INTEGRACIÓN REGIONAL: EL MERCOSUR Y EL PACÍFICO

Gracias a todos y especialmente al doctor Daniel Kiper que es el coordinador de
estas Jornadas de Capacitación y Formación de Dirigentes donde se abordan temas
sociales, políticos, económicos, educativos, culturales y que venimos desarrollando
desde 2011 a la fecha. Una jornada por mes, sin perjuicio de otros cursos.
Si hiciéramos una síntesis de todo lo que hemos abordado, interactuado, podría decir
con sinceridad y satisfacción que en una sala como esta hemos recibido por primera
vez en la historia de la Cámara de Diputados de la Nación a los Qom, que estaban
acampando en la avenida 9 de Julio y avenida de Mayo, frente a la estatua del Quijote.
No los recibía nadie.
Quiere decir que nosotros no nos limitamos a hacer, como dijo Pascual Albanese,
análisis o exámenes abstractos, sino que vamos a los temas cruciales, a los asuntos
sociales. Acá, por ejemplo, hicimos dos Jornadas para recibir a las víctimas de lo que
mal se llama accidentes de tránsito. Todavía hoy está pendiente la lucha por conseguir
que quien maneje embriagado o drogado o en estado impropio y matta o lesiona a
otro, no se considere como que fue un accidente fortuito que produjo víctimas, sino
que haya dolo eventual, de manera que no quede impune la situación que afecta a los
derechos humanos, que vulnera derechos fundamentales como son la vida o la
integridad de las personas. Tenemos este flagelo con 8 mil muertos por año. Si
hacemos la cuenta veremos que estamos hablando de la inmolación de miles y miles
de vidas en estos 30 años de democracia nada más que por este tipo de hechos. A las
familias de estas víctimas se las recibió y se las contuvo en su desesperación, que la
siguen teniendo porque es una asignatura pendiente.
Otra cuestión que abordamos es la de los padres impedidos de contacto, un
drama que no dudo en calificar de social por la gran cantidad de estos penosos casos.
Yendo al tema que nos convocó, Pascual, que es un estratega, un pensador, ha
encuadrado el tema de una manera magistral, porque lo hizo, primero, con gran
síntesis, lo que no es común, y egundo, explicitó el tema con gran sustancia, con gran
contenido. Uno puede hablar poco y no decir nada y hablar mucho también sin decir
nada, y de pronto hablar poco y decir mucho. Por eso, lo que dijo Pascual me exime de
algunas consideraciones sobre el valor del Pacífico, de los océanos. Yo simplemente
quiero decir que la evolución de nuestro planeta desde el Renacimiento a la fecha –
para no irnos a tiempos prehistóricos-, muestra cómo se ha ido produciendo la
traslación del centro, por lo menos desde el punto de vista occidental, que era el
Mediterráneo, y pasó a ser el Atlántico con el descubrimiento de América. El eje
geopolítico y geoeconómico del planeta ahora está en el Pacífico. Quiero ser
moderado y no creer que somos la única realidad del mundo. La realidad está
mostrando por qué no lo somos, porque ahí tienen al Asia, a China, a la India, a los
países del Oriente Lejano. Sin omitir a Japón y Corea, dos potencias.
Entonces, estamos presenciando cómo esa traslación se corrió hacia el Pacífico.
¿Por qué? ¿Qué pasa? Los océanos -lo enseña la geopolítica- no son separadores,
disociadores. Los océanos son el tejido conjuntivo de los pueblos. Porque al existir el
Mediterráneo, pudo existir Fenicia, pudo existir Venecia, Génova y pudo existir el comercio. La grandeza de esos pueblos hace que todavía perduren en la historia, a
pesar de que algunos, como los fenicios, presuntamente han desaparecido, aunque en
realidad sus herederos, los libaneses y los sirios, han mantenido la impronta comercial.
