IMPORTACIONES: ¿QUÉ ES LO QUE NO SE ENTIENDE?

Vayamos a los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Según el informe del 24 de agosto sobre intercambio comercial argentino, en siete meses de actividad económica, evidencia un importante sesgo importador en relación con la fuerte caída del consumo interno de un siete por ciento.
Hace ya cuatro meses que se evidencia esta tendencia, porque la recaudación del mercado interno baja y la recaudación de lo que importamos sube. Cuando se analizan los rubros de las importaciones que suben, vemos que son los bienes de consumo: un 20,3% en relación con los primeros meses del 2015. ¿Qué son los bienes de consumo? Son los bienes terminados: ropa, juguetes, celulares, electrodomésticos; y cuando vamos a los bienes intermedios, bienes que utiliza la industria argentina para producir, como la alúmina, el caucho, que no se producen en la Argentina, pero que se utilizan para darles valor agregado, caen un 14 por ciento. Ergo, este plan económico tiene un claro sesgo importador.
Según el Ministerio de Hacienda y Finanzas de la Nación, la recaudación de impuestos ligados a la producción local bajó, en términos reales, un 15%, concretamente el IVA que se cobra en el mercado interno. Ahora bien, el IVA que se paga en aduana por importaciones sube un 12% y los derechos de importación suben otro 20%, siempre por encima de la inflación. ¿Fin de la discusión? Puede ser. Pero hay más.
¿Por qué un proyecto de ley que pide controlar el ingreso de importaciones de bienes de consumo? Para proteger a nuestra industria nacional mientras se controla la aduana.
Cabe destacar que las fronteras han sido un problema histórico, anterior, inclusive, a la constitución de nuestra patria. El Día de la Industria se festeja el 2 de septiembre por haber sido la primera exportación registrada en el año 1587. Fue la carabela San Antonio que partió del riachuelo rumbo a Brasil para llevar harina y tejidos de Santiago del Estero. Tiempo después se descubrió que ese embarque llevaba barras de plata de contrabando, que estaba prohibido por la Real Cédula. No es nuevo el problema que nos aqueja.
Fue el mismo presidente de la Cámara Argentino-China, Carlos Pedro Spadone, quien declaró que el 80% de los bienes de consumo que llegan a la Argentina son contrabando. Es decir, ese 20% de aumento de las importaciones de bienes de consumo no está contabilizando este índice de contrabando. A partir de allí, con un anteproyecto en curso, se nos acusó de hablar por hablar, de irresponsabilidad, de baratos, estúpidos y cavernícolas, que esto se trataba de un nuevo cepo o de reinstalar las afamadas declaraciones juradas anticipadas de importación (DJAI). Sorpresa y cierta desazón.
A los economistas liberales se les informa que no hay cepo ni DJAI. Nuestro espacio jamás impuso ningún cepo y, hasta lo que da la memoria, el corralito fue una extravagante idea neoliberal. Aquí hay licencias no automáticas: canal rojo para todo cargamento sospechado o que contenga bienes de consumo.
Con este proyecto de ley de emergencia aduanera se han puesto en evidencia dos modelos de país. Hoy el mundo no le regala el mercado interno a nadie, porque la gran crisis mundial ancla en la falta de trabajo. Argentina está en condiciones de producir y, entre subsidiar empleo extranjero, la pelea es y será por el trabajo argentino.
Si este modelo económico es atraso de tipo de cambio, renta financiera más favorable que la productiva, apertura de la economía y alto endeudamiento externo, es bueno ser taxativo y decir que todas estas experiencias terminaron mal. Todas. A partir de 1947 y hasta 1976, la tendencia de la pobreza en la Argentina estuvo a la baja y no había indigencia. Hasta el golpe militar de 1976 y el advenimiento de José Alfredo Martínez de Hoz, la pobreza era del 5% y la deuda externa de unos cinco mil millones. En 1983, tras la recuperación de la democracia, el país ya sufría una pobreza del 30% y una deuda externa de unos 47 mil millones de dólares.
Aún padecemos los efectos del modelo de 1976 que no hemos podido o sabido revertir.
Vale recordar que en estos momentos tan sensibles para la economía argentina reconfortan y alertan algunas palabras del doctor Carlos Pellegrini: “El libre cambio mata a la industria naciente. Los que han defendido ciegamente teorías sostenidas en otras partes no se han apercibido que apoyaban intereses contrarios a los suyos. Cuando esta cuestión se discutía en el Parlamento inglés, uno de los ilustrados defensores del libre cambio decía que él quería hacer de la Inglaterra la fábrica del mundo y de la América, la granja de la Inglaterra. Y decía una gran verdad, que en gran parte se ha realizado porque en efecto nosotros somos y seremos por mucho tiempo, si no ponemos remedio al mal, la granja de las grandes naciones manufactureras (…). Yo pregunto, señor Presidente, ¿qué produce hoy la provincia de Buenos Aires, la primera provincia de la república? Triste es decirlo. Sólo produce pasto y toda su riqueza está pendiente de las nubes. El año que ellas nieguen riego a nuestros campos, toda nuestra riqueza habrá desaparecido. Es necesario que en la república se trabaje y se produzca algo más que pasto”. (18/9/1875, Cámara de Diputados).
Ya lo resaltó Pellegrini más claro que el agua. No nos lleven a otro abismo económico. ¿Cambiamos?.

Aldo Pignanelli

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