LA HISTORIA FAMILIAR Y EL ROSTRO MÁS HUMANO DE DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

Faustino Valentín Quiroga Sarmiento, bautizado en Carrascal, provincia de San Juan de la Frontera, fue un hombre de convicciones y pasiones puestas al servicio de ideas que trascendieron definitivamente los límites de su propio tiempo y aún permanecen en las bases del pensamiento de la sociedad argentina.

Los debates de nuestra modernidad tienen raíces en las ideas de un hombre de sangre criolla producto del mestizaje de la antigua nación huarpeallentiak, que tenía su territorio en la actual provincia argentina de San Juan, con herederos de nobles españoles provenientes de la Varonía Garzo de Quiroga iniciada en torno a los años 1400, o quizá antes aún.

Luego de varias generaciones, hubo un “famoso conquistador del reino de Chile”, nacido en San Juan de Moine, en Galicia, en 1512, don Rodrigo de Quiroga y Camba, que en 1540 compartió el carácter de fundador de Santiago de Chile junto a Pedro de Valvidia. Llegó a ser gobernador y capitán general de Chile entre 1575 y 1580.

Tras nuevas generaciones de criollos, de allí devino Baltazar de Quiroga, soldado en las guerras de la región de Arauco, designado Corregidor de San Juan de Cuyo en 1616 y beneficiario del reparto de tierras en Mendoza realizado el 17 de diciembre de 1604.

Allí, este guerrero y conquistador al servicio de la corona española, desposa a doña Luciana de Mallea y Ascensio, hija del Capitán Juan Eugenio Mallea y de doña Teresa de Ascencio, quien, según escribe el historiador César H. Guerrero, fue “india noble de Huarpe, Señora del Cacicazgo de Angaco, confirmado por el Rey de España con privilegio de nobleza y armas”.

Don Juan Eugenio de Mallea había llegado desde el Perú con el general Martín de Avendaño en 1552, a través de Los Andes, hacia el actual territorio de Chile, con los ejércitos conquistadores en 1570, siendo él uno de los primeros pobladores de las actuales ciudades de Mendoza y de San Juan de la Frontera, donde se convierte en “vecino encomendero”, junto a su jefe, general Juan Jufré.

En San Juan, don Juan Eugenio de Mallea fue “agraciado con la encomienda de indios de Cayampes en 1605, y junto a doña Luciana de Mallea y Ascencio, fue padre de dos hijos.

Uno de ellos, Juan de Quiroga y Mallea, luego alguacil mayor de San Juan, casado con doña Catalina de Vega Sarmiento, hija de don Alonso Sarmiento, encomendero de San Juan, descendiente de Rodrigo de Vega Sarmiento, bautizado en Ocaña, España, en 1513, quien llegó a Chile en 1557, ya casado con doña María de Castro, con quien tuvo 6 hijos.

Entre ellos nació doña Micaela de Vega Sarmiento, quien ya siendo adolescente se casó con Jacinto de Quiroga y Mallea y fue madre de José de Quiroga Sarmiento, nacido en San Juan en 1664, devenido en sargento mayor, teniente de Corregidor y Justicia Mayor de la Ciudad de San Juan de la Frontera en 1725. Fue también “procurador del Cabildo, figurando desde entonces, indistintamente, como José de Quiroga Sarmiento o Sarmiento a secas, usando este apellido en el bautismo de sus hijos” nacidos del matrimonio con doña Elvira de Ugas y Laciar.

Su descendiente, Ignacio Sarmiento y Ugas, “maestro de campo”, fue padre de José Ignacio Sarmiento y Acosta, nacido en San Juan de la Frontera el 28 de marzo de 1748, quien a su tiempo se casó en primeras nupcias con doña Juana Isabel de Funes.

Ambos engendraron a José Clemente Cecilio Sarmiento y Funes, nacido el 21 de noviembre de 1778, quien fue capitán de Milicias en el Ejército de Los Andes y acompañó al general San Martín en su campaña a Chile en 1817, trayendo “después de la batalla de Chacabuco, trescientos prisioneros españoles a San Juan”.

