¿SE VIENE EL FINAL DEL DINERO FÍSICO EN LA ARGENTINA?

En la era de la digitalización, ¿tiene el dinero físico los días contados?
Encontramos países como Suecia y Dinamarca con objetivos claros y con plazos definidos para la eliminación del uso de dinero en efectivo.
Por otro lado, en la Argentina, si bien las ideas de ir a una mayor bancarización van tomando cada vez más fuerza desde el Poder Ejecutivo y el Banco Central, aún se observa un largo camino por recorrer.
Hay quienes creen que en economías con un alto porcentaje de informalidad, es impensable la desaparición del uso masivo de dinero físico y suponen que ese sería un privilegio de las economías desarrolladas. Sin embargo, existen países como Kenia (con menos del 3% del PBI per cápita de Suecia) que desde el 2007 cuenta con un sistema de e-money que domina el mercado. La falta de comunicaciones e infraestructura sirvió como motor de propagación de un sistema de transferencias de dinero virtual vía SMS, denominado M-PESA. En 2011, aunque solo el 5,4% de la población realizó pagos por medios electrónicos, el 60,5% empleó el celular para enviar dinero, lo cual habla de la importancia de este sistema.
También en Filipinas surgieron Smart Money (que asocia el teléfono a una cuenta bancaria transaccional) y G-Cash (teléfono como monedero electrónico), que usan el celular para hacer recargas virtuales, depósitos, transferencias y extracciones. El atractivo para los usuarios radica en costos muy bajos de transacción y un menú de operaciones básicas de fácil uso. Las operaciones realizadas son de montos bajos, pero en el total suman cientos de millones de dólares por día.
En esos países, la alta penetración de celulares en poblaciones no bancarizadas ayudó al desarrollo de estos modelos de negocio, además de un bajo acceso al sector bancario, donde las ciudades más pequeñas o alejadas presentan un alto porcentaje de población sin cobertura de servicios bancarios (sucursales, cajeros, etc).
En este sentido, la Argentina con su vasto territorio evidencia una gran dispersión en cuanto a la infraestructura bancaria, lo que podría ser un impulsor para la propagación de sistemas como el M-PESA, Smart Money o similares.

Solange Finkelsztein es investigadora del Instituto de Economía de la Fundación UADE.