de Asia del Este y Central, con extensiones que le aseguran influencia en Medio Oriente, África y Europa Oriental.
En Latinoamérica los chinos se aseguran un mercado de consumo de sus bienes industriales y de venta de productos primarios, al desarrollar vínculos comerciales que se concentran en recursos naturales, con inversiones que no crean nuevas capacidades tecnológicas ni, por ende, mejoran cualitativamente la inserción internacional de la región. Por el contrario, cristalizan brechas de productividad que impiden el surgimiento de competidores en el futuro.
Expectativas centrales y endeudamiento emergente
Yanis Varoufakis, ex ministro de economía de Grecia, afirma que la expansión monetaria de la Eurozona buscó que los bancos dinamizaran la economía con préstamos para que las empresas inviertan, cosa que no se logró pese a la punitiva tasa de interés negativa impuesta a los excesos de reservas, por las pesimistas expectativas del sector privado que no fueron sino reflejo de las deflacionarias del Banco Central Europeo.
Otro destino tienen también los dineros de las economías centrales, que no parece perturbar tanto a sus gobiernos: las acciones y los bonos de los mercados emergentes. Fondos financieros invierten en bonos de países emergentes con un volumen de recursos que carece de parangón en los últimos cuatro años. Durante el mes de agosto la adquisición de estos bonos alcanzó un ritmo semanal diez veces mayor que el promedio de la primera mitad del año.
Los bajos rendimientos de los títulos globales mejor calificados embellecen y hacen más atractivos los de las regiones normalmente juzgadas más inseguras. El endeudamiento de los países emergentes aumenta, como también lo hace el peligro de una fuga de capitales en caso (improbable en lo inmediato, nunca imposible en cualquier plazo) de incrementarse las tasas de interés de las economías a las que pertenecen estos incorregibles inversores institucionales.
La armonización de estrategias orientadas a la convergencia de los intereses de estados nacionales y sus firmas globales, sugerida por Minenna, Evenett y Fritz, ¿puede tener su correlato en el plano financiero entre los fondos de inversión y los países desde los cuales operan? A riesgo de ser acusados de conspirativos, cabe conjeturar tal posibilidad en el diseño de los planes que disocien intereses de unos y otros.
Estados estrategas e inserciones dependientes. Apuntes
El modelo proteccionista de este novel siglo XXI proyecta una competitividad sumamente intensa entre los países que cuenten con la aptitud tecnológica para defender sus mercados y penetrar los externos. Los interesados en participar de esta carrera deben formar y dotarse de una población hábil para construir las innovacciones indispensables a ese efecto.
Otras estrategias estatales persisten y persistirán en asegurar mercados compradores de los bienes industriales nacionales, por lo cual se dificultarán –aun más- las transferencias de capacidades tecnológicas y las inversiones promotoras de mejoras productivas que potencien competencias indeseadas. Amén de ello, expectativas deflacionarias y de crecimiento bajo de largo aliento anticipan años de inversiones flacas.
Sólo pueden conjeturarse los motivos por los cuáles capitales privados arriesgan en bonos emergentes, en cualquier caso constituyen “inversiones” potencialmente condicionantes de los países que se endeudan y exponen a fugas desestabilizadoras.
Se verifican alianzas internas en las economías centrales de Oriente y Occidente, entre los sectores empresariales y gubernamentales, para fortalecer las intervenciones más allá de las fronteras nacionales y resistir las que responden a estados nacionales competidores.
La relocalización nacional de la industria no impactará positivamente en el mercado laboral favorecido, al menos en el corto plazo y de modo directo. Esto operará también como factor disuasivo de inversiones en el exterior. Cabe esperar una gestión inteligentemente egoísta de los recursos, para contener los desajustes socio laborales del “mientras tanto”.
Los países que improvisen aperturismos insensatos o insistan en modelos defensivistas desactualizados, apuesten al endeudamiento o a las inversiones extranjeras; no prioricen el fortalecimiento de los sistemas educativos y formativos, ni construyan alianzas estables con actores productivos nacionales tienen como destino la irrelevante dependencia.

Por Fredes Luis Castro

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