LOS LOABLES COMENTARIOS DEL SEÑOR BETTS

El señor Betts (Alexander Jacob Betts es un ciudadano argentino nacido en las Islas Malvinas) utiliza una buena expresión, pero de nuestros deseos, muy loable por cierto: (“Gran Bretaña debe iniciar un proceso de retirada…”).

El Reino Unido no hará nada de eso, al menos en el corto plazo, ya que ello sólo puede ocurrir en -décadas mediante- el día que seamos un país en serio (motivo principal de la existencia de la Iniciativa Crux). Algo que nuestros políticos y los medios han ignorado, y que decir de la población.

Se necesitará el apoyo firme de América Latina -que es lograble- con una fuerte acción diplomática en tal sentido. Y en realidad, es todo el subcontinente latinoamericano el que ha sido y es agredido por una injustificable acción colonial: El país que ayudó a liberar medio Continente, es prácticamente el único que no ha logrado reivindicar todo su territorio heredado de España…

Desde las Islas, el RU y la OTAN pueden hacer una presión efectiva para hacer valer sus intereses, ya que toda Europa necesita de las materias primas, petróleo y agua del subcontinente (bajo nuestros piés se encuentra el mayor depósito de agua del Mundo en el Acuífero Guaraní), todos elementos estratégicos de primera magnitud. Y las armas son el respaldo de la diplomacia, aunque no se utilicen, en especial en una mesa de negociaciones. Pero es necesario hacerles entender al RU y a la OTAN que no podrán detentar impunemente las islas por la fuerza, ni dar factibilidad a políticas coloniales que datan de los siglos XVII, XVIII, XIX, XX… y ! XXI !! América no es África.

Llegará el día en que el agua será más vital que el petróleo. Tenemos el reservorio mas grande del planeta bajo nuestros pies: el Acuífero Guaraní. Y que perder el apoyo de esos elementos estratégicos indispensables para su sustentabilidad será mucho mas importante para la vieja Europa y sus pueblos, que detentar las islas por la fuerza. También habrá que convencer a propios y extraños que la verdad de 1982 fue una operación de falsa bandera (como lo explico en “La Trampa”), ya que el agresor es “el primero en amenazar con el uso de la fuerza” (envío del submarino nuclear “Superb” y del Parlamento al enviar la flota) y el hacer uso de la fuerza”, (Envío de l HMS Endurance para expulsar a los obreros argentinos de las Islas Georgias) y (Art. 1 y 2 de la carta de la ONU).

Será necesario dotar a un poder aeroespacial que imponga respeto. Satélites, vectores portadores, aviones de ataque y misiles supersónicos, a los cuales estamos accediendo, una vez que se reconstruya la FAA, ya que su poder putativo, aunque tengamos una política negociadora, y no agresiva, será sumamente costosa de neutralizar, en especial si América Latina se lo propone. Además del poder aeroespacial, con unos pocos submarinos sería suficiente (no necesitaremos portaaviones ni buques de superficie). Brasil y otras naciones serán fundamentales a ese propósito, y Chile deberá recapacitar, ya que históricamente debe a la gesta de San Martín, Belgrano y Güemes su independencia (no a O´Higgins), ni podrán compartir una de las fronteras más largas del mundo con una Argentina hostil y poderosa, a la cual le faltaron en la guerra de 1982, al apoyar el enemigo.

Y no sólo se trata sólo de intereses del Reino Unido: hay que considerar a los de los kelpers, a mi juicio el peor obstáculo, y hacerles entender que ellos han usurpado un territorio que no les pertenece. Según derecho, habría que cobrarles el arrendamiento de las islas a partir de 2 de enero de 1833, más intereses…

Tampoco hay que olvidar que en 1971 logramos la “Declaración Conjunta de Buenos Aires”, al amparo de las resoluciones de las Naciones Unidas. A la FAA se le asignó la responsabilidad de realizar un servicio aéreo a las islas. Se construyó la pista con su esfuerzo, operando aviones anfibios Albatross en la bahía de Stanley y bi-turbohélices Fokker-27 Friendship (Amistad) en la pista de planchas de aluminio, y a LADE la operación de la ruta regular entre Comodoro Rivadavia y Puerto Stanley, luego con aviones F-28 Fellowship (Hermandad), con combinación a otros destinos del orbe. El vuelo inaugural en la pista fue fijado para el día 15 de noviembre de 1972.