José Clemente ya había contraído matrimonio, el 21 de diciembre de 1802, con doña Paula Albarracín, de cuya unión nacieron 15 hijos, 9 mujeres y 6 varones, de los cuales se conocen solamente el nombre de 13 de ellos.

Faustino Valentín Sarmiento Albarracín nació el 14 de febrero (bautizado Valentín en homenaje al santo de su día) de 1811, en la casa de la Ciudad de San Juan, que fue declarada Monumento Nacional al cumplirse el centenario de su nacimiento.

En “Recuerdos de Provincia”, Domingo Sarmiento destaca que los Albarracín se distinguen, “aún entre la plebe, por los ojos verdes o celestes, y la nariz prominente, afilada y aguda, sin ser aguileña. Tienen la fama de transmitir de generación en generación aptitudes intelectuales que parecen orgánicas, y de que han dado muestras cuatro o cinco generaciones de frailes dominicos…y que terminan en fray Justo Santa María de Oro, obispo de Cuyo”.

José Clemente falleció el 22 de diciembre de 1848. Paula Albarracín Irrázabal, quien había nacido el 27 de junio de 1774, falleció el 22 de noviembre de 1861, el mismo año en que Mendoza fue totalmente destruida por un terremoto.

Fue Paula quien comenzó a llamar Domingo a su hijo Faustino Valentín, en homaneje y a raíz del profundo afecto que sentía por un hermano suyo. Y del mismo modo en que el apellido compuesto Quiroga Sarmiento derivó en Sarmiento, a secas, el nombre de Faustino Valentín, con el tiempo se tornó en Domingo, como forma de apodo familiar del hombre a quien hoy la historia refiere como Domingo Faustino Sarmiento.

Del apellido Sarmiento, la historia o la tradición oral reconoce dos versiones. Una de ellas indica que fue tomado de los sarmientos (las ramas de la vid, la planta arbustiva de la que se produce el vino) durante persecuciones medievales a familias judías que, para sobrevivir, cambiaron sus identidades tomando, en situaciones dramáticas, nombres de elementos que tenían a la vista, práctica de la que surgen apellidos como Manzano, Perales y otros que hoy en España se reconocen de raíz judía.

Otra versión pone al origen del apellido en la lucha por la reconquista de la península ibérica, ocupada por los moros durante 600 años. Según esta historia, que está citada en un libro antiguo de la actual Biblioteca José de San Martín, en la ciudad capital de la provincia de Mendoza, el apellido tiene origen en una batalla ocurrida en el sur de la región de La Mancha, allá por el año 1.200.

Un noble de bajo rango, con propiedades cultivadas con viñedos, tenía su propio y pequeño ejército con el que defendía sus tierras de la vecindad de los moros. En una oportunidad, tendió una trampa a los ocupantes y los atrajo con su ejército hacia el centro de un gran círculo, marcado por una zanja llena de sarmientos secos.

Al ingresar a ese círculo, los moros cayeron en la trampa. Se prendió fuego a los sarmientos secos y con sus llamas altas asustaron a los caballos de los moros y éstos, desconcertados, fueron aniquilados por flechas lanzadas desde fuera del círculo.

La victoria le valió a aquel noble, de apellido Rui, la asignación -por parte de la corona de Castilla- de un título nobiliario de mayor rango, y el agregado del apelativo De Sarmiento, en su identidad aristocrática documentando el ardid que permitió avanzar en la reconquista de la península.

La madre de Domingo Faustino Sarmiento debe su apellido al árabe Al Ben Razin, un jeque sarraceno que dio nombre a una ciudad conquistada en España, derivando luego en el nombre de una familia cristiana, de apellido castellanizado como Albarracín en el siglo XII. Doña Paula viene de una estirpe que declaró la independencia del Califato de Córdoba en el año 1020.

