DEL LIBRO LA ARGENTINA POSIBLE – “LA HABILITACIÓN PARA EJERCER UNA PROFESIÓN”

Tema que merece consideración especial es la diferenciación entre el título académico y el título habilitante para ejercer una profesión liberal.
Creo con la opinión generalizada y la práctica llevada a ejecución en todo país que se precia de los controles de calidad y resultados de su sistema educativo, que debe estar a cargo de la Universidad la responsabilidad del otorgamiento del título académico, en cuanto éste se constituye en el testimonio de la acreditación del conocimiento, por parte de quién lo obtiene, de las materias teóricas que hacen al cumplimiento del programa de estudios superiores.
Distinto es el caso de La habilitación para ejercer una profesión, a partir precisamente de la acreditación del título académico, instancia que, al medir La adecuación de la calidad académica con las necesidades prácticas de la sociedad en medio de la cual se va a desempeñar el postulante, debe quedar en manos del Consejo Profesional de cada disciplina, el cual, constituido en tribunal de calificación, es el que otorga el título habilitante.
Cito como ejemplo el caso de los Estados Unidos, en el que la habilitación profesional para ejercer en un determinado Estado debe revalidarse ante el Consejo Profesional correspondiente, en caso de pretender ejercer en otra jurisdicción.
Motivo de debate en nuestros días, paradójicamente, ha sido una propuesta, publicada en estos días, de legisladores argentinos que solicitaban una reformulación del programa de la Facultad de Medicina por considerarlo demasiado riguroso.
O la participación del personal no docente en el gobierno de la Universidad.
Porque, aunque las circunstancias puntuales de la necesidad de sumar plafón de votos a una realidad de descreimiento parezcan obligar a la reedición de una política de facilismos y de “sobadas de lomos” que pretenden adhesiones cuantitativas, reconozcamos sensatamente que quienes con eso predican la defensa de la Universidad pública, con estas ideas la terminan de destruir.
El Rector de una conocida Universidad Argentina dijo hace poco tiempo: “Cuando dentro de unos años, al entrar al quirófano, un paciente quede sometido al criterio y decisión de un cirujano que jamás tuvo un bisturí en la mano, será tarde para discutir sobre la igualdad de oportunidades”.
Después… no nos quejemos.

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