Tuve la suerte de realizar ese primer vuelo a la pista de aluminio con un F-27, y muchos otros más tarde, incluso de hacer amigos entre los pobladores. Las peligrosas condiciones de operación dadas por la escasa longitud y ancho de la pista unido a las adversas condiciones climáticas del archipiélago, exigían que se adoptasen todas las precauciones para asegurar el éxito de los vuelos, los que se realizaron durante varios años sin ningún inconveniente.

Pero las intenciones manifestadas por ambas cancillerías por el Memorando de Entedimiento de 1968 y la Declaración Conjunta de Buenos Aires de 1971, materializadas por los vuelos que interconectaban las islas con el resto del Mundo, había afectado ciertos intereses en Londres generando una sorda oposición que pondrían en tela de juicio lo actuado por el Foreign Office y nuestra Cancillería. Ello produjo un efecto letal sobre las relaciones entre ambos países: Los argentinos observamos que en 1982 dos organizaciones de Gran Bretaña actuaban con premeditación negativa en las negociaciones y que sabotearon el esfuerzo para atraer a los isleños: la Royal Navy y la FIC, la empresa colonial que monopolizaba el comercio de la las islas.

Pero tanto esfuerzo resultó inútil. Aparentemente a los argentinos no se les ocurrió recordar estos gestos a la hora de las negociaciones: la operación de falsa bandera británica y la de ser el país agresor en 1982, cuestiones hoy extrañamente dejados de lado.
Tampoco hay que olvidar a los kelpers. Por resultar particularmente esclarecedora para conocer las motivaciones británicas y sus fundamentos, a continuación se transcribe una carta privada manuscrita en el palacio de Buckinham, el 21 de mayo de 1982 (justamente el día del desembarco en San Carlos) por el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, dirigida a un amigo suyo (polista) en Buenos Aires en la cual expresaba:

“…La Sra, Thatcher nunca dijo que ella no negociaría con un dictador, en realidad, se han desarrollado negociaciones de buena fe durante casi dos meses. Sólo puedo asegurar que se reconoce en este país que el presente Gobierno [la Junta Militar] salvó a la Argentina de un gran desastre. También reconocemos que la Argentina ha reclamado soberanía sobre las islas… En 1962 en Argentina nos comprometimos con el nombre de Falklinas!
“…El dilema de los británicos ha sido siempre que los isleños han puesto en claro que ellos no querían relación formal alguna con la Argentina, y naturalmente los gobiernos británicos han sido reticentes en entregarlas contra su voluntad. Durante los últimos 20 ó 30 años Gran Bretaña ha dado la independencia a todos los territorios coloniales ni bien resultó obvio que el pueblo no deseaba seguir bajo el dominio británico. Lo mismo se habría aplicado a las islas (Falkland) si los habitantes así lo hubieran deseado… Desafortunadamente siempre surgió el punto muerto en el rechazo terminante de los isleños a aceptar… y tan pronto como se ejerció alguna presión para que fueran razonables, ellos apelaron a los políticos menos escrupulosos en Londres, acusando al gobierno de organizar una ‘venta’ de ciudadanos británicos a la Argentina.”

Estas líneas ponen de manifiesto donde se encuentra el meollo de la cuestión: se trata de los intereses (no de los deseos) de los kelpers, convenientemente alentados y promovidos por la Royal Navy más la Falkland Islands Company (1981-82), y motorizados por los grupos de presión en Londres quienes, como sabemos, lo hacen para proteger intereses sectoriales, no los del pueblo británico. (Copia del original de la carta manuscrita mencionada, en poder del autor de esta nota).

Es decir que de esta presentación debieran surgir ideas para afirmar políticas para que algún día los archipiélagos, en el mediano plazo, vuelvan a sus verdaderos dueños. Y con ello, la superficie millonaria en Km. cuadrados de los mares adyacentes. Salvo que triunfen la irracionalidad u otros intereses, que es mejor no mencionar.

Rubén Moro

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