De ahí la situación milagrosa del Líbano, por ejemplo, que tiene guerra, tiene muerte,
tiene confrontaciones facciosas, religiosas y de pronto viene la paz y en seis meses
renace sin inflación con una economía poderosa. ¿Por qué? Porque esa vitalidad del
comercio es la que da la fuerza para poder sobrevivir en una situación incluso hostil.
No quiero seguir desviándome. Cuando hablamos de estos tres pueblos -Fenicia,
Génova y Venecia- y del poderío que alcanzaron, bueno, todos sabemos que son los
que llevaron, a través del comercio,
la civilización por toda la zona, incluso el
mediterráneo africano, es decir, el norte del Africa. Y aquí estamos hablando de algo
importante: que no es encerrándose o aislándose que se logra potencialidad y
prosperidad. Lo enseña la historia.
Cuando se habla de comercio exterior, no se está hablando de una abstracción o
de una cuestión que no le toca a Pedro, Juan o Sancho. No. Es el posible empleo de
Pedro, Juan y Sancho, con un aditamento: el posible empleo bien pago, porque tiene
valor agregado, porque en definitiva quien paga ese alto salario es el comprador,
consumidor extranjero. Por eso que es importante un comercio exterior bien
manejado, con una idea de equilibrio y no que se venda de todo y no se compre nada –
por supuesto, esto no existe- o que se haga un tratado de libre comercio que arrase
con la industria nacional, con el solo fin de decir: miren la libertad de comercio que
tengo. Todo tiene que tener su equilibrio en la vida.
Esto lo digo porque en esta situación del Mercosur y el Pacífico se ha producido
la introducción de otro falso dilema. En la Argentina estamos mal acostumbrados a
meter en los debates falsos dilemas que son neutralizadores de energía y desviadores
de ideas creativas o iniciativas emprendedoras. Por ejemplo, si yo quiero justicia social
y aparece que la opongo al libro y ahí surge el horrible libros o alpargatas, libros no
alpargatas sí. En ese momento histórico nos entreveramos en una cosa estrafalaria y
estéril que, por supuesto, responde a un clima social determinado. Pero nosotros no
nos podemos dejar llevar por un clima social determinado; tenemos la obligación de
sobreponernos a esa falsa disyuntiva y decir: queremos alpargatas con libros,
queremos educación para todos y no que haya una disociación entre educador y
analfabeto, que es una locura. Locura que se produce en determinado momento de la
historia y que es hasta explicable. En ese caso había una explicación de tipo social muy
importante, pero no puede ser que la repitamos cada vez que hay un dilema o un
trance, una situación crucial, una encrucijada para la Argentina.
Ahora, lo dijo muy bien Pascual, ¿cuál es la encrucijada? El Mercosur tiene un
cuarto de siglo y está literalmente atrancado. Entonces, o pasamos a un nuevo ciclo
dinámico, creativo que verdaderamente marche hacia la integración o va a haber
inconvenientes siquiera para poder mantenerlo. El momento bisagra es ahora. Y en ese
momento bisagra aparecen dos posiciones que no deben extremarse ninguna de las
dos y no deben desembocar en un falso dilema de si vamos al Pacifico y
presuntamente entonces vamos a un país desindustrializado o si nos mantenemos en
el Atlántico y preservamos nuestra protegida industria. No es así, de ninguna manera.
Primero de todo, los países del Pacífico que mencionó Pascual, uno de ellos es
industrializado y más que nosotros: México. Entonces, no podemos esquematizar,
simplificar diciendo que los países latinoamericanos del Pacífico son comerciales y por
eso hacen acuerdos de libre comercio, como Chile, que tiene 62 tratados con todo el
mundo, porque como no tienen industria que defender, lo pueden hacer. ¿Y México,
entonces, que es un país industrial? Es un esquema simplificado y falaz. Además, la
idea no es que nosotros vamos a ir atados de pies y manos a un acuerdo con los países
del Pacífico para ir juntos a liberar el comercio mundial.