Vale incorporar este detalle porque su historia atraviesa el esplendor del reinado de Adbul Rahman, llamado El Victorioso. Pero luego el reinado de Albarracín sufrió el dominio de los Almorávides o el del Emir de Valencia.

Fue Abdul Rahman quien logró romper ese dominio aliado con los reyezuelos de Murdiviedro, Denia y con el Cid Campeador.
De modo que la estirpe de Sarmiento tiene dos ramas genealógicas de una rica historia que puede rastrearse prácticamente durante 1000 años, o más, de Nuestra Era.

Domingo Sarmiento se casó en Yungay, Chile, el 19 de mayo de 1848 -pocos meses antes del fallecimiento de don José Clemente- con doña Benita Martínez Pastoriza, viuda de Domingo de Castro y Calvo, la madre de Domingo Fidel, más tarde conocido como Dominguito, muerto en la batalla de Curupaytí, en Paraguay, el 22 de setiembre de 1866.

Son estos los detalles menos conocidos de la vida familiar de Domingo Faustino Sarmiento, que humanizan aún más su figura. Sus méritos, sus virtudes y defectos públicos son objeto de decenas de críticas históricas.

El Domingo Sarmiento humano, aquel educador, militar; el político combativo, combatido, y contradictorio a veces, arrastra un perfil genealógico de liderazgos continuos por más de 10 siglos, lo que podría explicar su templanza y sus instintivas búsquedas de conocimientos, o sus flemáticos ejercicios literarios y discursivos.

Sus pasiones e ideas lo llevaron a enfrentarse crudamente con Facundo Quiroga, a la sazón, miembro de su propia familia.
Sus contradicciones tienen raíces tan profundas como la lucha entre dos de las culturas más antiguas de la historia universal, la del catolicismo medieval y la del islam.

Sus convicciones fueron forjadas al influjo de la sangre de dos pueblos conquistadores y guerreros que se funden desde 1600 en el actual territorio argentino con la estirpe de la antigua nación Huarpe, en un apellido hoy presente en la vida argentina a partir de un abanico de tiempo que se extiende por no menos de 400 años.

Allí, en Angaco, departamento del actual territorio de la provincia de San Juan, donde nació hace 400 años Doña Teresa de Ascencio, “india noble de Huarpe, Señora del Cacicazgo de Angaco, confirmado por el Rey de España con privilegio de nobleza y armas”, aún resisten al tiempo algunos eucaliptus plantados por Domingo Faustino Sarmiento.

En 1839, Domingo Faustino llegó a Chile por segunda vez, mientras huía de las persecuciones políticas de su época.

A partir de allí es que inicia otra etapa de vida, como hombre público. Impulsado por su amigo Domingo de Castro y Calvo, se integra a la vida social y política de Chile. Y es designado director general de Escuelas, cargo que lo lleva a estudiar los sistemas educativos de Europa y los Estados Unidos de América.

Estos viajes nutrieron definitivamente su perfil de educador que, luego de la caída de Juan Manuel de Rosas, le permiten ocupar la Dirección General de Escuelas en las provincias de Mendoza y Buenos Aires, las que aún mantienen ese cargo con aquel nombre histórico que actualmente representa la máxima jerarquía educativa con rango de Ministerio.

Cuando Sarmiento llegó a la Presidencia de la Nación, en 1868, advirtió que nadie sabía cuál era el número de habitantes del país. Por esto fue que ordenó realizar el primer Censo Nacional que permitió cuantificar la población en 1 millón y medio de habitantes.

Pero ese censo le mostró, además, que cerca del 75% de los argentinos eran analfabetos.

Y ante la contundencia de esa cifra fue que comenzó a desplegar la construcción de un sistema educativo que aún lleva su sello y convoca a recordarlo, respetuosamente, a 128 años de su paso definitivo al bronce de la historia argentina.

Por Ricardo Sarmiento

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