¿Y SI TRUMP LLEGA A LA CASA BLANCA?

Imaginar los primeros días como presidenta de Hillary Clinton es un ejercicio sencillo. Su actuación política durante los dos mandatos de su esposo, Bill Clinton, luego como senadora y como secretaria de Estado, y la plataforma electoral demócrata son indicadores claros. En el caso de Donald J. Trump, todo aparece más vago e improbable. Pero la agenda de cambio que le permitió arrasar en las primarias republicanas sigue ahí, representa a las bases más conservadoras y conviene tomarla en serio.
La raíz del descontento que cosechó Trump tiene básicamente dos caras: una económica (desigualdad, bajos salarios, deudas y pérdida de los empleos tradicionales) y otra social (la mayoría blanca en retroceso y cargada de nostalgias nacionalistas, aislacionismo frente a la globalización, xenofobia).
Trump podría dar rápidas respuestas a eso. En el ámbito internacional, podría revertir el apoyo de Barack Obama al último Acuerdo de París sobre Cambio Climático; alterar las alianzas en Medio Oriente y acercarse a Rusia. Otras promesas resonantes podrían cumplirse sin la intervención inmediata del Congreso ni bloqueo judicial a corto plazo, como anular la política migratoria de Obama, impedir el ingreso de ciudadanos de países de mayoría musulmana, iniciar deportaciones masivas de indocumentados y levantar un muro frente a México.
En cuestiones económicas, podría retirar al país del Tratado del Trans Pacífico (TTP), revisar el NAFTA y declarar la guerra comercial a China; rebajar impuestos a los ingresos más altos y congelar el salario mínimo federal (U$S 7,25/ hora).
Claro que la democracia estadounidense tiene contrapesos institucionales ante una ofensiva presidencial. Sin el Congreso, sería inviable rebajar impuestos a los ricos o anular la reforma sanitaria (la ley Obamacare). Pero los republicanos, que desde 2011 bloquean cada iniciativa de Obama, tienen muchas posibilidades de retener el control de una o las dos cámaras.
Queda la Corte Suprema. Pero es la que mejor resume las implicancias históricas de una eventual Administración Trump. La muerte del juez Antonin Scalia la dejó dividida: cuatro progresistas y cuatro conservadores. Varias reformas, como la migratoria, esperan una confirmación de la Corte. Trump podría cubrir la vacante con un conservador y asegurar una restauración.
Para los escépticos, un dato final: en el último siglo, los investigadores constataron que los presidentes estadounidenses cumplen al menos tres cuartas partes de sus promesas de campaña. Obama siguió esa tradición. ¿Por qué no habría de hacerlo Trump si entrara a la Casa Blanca?

Jorge Argüello (Clarín)

Ex Embajador

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