Todos sabemos que el comercio mundial libre es una quimera y no rige en parte
alguna del mundo, salvo algunos avances notorios que ha tenido la zona de
integración europea y algunos desarrollos que puede haber en la zona
norteamericana, sobre todo Norteamérica y Canadá. Pero los Estados Unidos, Francia y
en general todos los países tienen un alto grado de proteccionismo. Fíjense que
nosotros para conseguir que los limones de Tucumán entren a Estados Unidos, tuvimos
prácticamente que rogarle a Obama en la última visita antes de irse, que por lo
menos resolviera este tema. Cuestión que aún hoy sigue sin concretarse. El
proteccionismo francés es impresionante, para resaltar un caso relevante.
Nadie habla del esquema falso, falaz, engañoso de que si vamos al Pacífico,
vamos al libre comercio y si nos quedamos acá estamos protegiendo nuestro trabajo.
Tenemos que hacer una tarea inteligente que nos permita no solamente proteger
nuestro trabajo sino ensancharlo, darle más horizonte, más empleo a los argentinos.
Cuando Pascual en su exposición pone una nota clave hablando de la reconfiguración
arquitectónica de la Argentina, ¿qué quiere decir? Que nosotros arquitecturamos una
Argentina que empezó de una manera y terminó de otra y que si ahora la queremos
proyectar al nuevo ciclo histórico, la tenemos que reformular, así como ya se reformuló
en el pasado y no para bien, por lo menos no para el bien del todo. Ahora tenemos
que hacer una reformulación para corregir lo que es notorio que se ha producido,
como anómalo, un resultado distorsionador. Una Argentina desequilibrada, dispar.
¿Cómo nace la Argentina? Con tres corrientes: la del Pacífico, la del este y la
continental norte. La corriente del Pacífico se puede vincular con la continental, porque
en definitiva es un desgajamiento de la misma corriente que vino cruzando por
Panamá; los españoles entraron hacia el sur, vinieron al Perú, de Perú fueron a Chile y
de Chile a lo que hoy es la Argentina; y de Perú a lo que es hoy Bolivia y de ahí se fue
formando la Argentina originaria. A esto se le sumó la corriente del este, que es la que
viene navegando buscando –al igual que la que va de Perú hacia Bolivia actual- la
fuente de plata, en definitiva con la mira en Potosí, que era donde estaba la mina de
plata más fabulosa. A Europa había llegado la noticia de que acá estábamos llenos de
plata. Por eso es que la Argentina se llama plata, el país de la plata, argentum.
La corriente más vital no fue la del este, sino que fue la del norte y la de Chile,
que fundó todas las ciudades andinas y todas las ciudades centrales de la Argentina,
que además tenían un poder mucho mayor que Buenos Aires en el siglo 17. ¿Pero
qué ocurre? Alguien lo dijo: en Estados Unidos, el norte le ganó al sur y en la
Argentina, el sur le ganó al norte. El norte era la región de la incipiente
industrialización con trabajadores libres; el sur era el que estaba ligado a la esclavitud
y al trabajo del algodón, a la industria naciente de Gran Bretaña, estaba más
ensamblado o encastrado en la economía de Europa, especialmente la inglesa. El
norte tenía la idea de autosustentarse. Y ganó el norte. En la Argentina en cambio
ganó el sur y el sur era el que estaba vinculado al comercio exterior y a la naciente
manufacturas inglesas; para el sur ganador era una ‘bendición’ cuando llegaba el
barco con los productos ingleses. Los productos ingleses eran la moda y, además, un
gran negocio para los comerciantes. Por eso es que los comerciantes ingleses se
establecieron en Buenos Aires y tuvieron influencia en la política. Ese comercio fue
segando a las artesanías y telares del norte patrio porque no pudieron competir con
las mercancías británicas y para colmo el contrabando fue devastador.
Nuestra tarea estratégica es pensar, prever, hacer pensamiento político, además
de política activa y cotidiana, que no es fácil hacer las dos cosas a la vez. No nos
quedamos en la academia, nosotros vamos al ruedo con alguna idea que surge del
pensamiento para tratar de hacer la convergencia, hacer una política buena de verdad.
De lo contrario, estamos en más de lo mismo. Pensamiento como preludio de la acción.
Acción no con improvisación, sino con estudio previo.
Washington Reyes Abadí, historiador uruguayo y amigo nuestro, decía que hay
que ir a la historia. En la calle del Cristo, hoy Reconquista, había un club inglés que
reunía a los comerciantes ingleses de Buenos Aires, que eran -vuelvo a repetir- los más
influyentes económica y socialmente de aquel tiempo, salvo las peñas sociales como la
de Mariquita Thompson, que obviamente también tenían influencia, lo mismo que la
jabonería de Vieytes. Pero el club inglés tenía un poder indudable y, además, mucha
economía. Por ejemplo, los nombres de todos los miembros de la Primera Junta
pasaron por la elaboración y aprobación del club inglés, salvo uno solo: Cornelio
Saavedra, nacido en Potosí, justamente en la tierra adentro de la Argentina histórica,
siendo el primer residenciado, es decir, el primer político enjuiciado en la Argentina.
No es casual que haya sido así.
La reformulación de la Argentina de cara al futuro requiere volver a las fuentes, a
ese Norte fundador y luego relegado y también hacia el Pacífico, al que le dimos la
espalda.
En 1876 nosotros todavía estábamos con la zanja de Alsina. Porque esto que
estamos hablando es un tema geopolítico y geográfico básicamente. Cuando Pascual
se refería a eso de la reconfiguración, estaba hablando de que hay que volver al país
continental andino, que tiene también su vínculo con el este atlántico y fluvial. No
vamos a entrar ahora en la disyuntiva de decir “me olvido de Buenos Aires, me olvido
de Santa Fe, porque quiero los Andes, quiero el continente. No, no me olvido de nada,
pero hay que reconfigurarlo demográficamente. Ahí es donde viene la política
demográfica que hay que hacer en la Argentina -de la que nadie habla- y el vínculo
con las economías regionales. Una economía regional que empiece a ver que el
Pacífico está más cerca que el Atlántico y que el Pacífico es un desafío al que la
Argentina quiere llegar, porque es la posibilidad de una vitalización real y no sólo por
los beneficios, las promociones, los incentivos fiscales, etcétera, para tener otro
horizonte comercial. Por el Pacífico las economías regionales podrían exportar
reduciendo un tercio sus actuales costos comerciando por el Atlántico. En este plano
es importante que desde cabril esté funcionando nuevamente, luego de diez años de
parálisis, el Transandino del Norte por Socompa que permite usar los puertos de
Antofagasta y Mejillones.U
La Argentina nació del Pacífico y está a sólo 16 kilómetros. ¿En dónde está la
Argentina a 16 kilómetros del pacífico? Allá en el sur, en Río Turbio donde está la mina
carbonífera y no hay frontera andina. Porque los Andes están en el Pacífico – en Paine –
y nosotros nos retiramos en 1890 de Puerto Natales. Esto nadie lo recuerda. La
bandera argentina fue la primera -vamos a decir, del nuevo mundo, porque los
indígenas no tenían bandera, pero vamos a suponer que sí- que se enarboló en Puerto
Natales y el que la enarboló fue el capitán Moyano. ¿Por qué? Porque por el tratado de
1881 entre el presidente Roca con su ministro Bernardo de Irigoyen y el presidente
chileno firmaron y arreglaron que los límites eran las altas cumbres que dividían las
aguas. Y las altas cumbres que dividen las aguas en esa zona están en el Pacífico en
forma de islas. De ahí que nosotros llegábamos al pacífico y de este lado del Pacífico
teníamos soberanía por el tratado. Pero la Argentina benévola, generosa por demás,
firmó el protocolo de 1893 donde se puso la cláusula: Chile en el Pacífico y Argentina
en el Atlántico. De esta manera nos retiramos de esa parte del Pacífico que nos
correspondía.
Cuando llegó el momento de dirimir la cuestión de las tres islas del Beagle-
Picton, Nueva y Lennox -, allá por l974, 1975, 1976 nosotros decíamos que las tres islas
están en el Atlántico, por lo tanto nos corresponden. No hubo caso, las tres islas
quedaron para Chile y no tuvieron ninguna generosidad. Es más, el señor Pinochet
dijo: para la Argentina ni una maceta de tierra. Por lo tanto, tuvimos que aceptar,
aunque yo personalmente luché mucho contra eso.
Volviendo al tema, mientras en 1876 nosotros estábamos con la zanja de Alsina,
tratando de hacer pie en Puán, en Pigüe, en general Lamadrid, o sea, para decirlo de
una manera más genérica, más conocida, en la Sierra de la ventana, para esa fecha
Estados Unidos ya había comprado Alaska.
Ahora, ¿por qué unos señores del este norteamericano -Washington está en el
este norteamericano, así como Buenos Aires está en el este argentino-, 70 años antes
de que nosotros estuviéramos tratando de ver cómo trasladábamos la frontera de
media provincia de Buenos Aires para avanzar un poquito, ellos ya estaban en Alaska.
¿Cuál es la diferencia? La primera gran diferencia -y no quiero extenderme mucho en
esto- es que los hombres del pueblo norteamericano, con un gran emprendimiento,
iban en busca de la nueva frontera, no tanto en Alaska, pero sí en todo el resto, es
decir, todo lo que es Texas, Nuevo México, Arizona, Colorado, California, Oregón. Para
conseguir el objetivo, primero iban los norteamericanos como inmigrantes y después
estos llamaban al ejército norteamericano. Nosotros, en cambio, no tuvimos esa
vocación por la frontera a nivel de los pueblos. Solamente tuvimos el ejército que fue
abriendo la frontera, pero sin el respaldo previo del pueblo argentino, que en vez de ir
hacia la frontera, se replegaba en el este, con una clase dirigente más interesada en
Europa que en la ierra adentro del país.
Brasil, que es nuestro socio estratégico, hizo lo mismo. Nunca ocupó una tierra sin
la previa presencia de los brasileños que habían llegado antes usurpando y
desplazando a los nativos o invadiendo. Hasta el día de hoy lo hacen en la zona
boliviana y en la zona norte del Paraguay, con una vocación por ir a lo que no tienen. A
pesar de todo lo que tienen, ellos están buscando los ríos, las articulaciones
geográficas.
Cuando los norteamericanos se quedaron primero con Florida y luego con Texas
y Nuevo Méjico, hicieron una compra especial. ¿Y saben qué compra le hicieron a
México? Con un cheque por 5 millones de dólares (Alaska la compraron por 8 millones
de dólares) compraron una franja ribereña del golfo de Méjico porque hicieron el
cálculo -y no sé porqué aquí nunca a nadie se le ocurrió hacer política con el mapa a la
vista- de cuál era el tramo más corto para llegar al Pacífico, construir un ferrocarril y así
poder lograr más fácilmente lo que estaban buscando, en vez de hacerlo en la costa
central de los Estados Unidos. Por eso después hicieron lo de Panamá. Porque cuando
consiguieron segregar a Panamá de Colombia, construyeron el canal y resolvieron el
problema. Siempre hicieron geopolítica, incluso hasta el día de hoy. Y geopolítica es
lo que estamos proponiendo cuando decimos Mercosur y Pacífico; ningún dilema,
ninguna “o” sino la “y” copulativa: Mercosur y Pacífico. ¿Qué hay que negociar
mucho? Por supuesto que hay que negociar mucho, que hay que trabajar
intensamente, indudablemente.
Lo último que quiero decir es acerca del muy bien recordatorio que hizo Pascual
respecto de una frase de Perón, sobre todo cuando tuvo la luminosa idea del ABC que,
entre paréntesis, fracasó porque le hicieron la vida imposible a los presidentes Ibáñez
y Getulio Vargas. A ellos le hicieron la vida absolutamente insoportable, irrespirable.
Porque, en definitiva, lo que se firmó fue la confederación, la idea de marchar hacia
una confederación política. Pero esto tiene raíces históricas. Cuando el conde de
Floridablanca y otros consejeros del rey Carlos III aconsejaron contener el avance
portugués en América del Sur creando un gran virreinato nuevo desgajándolo de Perú,
en el mapa -porque trabajaron con un mapa- incluyeron el carácter bioceánico. Pero
además, la primera intención fue que la Capitanía de Chile, que era autónoma
respecto del virreinato de Lima, se incorporara directamente al virreinato nuevo del Río
de la Plata, que en todo caso se podría haber llamado Virreinato del sur, para darle una
connotación más amplia, porque Río de la Plata lo constriñe mucho. Por eso cuando se
declara la independencia no se habla de las Provincias Unidas del Río de la Plata sino
de América del Sur. Esta es una genialidad geopolítica de los que declararon la
independencia hace 200 años, de la cual tenemos que asirnos porque fue una gran
visión. No dijeron que declaraban la independencia de las Provincias Unidas del Río de
la Plata sino de las Provincias Unidas de América del Sur.
Ahora, cuando la Capitanía ya estaba casi adentro del virreinato, viajaron
rápidamente a Madrid los vascos, los comerciantes chilenos a decir que no; hicieron
lobby y consiguieron que el rey los dejara afuera del virreinato. Pero no los dejó afuera
del virreinato sin dejarnos a nosotros el Pacífico. Porque nos dejó el Pacífico al norte,
en Antofagasta, y nos dejó el pacífico al sur del río Biobio. La dejó encapsulado a la
capitanía.
Por último, fíjense una paradoja. El otro día vi por televisión que el periodista
Markevic -que trabaja en un
buen programa denominado “En el Camino”-
entrevistaba al profesor Lazzari, quien en un momento dado dijo que desde ese
tiempo al día de hoy lo que hizo San Martín en el cruce de los Andes -que en febrero
de 2017 se cumplen 200 años-, fue la operación más grande de la historia. No la hubo
en Norteamérica. Y la paradoja, entonces, está en que en Norteamérica no hubo un
movimiento militar tan memorable, apenas hubo la llegada de unos colonos, que
después fueron avanzando ensanchando el territorio y traqzando los ferrocarriles y
arrebataron medio México, pero no hubo ninguna epopeya fundamental, salvo la
guerra contra Mxjico en 1845. San Martín cruzó los Andes y no consiguió siquiera un
acuerdo de confederación. Puede ser que San Martín sabía muy bien donde estaba
parado y no se quiso meter. Bueno, yo sé lo qué pasó o creo saber. San Martín nunca
tuvo respaldo de Buenos Airespara hacer eso. Entonces, ahí viene la clave. Si en el este,
acá en Buenos Aires, le decían: usted vaya allá y el Pacífico adentro, pero no adentro
nuestro sino adentro para el conjunto, que eso es lo que hay que entender.
Seguramente San Martín respaldado políticamente habría obrado distinto. Pero
dejemos la ucronía para otro día.
Alguna vez se lo dije a los hermanos orientales uruguayos en una conferencia que di
en Montevideo: la Argentina perdió a Uruguay, pero, ojo, entiéndanlo bien, Uruguay
perdió a la Argentina. Entonces, hay que verlo desde los dos costados. Este es, como
bien dijo Kiper en la presentación, el sueño de la patria grande bajo otra forma, la
patria grande moderna, la patria grande que tenga un horizonte ensanchado para los
pueblos, más trabajo para los argentinos, más trabajo para los sudamericanos, más
valor agregado, más intercambio, más conexión, menos conflicto y más soluciones. En
definitiva, es pensar lo mismo que supongo dicen todos los políticos, como nosotros:
que queremos lograr la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación en el sentido
más amplio del término y por la vía de no omitir una de las primeras políticas que es la
exterior.
Cuando ustedes vean que en un espacio político no se habla ni jota de política
exterior, malicien -como dicen en el campo- de que ahí no están bien rumbeados.
Quien no entienda que los modelos – sobre todo en este tiempo, pero en todos los
tiempos- tienen también que contemplar la realidad regional y mundial para poder ir
acomodando los melones en el carro, no comprende que la política exterior, aunque
sea más abstracta, más lejana, es un instrumento fundamental para asegurar eso que
estamos diciendo reiteradamente: el trabajo de la gente. Por ejemplo, nosotros ahora –
y lo digo para que no se piense que nos olvidamos del título de esta Jornada- tenemos
que ir al Pacífico, pero con una plataforma marítima ensanchada en el Atlántico. Es
decir que todavía tenemos para desplegar poderío en una parte asegurando a esta
plataforma que yo llamo “Pampa Mojada”. Porque esta plataforma finalmente es de
América del Sur. Y por esa vía, incluso, vamos a recuperar las Malvinas. ¿Por qué?
Porque en la medida que se fortalezca, se integre la Región, las Malvinas naturalmente
van a terminar reintegrándose. Es el camino más indirecto, pero el más cierto para
conseguir el objetivo.
De manera que nosotros somos muy partidarios del diálogo que se estableció
con el Pacífico, que la Argentina sea observadora en la Alianza del Pacífico. No
creemos, para nada, que sea la solución inmediata de todos los problemas; tampoco
creemos que haya que descuidar ningún interés nacional. Todo lo contrario. El interés
nacional guiado, examinado y estudiado nos permite comprender que en el Pacífico
tenemos perspectivas de más actividad, de más comercio, de llevar más y mejores
productos con valor agregado nuestro. Y es ahí donde tendremos que saber negociar.
Si los chinos dicen que quieren la soja, pero no quieren que le elaboren ni un gramo de
esa soja, no quiere saber para nada que le manden aceite, bueno, nosotros tenemos
que decirle: mire, señor, si usted se maneja de esa manera vamos a tener problemas. Si
mi retaguardia no la tengo bien asegurada, estoy a merced de los intereses de los
otros. Ahí radica una de las claves virtuosas de la integración sudamericana: nos
fortalece y potencia.
Termino con esto. Si yo necesito que ellos me manden yuanes para equilibrar las
cuentas, ellos después ponen condiciones. Si tengo 350 mil millones de dólares y nada
más que la mitad -por decir algo- confía en el país y retorna, amengua o desaparece la
necesidad de yuanes chinos, puedo ir a hablar con los chinos en otros términos. Así
que depende de nosotros, amigos. Si queremos otro país, depende de nosotros- Por
supuesto de la dirigencia que engendremos. Porque si engendramos dirigentes que
están en otra cosa, nunca va a haber soluciones. Si engendramos dirigentes que tienen
ideas viejas o anteojeras, tampoco va a haber soluciones. Lo contrario es engendrar
dirigentes que tengan otras perspectivas, otras miradas, otros alcances y que generen
confianza, porque esto es como un ida y vuelta, lo que generamos bueno, vuelve
bueno al seno del pueblo y el pueblo le devuelve bondad y confianza. Y en ese juego
de confianza, la Argentina se potencia, porque tiene todas las condiciones para, con un
buen rumbo, conseguir objetivos muy grandes.

Alberto Emilio Asseff

1 Comment on "INTEGRACIÓN REGIONAL: EL MERCOSUR Y EL PACÍFICO"

  1. a partir de la palabra PACIFICO,son hermosas palabras sin un adjunto TECNICO que de pie al necesario dialogo

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